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sábado, 3 de enero de 2015

Harrod's: ese gran emporio del siglo XIX que pervive hasta nuestros días

Harrod's fue uno de los primeros grandes almacenes surgidos en el siglo XIX y uno de los más importantes de la época. Surgió en base a una pequeña tienda de ultramarinos situada en el Oeste de Londres (se trataba de una serie de almacenes individuales unidos entre sí en Brompton Road) y que Charles Digby Harrod heredó de su padre.

Gracias al empujón de la Gran Exposición de 1851, el comercio de calidad se trasladó a la zona de West End, dónde se ubicaba dicho almacén. Por ello ya en 1868 empleaba a 5 vendedores y tenía una facturación semanal de 1.000 libras, y en 1880 a 100. Cuando en 1889 se creó la Sociedad Anónima contaba ya con 140.000 libras esterlinas.
 
 

Harrod´s fue además uno de los primeros almacenes que abogó por los derechos de sus trabajadores, sobre todo tras la contratación de Richard Burdidge quien, estableció una jornada laboral de 7 horas con un descanso semanal los jueves a partir de las cuatro de la tarde. Hasta entonces las jornadas laborales se alargaban de lunes a domingo de 6/8 de la mañana (dependiendo del lugar) hasta las 10 de la noche, a excepción de los sábados en los que la jornada se alargaba hasta medianoche (horarios de los trabajadores de mercerías). Todo ello incluso antes de que en torno a 1894 se aprobara en el Parlamento la “Ley sobre horas de trabajo en los almacenes”, por la cual se prohibía el empleo de jóvenes más allá de 74 horas por semana.

No fue únicamente precursor en cuestiones laborales si no también en otros aspectos como la instalación de escaparates hacia la calle alumbrados con luz de gas que dejaban encendidos toda la noche y en 1898 instaló una escalera eléctrica a la vez que cajas registradoras, luz eléctrica…
 
 

A pesar de todo su éxito, el señor Harrod era poco dado a la publicidad; había puesto anuncios en prensa, había repartido octavillas y en 1870 había impreso su primer catálogo pero siempre se negó con rotundidad a anunciar su almacén con hombres-sandwich o pregoneros.

Sin embargo, su éxito pronto le derivó a un gran problema, la expansión. Ya que la desmesurada urbanización le había reducido las posibilidades de comprar los terrenos adyacentes para expandirse por lo que opto por hacerlo a lo alto, así en 1873 añadió dos pisos más a la estructura original (de esta forma evitaba también el aumento de los impuestos).
 

Ofrecía productos de buena calidad que atraían a gente acomodada, además cada producto venía etiquetado con un precio fijo y si no satisfacía al cliente se le reembolsaba el dinero o se le cambiaba el producto. Por otra parte vendía entre un 15 y un 20 % más barato que los pequeños comercios y cada determinado tiempo hacían saldos (duraban entre cuatro y seis semanas) para deshacerse de los stocks. Incluso llegó a establecer un sistema de crédito para gente de confianza. Además, todo aquello que se compraba en los almacenes era enviado a la casa del comprador al día siguiente.
 

Dichos productos se colocaban en estanterías a las que el cliente tenía acceso por lo que, el vendedor ya no iba al cliente, el cliente iba al vendedor cuando tenía una duda.

En el catálogo de 1895 contaba ya con más de 75 secciones desde los primigenios ultramarinos al salón de peluquería, pasando por el alquiler de coches o la oficina de empleados del hogar.


Fuente: CHARLOT, M./ MARX, C. (Dir). : “ Londres 1851-1901”. La era victoriana o el triunfo de las desigualdades”. Editorial: Alianza.

miércoles, 25 de septiembre de 2013

El anillo subastado de Jane Austen

Las subastas están de moda. Si hace unos meses os anunciábamos que había salido al mercado de antigüedades el anillo de compromiso que Napoleón Bonaparte le había regalado en 1796 a Josefina, hoy os anunciamos la historia de un anillo subastado que había pertenecido a Jane Austen, la autora de novelas inolvidables como "Orgullo y prejuicio", "Sentido y sensibilidad" o "Emma".

 
El anillo de oro, con una inserción de turquesa, con una estimación de 170.000 euros, fue vendido en Sotheby's por más de 200.000 dólares en Dublín en el 2012, adquiriéndolo la cantante estadounidense Kelly Clarkson.
 
Se desconoce la verdadera historia de este anillo, si bien es verdad que una de las versiones que circula en torno a él es que fue un regalo que le hizo el joven irlandés Tom Lefroy, quien estaba enamorado de la escritora británica. No obstante, en ninguna de sus cartas (Misivas publicadas por la Editorial D'Epoca ) menciona la sortija, por lo que  podría haber sido regalo de su hermano mayor Henry. Lo que sí es seguro es que después de la muerte de la novelista, lo heredó su hermana Cassandra, quien se lo regaló a la prometida de Thomas Austen, Eleanor, que a su vez se lo regaló a su sobrina Jane acompañado de una nota que decía:

"Este anillo perteneció a tu tía Jane. Después tu tía Cassandra me lo regaló, cuando ella se enteró de mi compromiso con tu tío y ahora yo te lo confío a ti. Que Dios te bendiga."
La nota también fue subastada.


Un año después de esta adquisición, el anillo ha vuelto a salir en subasta en septiembre del 2013. El museo de Jane Austen, en el condado de Hampshire ha conseguido hacerse con la pieza gracias a una colecta popular. La casa museo de Chawton, donde vivió la escritora los últimos ocho años de su vida y donde escribió sus seis novelas, ha conseguido reunir las 150.000 libras (170.000 euros) para adquirir el anillo mediante el crowdfunding. Gracias a estas donaciones particulares ha conseguido comprarle en anillo a Kelly Clarkson y ya prepara su exposición pública.


Es muy raro que salgan objetos personales de la autora de "Orgullo y prejuicio", de ahí que el museo lo quisiera a toda costa y que el gobierno británico lo considerara inexportable para que se quedara en el país. La cantante Kelly Clarkson se ha mostrado contenta de que la joya se quede en Inglaterra y que pueda ser contemplado por los admiradores de la escritora. Por otro lado, el museo cuenta con otras dos joyas de Jane Austen: un brazalete de turquesas y una cruz de topacio.