martes, 10 de marzo de 2015

El álbum de una elegante

Hoy en día cuando hablamos de álbumes nos imaginamos una colección de fotografías o incluso una colección de cromos. No obstante, en el siglo XIX no había señorita que durante el Romanticismo no tuviera el llamado "álbum de una elegante". Mariano José de Larra incluso escribió un artículo de costumbres publicado en la Revista Mensajero el 3 de mayo de 1835 interesándose por esta nueva moda que tenía a las jóvenes enloquecidas buscando completar su propio álbum.
 
¿En qué consistía? Sin más, era un libro en blanco que poseían las señoritas, con encuadernaciones muy cuidadas (algunas incluso podían incluir las iniciales de su propietaria) y que les permitía a los caballeros escribir en ellos un poema, una alabanza, una partitura de música o plasmar en sus páginas bocetos o dibujos.

Fotografía de la portada extraída del álbum de Aurelia Picatoste de la BNE.
 
La moda, importada de Inglaterra (donde nació) y Francia, hizo furor en el Madrid fernandino e isabelino, es decir, durante todo el Romanticismo. La Biblioteca Nacional alberga bastantes álbumes (de Aurelia Picatoste, Juana García de Agüero...) así como el Museo del Romanticismo (álbum de Tomasa Bretón de los Herreros, Consuelo Morote...).
 
Aunque la mayoría de composiciones estaban realizadas por caballeros, generalmente amigos de la familia, hay alguna pluma femenina como la de la poetisa Carolina Coronado. Así, en estos libros podemos encontrarnos tesoros salidos de la mano de Ramón de Campoamor, Jenaro Pérez Villaamil, el propio Larra, Federico de Madrazo o el Duque de Rivas.
 
Página con dedicatoria de Carolina Coronado. Museo del Romanticismo.
 
Por supuesto, el álbum de una señorita no se completaba en un periodo corto de tiempo, sino que muchas veces se tardaba décadas en llenarse de dedicatorias y honores. Estos "souvenirs", como a veces se les llamaba, estaban en posesión tanto de señoritas solteras como de damas ya casadas y gustaba a sus propietarias, en las reuniones con sus amigas, el enseñarlos para que todas pudieran admirar lo completo que estaba de odas y dedicatorias.
 
Hay que reseñar que aunque eran las bellas mujeres las que poseían en su mayoría estos álbumes, también algunos caballeros se encuentran entre los propietarios de estos compendios de galanterías, práctica que con la llegada del siglo XX fue pasando de moda hasta convertirse en volúmenes de bibliotecas que animamos a rescatar.


2 comentarios:

Pedrete dijo...

No conocía esta curiosidad. El caso es que sí he topado en varias ocasiones con imágenes de tapas de estos álbumes, pero no sabía que cumplieran el menester de recopilar versos y dibujos de artistas y escritores. Por el contrario sí conocía los abanicos de firmas. Solían tener el país de papel y en él solían hacer dedicatorias los admiradores de las damas que los poseían. Me tienta muchísimo reproducir uno en miniatura.

¡Un cordial saludo!

Anacrónicos Recreación Histórica dijo...

Hacer un objeto tan característico en miniatura le daría un toque aún más de distinción a la recreación de la realidad a escala diminuta.

Los abanicos con dedicatorias y poemas se pusieron de moda también y le hicieron una gran competencia a los álbumes pero pronto pasaron de moda.

Un saludo y gracias por la visita, Pedrete. ^_^