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lunes, 22 de abril de 2019

Exposición "El gabinete de descanso de Sus Majestades" en el Museo del Prado

El Museo del Prado debe su inauguración a Fernando VII y este año que se celebra el bicentenario de apertura de la pinacoteca (1819-2019) se ha querido recuperar, a modo de recreación histórica, cómo era el llamado "gabinete de descanso de Sus Majestades". En una de las salas del museo colgaron, desde 1828 un total de 44 cuadros, muchos de los cuales se han recuperado para escenificar cómo era esa salita hace 200 años. Además y como mayor reclamo (turístico deberíamos decir), la pequeña estancia anexa que hasta hace poco servía de diminuto pasillo intercomunicador de salas, se ha recuperado para el uso que tenía: la de higiene personal del monarca con un retrete cuyas vistas daban al Jardín Botánico. Ha regresado pues, ese inodoro (en préstamo en el Museo del Romanticismo) para ubicarse en el mismo lugar en el que originariamente se encontraba en 1830, creado por Ángel Maeso y cuyo carácter privado se mantuvo hasta 1865.



Se trata además del único mueble de la época que se conserva. Esta reconstrucción, por tanto, tanto del gabinete como del aseo de su majestad, puede considerarse fidedigna. De este modo, la muestra comisariada por Pedro J.Martínez Plaza (conservador del área de pintura del s. XIX) nos invita a reflexionar sobre el origen mismo de la institución vinculada de forma inherente a la corona  y cubriendo las pinturas los diferentes muros con ese "horror vacui" tan característica de los museos decimonónicos. 

La sala se creó en 1828 para el descanso del monarca Fernando VII y sus familares y estaba decorada con retratos reales. Su carácter restringido lo hizo invisible para el público hasta que hoy en día, gracias al bicentenario, se recupera para ser visto por la sociedad. 

La exposición estará abierta hasta el 24 de noviembre del 2019. 

martes, 15 de octubre de 2013

El aseo a finales del siglo XIX

Desde el 15 de Octubre de 2013 al 12 de enero de 2014 hubo una exposición muy coqueta y pequeña en el Museo Cerralbo de Madrid titulada "Toilette, la higiene a finales del siglo XIX". Las piezas expuestas y su discurso museográfico nos ofrecían las pautas de cómo era el aseo a finales del 1800. Cecilia Casas, comisaria de la exposición nos invitaba a conocer más de aquella época.

El aseo personal y la cosmética no es emporio del siglo XIX pero sí que se desarrolló considerablemente en comparación con las épocas anteriores. La centuria de 1800 es un momento histórico en el que la imagen personal comienza a adquirir un protagonismo ineludible creándose los primeros interiores domésticos consagrados a la toilette.
 
Esta palabra francesa significa en español y ya desde el siglo XIX, aseo personal, belleza y discreción o arreglo en el aspecto físico, sustituyendo a los antiguos y tradicionales términos de aderezo o compostura. El término toilette también designa, paralelamente a su progresiva aparición en los espacios domésticos, nuevas estancias como la sala de baño o el área de retrete o excusado.


Los cambios en la infraestructura urbana, en los interiores domésticos y en el mobiliario de aseo se suceden vertiginosamente desde mediados del siglo XIX. A finales de 1800 aparecen además las primeras marcas comerciales cosméticas, los salones de belleza y peluquerías y comienza a democratizarse el concepto de moda y estilo. En cuanto a los accesorios de higiene y belleza, marcas punteras de la época son Gal, Floralia, Dorin, L.T. Piver o Houbigant así como las grandes casas de La Toja, Pears Soap o Jacob Delafon. A pesar de la incipiente irrupción en el mercado de las marcas cosméticas pioneras en el último tercio del siglo XIX, según se desprende de los recetarios y manuales de belleza de la época, lo normal era que las mujeres fabricasen ellas mismas sus lociones para la higiene facial y corporal, cremas hidratantes o nutritivas, e incluso el maquillaje, como polvos o el conocido como carmín o rouge, y almacenadas convenientemente en botes. Posteriormente, las empresas cosméticas fueron adquiriendo entidad, aparecieron la publicidad y la imagen corporativa. Las preparaciones de venta directa ganaron en calidad y atractivo para el público comercializándose entonces en droguerías y farmacias las primeras marcas cosméticas nacionales y extranjeras.

 
 El aseo, por lo general y hasta finales del siglo XIX, estaba en el dormitorio A pesar de que una vivienda aristocrática contara con agua corriente, ésta no solía llegar a las habitaciones, en las que se llevaba a cabo el aseo esencial mediante el uso del jarro y el aguamanil. En el caso de los caballeros, el escrupuloso afeitado era básico en la higiene masculina y origen de todo un ritual y parafernalia.


En cuanto a los accesorios de higiene y belleza varonil podemos hallar cepillos de dientes, navajas y tenacillas para el bigote con el que potenciaban o modificaban sus gracias naturales. El vello facial, a dentadura y las uñas estaban entre lo más cuidado del aspecto de un caballero. El cabello masculino, como el femenino, contaba con cepillos y peines que en caso de personas adineradas podían llevar inscritos sus iniciales como éstos con una "M" y una "C" correspondientes al Marqués de Cerralbo.
 
 
El aceite de macasar lo utilizaban tanto los caballeros como las damas adineradas para su cabello. Era un producto que se asemeja a la actual gomina y que servía para protegerlo del uso y abuso de las tenacillas y mantenía el peinado entre lavado y lavado que se producía cada dos semanas aproximadamente. De hecho, el uso de este aceite provocó la aparición de tapetes de ganchillo en el lomo de los sofás, ya que al apoyar la cabeza, el producto manchaba los asientos.

Retretes portátiles como el asiento con agujero (que al bajar la tapa parecía una silla corriente)convivían en las casas con otros más modernos conectados a la red de alcantarillado. Era el servicio domestico el que proveía de agua limpia a las habitaciones y el que retiraba y vaciaba los bacines u orinales usados.
 
 
 










El tocador femenino solía ser una estancia inmediata al lugar del baño en las casas nobiliarias, ya que en ella terminaban los procesos de higiene y arreglo personal y se cuidaban la piel y el cabello. El mueble tocador solía contener elementos esenciales de belleza: crema y polvos de arroz para el rostro, colorete, bandeja para las joyas, set de vaso y cuenco para el enjuague dental... Precisamente el cepillo de dientes fue un instrumento de higiene creado en el siglo XVIII con cerdas animales que producían daños en encías y esmalte y que a lo largo del siglo XIX fue mejorando su fabricación para no resultar tan perjudicial.


Resultaba indispensable además la posesión de unos recipientes adecuados para guardar los cosméticos tanto si eran comprados en la droguería como aquellos que se fabricaban en casa a partir de materias primas adquiridas ex profeso y conforme a los varios recetarios de la época.
 
 
Las estancias solían tener también una percha donde colgaría la indumentaria doméstica de comodidad, previa a la ropa de calle. Además el uso de escupideras era indispensable en los interiores domésticos de fin de siglo.
 
Los aseos de finales del siglo XIX, llamados "aseos modernos", solían contar con agua corriente, canalizada a través de una fuente. El lavabo no solía estar conectado, sin embargo, al agua corriente, de ahí que generalmente siempre hubiese un juego de aguamanil.
 
El baño de cadera proporcionaba todos los beneficios del baño de inmersión y permitía una higiene completa. El bidet por su parte, era indispensable para la higiene femenina, íntimamente ligada con os ciclos reproductivos. Hombres y mujeres solían bañarse de cuerpo entero una vez a la semana, mientras que el cabello se lavaba con huevo, agua, bicarbonato o vinagre cada 15 días, ya que se tenía la idea de que hacerlo más habitualmente perjudicaba el pelo. Las bañeras y los bidet portátiles se podían trasladar a la estancia donde quisieran usarse.
 
 
 
 
 

 
 
 





El retrete de porcelana sólo se lo podían permitir las familias más pudientes y modernas de la sociedad. Los de porcelana aparecieron a mediados del siglo XIX en Inglaterra y de hecho, la época victoriana es considerada la edad de oro de los retretes. Una de las firmas pioneras y responsable de la evolución de la higiene en Inglaterra y Europa fue Doulton.
 

Sin embargo en el siglo XIX no todos, ni mucho menos, eran personas acaudaladas que podían permitirse estos aseos. El resto de la gente humilde, que vivía en corralas o pisos de alquiler compartían letrinas o iban a las casas de baño.

Fuente: Cecilia Casas Desantes. Más información en el catálogo de la exposición.
Crédito de las fotos: Filippo Pincolini y Museo Cerralbo
 
Por cierto, si os fascina el tema os invitamos a que sigáis documentándoos en nuestro foro acerca del maquillaje, los jabones, el cabello en el siglo XIX, los primeros salones de belleza o las primeras máquinas de afeitar.