sábado, 24 de enero de 2015

Las casas de muñecas

Existen muchas cosas que pueden trasladarnos al siglo XIX y una de ellas son las casitas de muñecas. ¿Qué niño o niña no ha soñado alguna vez con una?


Hace algunos meses que seguimos el blog de Pedrete Trigos, un gran miniaturista sevillano que recrea con suma delicadeza y exquisitez los diferentes ambientes decimonónicos. Os recomendamos seguir su blog y deleitaros con las obras de este grandísimo artesano.  


Así que conociendo su obra y admirándola, le hemos pedido que nos hable más de las casas de muñecas y nos sumerja en este mundo de la miniatura refinada.

¿De dónde viene este gusto por las casas de muñecas y dónde aparecieron? A pesar de que los historiadores nunca han demostrado demasiado interés por los niños, sus vidas y sus juguetes, sabemos que la historia de las casas de muñecas comienza en la Alemania del siglo XVI y en los Países Bajos durante el siglo siguiente. Las casas de muñecas inglesas hicieron su aparición a principios del siglo XVIII y las norteamericanas a finales del mismo siglo. En el siglo XIX se generalizaron entre las familias aristocráticas y burguesas y no había un niño bien que no tuviera en su sala de juegos un hogar en miniatura.


 ¿Por qué nos atraen tanto las casitas de muñecas? La explicación es bien sencilla: además de recrear a nivel minúsculo todo aquello que conocemos, existe un placer reconfortante y sin igual en buscar, comprar y organizar el contenido de una casa de muñecas. Los objetos en miniatura han proporcionado gran placer a los hombres a lo largo de toda su historia y de hecho, muchos coleccionistas de casas de muñecas poseen el deseo de crear un ambiente hogareño, feliz y seguro en miniatura.
 
La mejor forma de comenzar una colección de miniaturas consiste en encontrar una casa de muñecas interesante, ya sea antigua o de reciente fabricación, que merezca la pena decorar. Las casas de muñecas seducen a mucha gente por varias razones; la atracción de la miniatura en sí, la nostalgia de la casa de muñecas que un día (o nunca) se tuvo, la admiración por la habilidad de un artesano o la necesidad de crear algo bello, pero para la mayoría de la gente es la magia de un mundo de evasión. Los coleccionistas pueden tener una casa de campo de estilo Tudor, una réplica de su propia casa, una tienda, un colegio, una iglesia o una taberna. El escenario puede ser una vitrina, una casita o un cajón. En ese mundo en miniatura no se pagan impuestos, alquiler o hipoteca. Puede haber cocinas llenas de criados que no cobran nada y apetitosas comidas que no huelen y no se estropean. En realidad, nadie tiene que cargar cubos de carbón o fregar el suelo.


Aunque algunos puristas no permiten intrusos en sus habitaciones, casi todos los coleccionistas modernos procuran mostrar actividad; la familia come, juega, duerme, recibe visitas y tiene aficiones. Los criados se ven atareados, y todas las figuras desprenden vida y humor. Puede haber invitados para la cena, riñas en el cuarto de jugar, accidentes de cocina e intrigas amorosas. Se pueden crear buenos escenarios, pero las "personas" reales son esenciales. Con ellas se pueden tener familias específicas, gente famosa, y una gran variedad de personajes identificables; la institutriz, el maestro de escuela, el médico, el ama de llaves, el granjeo, el buhonero, la modista, el tendero, el tabernero y muchos más.


 Antes de vestir sus muñecos, uno debe elegir una fecha aproximada para su casa. Si su arquitectura es de estilo barroco o victoriano, sus muebles y habitantes deben ser todos de la misma época. La casa puede decorarse por ejemplo al estilo victoriano, y todo lo que sea de un estilo anterior serán antigüedades. El estilo del vestuario de la señora de la casa marcará la fecha límite, y no deberá haber absolutamente nada en la casa que sea posterior a él. Esto incluye el mobiliario, los aparatos de cocina y domésticos, las telas y los empapelados, las alfombras, la iluminación, los cuadros, los adornos, los libros y los juguetes de los niños.


¿No os han entrado aún más ganas de haceros liliputienses y poder disfrutar de todos estos detalles? ¡A nosotros desde luego que sí!

P.D. Queremos agradecer a Pedrete Trigos que nos mostrase este mundo y nos hablara de las casas de muñecas. ¡Gracias, artista!.

martes, 13 de enero de 2015

Cómics decimonónicos

¿Quién dijo que los cómics sólo recogían las historias de los superhéroes, de aquellos que tenían poderes especiales o fueran agentes de la T.I.A.? Muchas editoriales están apostando ahora por adaptar clásicos decimonónicos a viñetas y volver actuales aquellas novelas que nunca han pasado de moda.
 
Comenzamos por Marvel, la reconocidísima firma de tebeos, que ha querido captar al sector femenino que se alejaba de sus estanterías publicando clásicos ilustrados.
 
El primero ha sido "Orgullo y Prejuicio" (2013), una adaptación de la novela de Jane Austen. Es difícil adaptar historias de época a un cómic y por eso quizá nos puedan parecer las ilustraciones muy modernas al concepto clásico que tenemos de los personajes de estas novelas.
 
 
A la historia de Lizzy y Darcy le han seguido las adaptaciones de "Emma" y "Sentido y sensibilidad" (2014), también de Panini Cómics de Clásicos Ilustrados Marvel y basadas ambas en las novelas de Jane Austen.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Por otro lado, también en el 2014, la editorial Impedimenta adaptó de la mano de Christophe Gaultier "El fantasma de la ópera" al cómic con una edición cuidada y detallista aunque los nombres de los protagonistas de la novela de Gaston Leroux hayan sido modificados.
 
 
Gracias a nuestros amigos de Arte XIX que nos han dejado la recomendación, también podemos anunciar que la terrible historia de Oscar Wilde "El retrato de Dorian Gray" ha encontrado su hueco en la ilustración de manos de Enrique Corominas (Diábolo Ediciones, 2012). Por este álbum, el catalán ha recibido el premio de la Crítica al mejor dibujante nacional, que no es poco.




















Por último, y aunque como tal no es un clásico adaptado al cómic, queremos hablaros de otra puesta en escena, arriesgada pero prodigiosa de manos de EDT (Editores de Tebeos). Desde Anacrónicos seguimos su blog y os animamos a que leais también a estos artistas valencianos porque son muy entretenidos y tienen mucho que aportar. Son Carmen Pardo y David Belmonte que juntos han creado la historia de "1840. La rosa secreta", una historia original ambientada en el Londres victoriano. El tebeo nos introduce en un misterio que nos arrastra a no poder dejar de leer.
 
 
De momento sólo han editado el primer volumen (de tres) pero esperamos que el misterio poco a poco se resuelva y el rostro del malvado Walter Flag lo conozcamos pronto.
 
 

sábado, 3 de enero de 2015

Harrod's: ese gran emporio del siglo XIX que pervive hasta nuestros días

Harrod's fue uno de los primeros grandes almacenes surgidos en el siglo XIX y uno de los más importantes de la época. Surgió en base a una pequeña tienda de ultramarinos situada en el Oeste de Londres (se trataba de una serie de almacenes individuales unidos entre sí en Brompton Road) y que Charles Digby Harrod heredó de su padre.

Gracias al empujón de la Gran Exposición de 1851, el comercio de calidad se trasladó a la zona de West End, dónde se ubicaba dicho almacén. Por ello ya en 1868 empleaba a 5 vendedores y tenía una facturación semanal de 1.000 libras, y en 1880 a 100. Cuando en 1889 se creó la Sociedad Anónima contaba ya con 140.000 libras esterlinas.
 
 

Harrod´s fue además uno de los primeros almacenes que abogó por los derechos de sus trabajadores, sobre todo tras la contratación de Richard Burdidge quien, estableció una jornada laboral de 7 horas con un descanso semanal los jueves a partir de las cuatro de la tarde. Hasta entonces las jornadas laborales se alargaban de lunes a domingo de 6/8 de la mañana (dependiendo del lugar) hasta las 10 de la noche, a excepción de los sábados en los que la jornada se alargaba hasta medianoche (horarios de los trabajadores de mercerías). Todo ello incluso antes de que en torno a 1894 se aprobara en el Parlamento la “Ley sobre horas de trabajo en los almacenes”, por la cual se prohibía el empleo de jóvenes más allá de 74 horas por semana.

No fue únicamente precursor en cuestiones laborales si no también en otros aspectos como la instalación de escaparates hacia la calle alumbrados con luz de gas que dejaban encendidos toda la noche y en 1898 instaló una escalera eléctrica a la vez que cajas registradoras, luz eléctrica…
 
 

A pesar de todo su éxito, el señor Harrod era poco dado a la publicidad; había puesto anuncios en prensa, había repartido octavillas y en 1870 había impreso su primer catálogo pero siempre se negó con rotundidad a anunciar su almacén con hombres-sandwich o pregoneros.

Sin embargo, su éxito pronto le derivó a un gran problema, la expansión. Ya que la desmesurada urbanización le había reducido las posibilidades de comprar los terrenos adyacentes para expandirse por lo que opto por hacerlo a lo alto, así en 1873 añadió dos pisos más a la estructura original (de esta forma evitaba también el aumento de los impuestos).
 

Ofrecía productos de buena calidad que atraían a gente acomodada, además cada producto venía etiquetado con un precio fijo y si no satisfacía al cliente se le reembolsaba el dinero o se le cambiaba el producto. Por otra parte vendía entre un 15 y un 20 % más barato que los pequeños comercios y cada determinado tiempo hacían saldos (duraban entre cuatro y seis semanas) para deshacerse de los stocks. Incluso llegó a establecer un sistema de crédito para gente de confianza. Además, todo aquello que se compraba en los almacenes era enviado a la casa del comprador al día siguiente.
 

Dichos productos se colocaban en estanterías a las que el cliente tenía acceso por lo que, el vendedor ya no iba al cliente, el cliente iba al vendedor cuando tenía una duda.

En el catálogo de 1895 contaba ya con más de 75 secciones desde los primigenios ultramarinos al salón de peluquería, pasando por el alquiler de coches o la oficina de empleados del hogar.


Fuente: CHARLOT, M./ MARX, C. (Dir). : “ Londres 1851-1901”. La era victoriana o el triunfo de las desigualdades”. Editorial: Alianza.