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miércoles, 4 de septiembre de 2013

El Museo de Ferrocarriles de Delicias

El cinco de junio de 1883, hace 130 años, salía de la estación del este de París el primer Orient Express con destino a Constantinopla. Agatha Christie lo inmortalizó en una de sus novelas y su nombre viene a representar el gusto que se tenía por los países exóticos del Este y la rapidez que en aquella época ya alcanzaban las locomotoras. Eran las décadas doradas del ferrocarril.


En nuestro país también contamos con una estación de aquella época, inaugurada en 1880 por los reyes Alfonso XII y Mª Cristina que alberga locomotoras de vapor y vagones de antaño. Se le conoce como el Museo del Ferrocarril de Delicias.
 
 
Ubicado en el Paseo de las Delicias 61 de Madrid alberga una gran colección de temas relacionados con los trenes y la vida en el andén, desde silbatos, relojes de estación y señales hasta locomotoras que los visitantes pueden ver por dentro y sentarse en los vagones utilizados por padres, abuelos y bisabuelos. Os dejamos su página invitándoos a descubrir este curioso museo: http://www.museodelferrocarril.org/informacion/principal.asp



Y antes de que partais, un recordatorio: desde esta estación es desde donde sale El Tren de la Fresa ;)

jueves, 1 de agosto de 2013

Vicente Palmaroli (1834 - 1896)

Autor poco conocido y aún menos estudiado (solo se ha publicado una biografía sobre él, "Vicente Palmaroli" de Rosa Pérez y Morandeira, tesis doctoral de 1958 publicada luego en 1971 por el CSIC), el Museo del Prado y otros museos de provincias conservan bastante obra suya, siendo un gran cronista de su tiempo y reflejando temas muy decorativos y atrayentes para la sociedad del momento, que demandaba cuadritos "de salón" de estética intimista y escenas cotidianas.
 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
A pesar de su apellido italiano, Vicente Palmaroli González nació (1834) y murió (1896) en Madrid. Su padre, también pintor, le inculcó el amor por los pinceles, matriculándole para estudiar en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Se marchó a Roma a completar su formación, conociendo a otros compañeros españoles que también residían en la capital italiana como Casado del Alisal, Rosales o Fortuny y obteniendo dos medallas como premio por la presentación de sus trabajos. También estuvo en París.
 
 
A su vuelta a la corte madrileña es ya un artista consagrado. Sigue acaparando premios y distinciones y durante esa época, se convierte en un prestigioso retratista, realizando múltiples y famosos retratos: Sofía Reboulet, esposa del pintor, Retrato de la infanta Isabel de Borbón, Retrato de la duquesa de Bailén, Retrato de doña Hersilia Castilla, Retrato de Amadeo I de Saboya y Retrato de Antonio Alcalá Galiano.
 
 
 






Desde 1894 y hasta su muerte ejerce como Director del Museo del Prado, creándose bajo su mandato una comisión del Museo para que a partir de entonces, las obras donadas al Museo fuesen examinadas para aceptar o rechazar su admisión, a fin de controlar la calidad de estas.
 
 
A su muerte, el Museo del Prado disponía de poca obra suya. La que hoy en día admiramos de él fue fruto de un programa de recopilación y adquisición que realizó Vicente Palmaroli Reboulet, su hijo, embajador español en distintas cortes europeas, quien empleando su propio dinero fue reuniendo obra dispersa de su padre para donarla a la pinacoteca madrileña en la que ahora se encuentra. Como curiosidad, y con esto terminamos, añadimos que es su hijo quien se encuentra al lado de la modelo con la que trabajaba su padre en el bonito cuadro "La confesión" (1883). El niño contaba con 14 años.