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miércoles, 15 de enero de 2014

Moda, ¿8º arte?

Desde el 6 de noviembre del 2013 y hasta el 8 de febrero del 2014 el Museo de Bellas Artes de Valencia acoge una exposición temporal cargada de inspiración para modistos y diseñadores de moda. La indumentaria histórica siempre ha sido un objeto lujoso y difícil de admirar por lo poco que ha llegado hasta nuestros días. Lejos de considerarse un campo frívolo, no deja de ser su estudio un campo más del arte y un mundo creativo amplio que recoge modas, estilos y acontecimientos sociales.
 
Bajo el epígrafe "Arte e indumentaria de la Revolución Francesa a la Belle Époque" la muestra expone los fondos del mismo Museo de Bellas Artes de Valencia y de la colección Victoria Liceras (investigadora y coleccionista de la indumentaria valenciana). Con un lenguaje claro y sencillo y apoyado en todo momento por la pintura, la exposición abarca el último decenio del siglo XVIII que implanta la moda Regencia o Imperio y se mete de lleno en el siglo XIX con sus distintos estilos: el Romántico, el imperio de la crinolina, la era del polisón y acaba con la moda de finales de siglo y principios del siglo XX llamada "Belle Époque" que finaliza con el estallido de la primera guerra mundial.


Con esta exposición se refleja claramente la evolución de la indumentaria durante el siglo XIX principalmente a través de sastres y modistos anónimos (caso contrario es la pintura en la que se apoya, con obra de Vicente López, José Madrazo, Ignacio Pinazo, Joaquín Sorolla...). Con los grandes nombres como Poiret o Fortuny entramos en el siglo XX.
 
No obstante, la exposición pone en relieve sobre todo la evolución de la figura femenina frente a la masculina que se queda relegada a un segundo plano por los pocos cambios que se producen en la silueta del varón. El corsé, las enaguas, las muselinas, brocados, sedas y complementos crean un ambiente delicadamente femenino que toma sus influencias de personajes tan relevantes como las emperatrices Sissí de Austria o Eugenia de Montijo de Francia. La única pega que le ponemos a la exposición, además de una museografía poco didáctica, es la falta de un catálogo publicado. De verdad nos hemos quedado con las ganas de que todo este trabajo se hubiese materializado en un buen compendio.  

jueves, 1 de agosto de 2013

Vicente Palmaroli (1834 - 1896)

Autor poco conocido y aún menos estudiado (solo se ha publicado una biografía sobre él, "Vicente Palmaroli" de Rosa Pérez y Morandeira, tesis doctoral de 1958 publicada luego en 1971 por el CSIC), el Museo del Prado y otros museos de provincias conservan bastante obra suya, siendo un gran cronista de su tiempo y reflejando temas muy decorativos y atrayentes para la sociedad del momento, que demandaba cuadritos "de salón" de estética intimista y escenas cotidianas.
 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
A pesar de su apellido italiano, Vicente Palmaroli González nació (1834) y murió (1896) en Madrid. Su padre, también pintor, le inculcó el amor por los pinceles, matriculándole para estudiar en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Se marchó a Roma a completar su formación, conociendo a otros compañeros españoles que también residían en la capital italiana como Casado del Alisal, Rosales o Fortuny y obteniendo dos medallas como premio por la presentación de sus trabajos. También estuvo en París.
 
 
A su vuelta a la corte madrileña es ya un artista consagrado. Sigue acaparando premios y distinciones y durante esa época, se convierte en un prestigioso retratista, realizando múltiples y famosos retratos: Sofía Reboulet, esposa del pintor, Retrato de la infanta Isabel de Borbón, Retrato de la duquesa de Bailén, Retrato de doña Hersilia Castilla, Retrato de Amadeo I de Saboya y Retrato de Antonio Alcalá Galiano.
 
 
 






Desde 1894 y hasta su muerte ejerce como Director del Museo del Prado, creándose bajo su mandato una comisión del Museo para que a partir de entonces, las obras donadas al Museo fuesen examinadas para aceptar o rechazar su admisión, a fin de controlar la calidad de estas.
 
 
A su muerte, el Museo del Prado disponía de poca obra suya. La que hoy en día admiramos de él fue fruto de un programa de recopilación y adquisición que realizó Vicente Palmaroli Reboulet, su hijo, embajador español en distintas cortes europeas, quien empleando su propio dinero fue reuniendo obra dispersa de su padre para donarla a la pinacoteca madrileña en la que ahora se encuentra. Como curiosidad, y con esto terminamos, añadimos que es su hijo quien se encuentra al lado de la modelo con la que trabajaba su padre en el bonito cuadro "La confesión" (1883). El niño contaba con 14 años.