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jueves, 17 de octubre de 2019

Próxima recreación: monasterio de Monsalud

Puestos a pensar en la pintura del Romanticismo, resulta difícil no imaginar imponentes paisajes compuestos por una salvaje vegetación, acantilados y puestas de sol de tonos rojizos que sirven como metáfora de los sentimientos exaltados del artista. Entre los árboles, lagunas y lunas llenas se alzan los restos de monasterios y abadías, antaño olvidadas, de los que la vegetación se ha apoderado convirtiéndolos en un elemento más del paisaje. Estas edificaciones actúan como restos de un medievo idealizado por el pensamiento romántico en el que los caballeros y princesas vivían los más sublimes dramas. Así es el Monasterio de Monsalud, el escenario de la próxima recreación histórica de Anacrónicos que tendrá lugar el sábado 26 de octubre y a la que asistiremos ataviados con la moda de 1800, más conocida como Regencia o estilo Imperio.


Situado en el municipio de Córcoles, Guadalajara, el monasterio fue construido en la segunda mitad del siglo XII y perteneció a la orden cisterciense. Además de ser el cenobio más antiguo de la provincia, combina el estilo románico de su iglesia con el gótico de transición de otras secciones como la sala capitular o el claustro. El estado de conservación del conjunto arquitectónico es desigual. Mientras que las zonas de culto han sobrevivido al paso de los siglos casi intactas, otros espacios como las celdas o el refectorio no han tenido tanta suerte, lo cual no hace sino darle mayor encanto.

Durante la visita, nos acompañarán en espíritu varios referentes tanto reales como literarios. La abadía de Northanger, la primera novela publicada de Jane Austen, parodiaba el ambiente gótico de este tipo de edificaciones retratado en obras como Los misterios de Udolfo de Ann Radcliffe. Posteriormente, Gustavo Adolfo Bécquer se convertiría en uno de los mayores defensores del patrimonio monumental de la Península, retratando en varias de sus leyendas monasterios e iglesias asoladas por la Guerra de la Independencia como ocurre en El beso, donde unos soldados napoleónicos son castigados por una fuerza sobrenatural tras profanar una imagen religiosa o El Miserere, donde los monjes de un monasterio, en el que se produjo una salvaje matanza, regresan de la muerte para cantar una terrible oración.

jueves, 26 de septiembre de 2019

Valentín Carderera

Con la vuelta del verano museos, galerías y centros de arte comienzan a inaugurar sus nuevas exposiciones.De esta manera, del 27 de septiembre 2019 al 12 de enero del 2020 en la Biblioteca Nacional se podrá conocer y profundizar al dibujante, coleccionista y viajero romántico Valentín Carderera (1796-1880). 

Este pintor aragonés, estudioso, divulgador, coleccionista y viajero, dedicó sus esfuerzos a la salvaguarda del patrimonio histórico español. Carderera recorrió gran parte de la Península para dejar testimonio a través del dibujo y la acuarela de monumentos destacados, muchos de ellos en peligro de desaparición ante la fuerza de la modernización que impuso el nuevo orden liberal. A esta voluntad de recuperar y revindicar el pasado ha de ligarse su pasión por el coleccionismo y la bibliofilia orientándose la exposición a mostrar la identidad de este personaje tan multidisciplinar como polifacético. Su personalidad romántica estuvo siempre ligada a la historia y el arte. 

Datos de interés. Horario de visita:
De lunes a sábados, de 10:00 a 20:00 h.
Domingos y festivos, de 10:00 a 14:00 h.
Entrada libre y gratuita.


Retrato de Carderera por Madrazo y Kuntz

domingo, 18 de diciembre de 2016

Veinticuatro horas en la vida de una mujer sensible

Una de las sorpresas de este año ha resultado ser un librito pequeño, de una autora desconocida que encierra una explosión de pasiones que hacía tiempo que no veíamos reflejados en palabras. A la altura de las grandes exaltaciones románticas como “Werther” de Goethe pero sin la maestría literaria del autor alemán, se encuentra “Veinticuatro horas en la ida de una mujer sensible” de Constance de Salm (2011, Editorial Funambulista, PV: 10,45 euros, 163 páginas), publicada en 1824 (aunque escrita 10 años antes).


Se trata, como ocurre con “Las desventuras del joven Werther” de una historia redactada de manera epistolar pero bajo la pluma de una mujer. Consta de 46 cartas redactadas por la narradora en un día, desde la tranquilidad y el amor sosegado que le guarda al caballero hasta las emociones desgarradoras e intensas de cuando ve a la salida de la ópera a éste subido en la calesa con otra mujer. La trama es sencilla pero lo complicado es hilvanar de manera delicada y sutil este tejido de sentimientos por los que toda alma humana ha pasado. Es un retrato penetrante en el corazón y un manual instructivo de todas las etapas (celos, desconfianza, entrega absoluta, ansias de morir, locura, desesperanza, impotencia, inseguridad, remordimientos…). La historia, repleta de sensibilidad, carece de descripciones o personajes de honda psicología. Aquí lo que importa no es la forma, sino el fondo. La autora no se detiene a pincelar a sus protagonistas en sus rasgos físicos o morales sino que profundiza en los más íntimos sentimientos y emociones, algo muy complejo de transcribir y de expresar. La fuerza de las pasiones es lo que impulsa al lector a no detenerse en la lectura, a vivir el martirio de la escritora conforme avanzan las páginas que, al terminar, incluso se le hacen cortas. La novelita tiene algo de suspense que Salm se encarga de resolver al final, lo más anticuado y ficticio para nuestro gusto.

No obstante, la acartonada conclusión no ha de quitarnos el gusto de una novela totalmente hechizante y seductora en la que nos asomamos a las pasiones humanas como en un libro abierto (y nunca mejor dicho). Habrá quien tache estas pasiones de extremas y excesivas, quien critique que el corazón (sobre todo femenino) no se comporta de tal manera pero hemos de tener en cuenta el título (“la vida de una mujer sensible” y la sensibilidad suele estar dominada por los excesos de emoción) y el periodo en el que se escribió, en pleno auge del Romanticismo.
 
 
¿La obra es un aviso moral de aquello que no se debe sentir? ¿es una sátira contra lo que el amor hace padecer y que desplaza a la razón?  No creemos que la intención de la autora fuese ese. ¿Quién no ha sufrido por amor? ¿quién no ha esperado durante horas que parecen eternidades una respuesta que serene? La obra de Constance de Salm no pasa de moda porque mujeres ( y hombres) sensibles siempre hay, del mismo modo que existe un muestrario de alteraciones que se sufre cuando se produce un enamoramiento. El género epistolar sigue vigente como antes aunque en este caso hay una peculiaridad: no hay intercambio de epístolas, pues todas, salvo tres, las dirige la protagonista sin nombre a su amado. En resumen: una novela que hace sentir e impulsar las emociones más escondidas y que se recomienda leer sin pausa, pues las pasiones, como la marea, crece a cada página.

domingo, 27 de septiembre de 2015

Un viaje a Almendralejo.

Anacrónicos Recreación Histórica inauguró la temporada estival visitando la "X Ruta Literaria del Romanticismo" ¿y por qué no recordar este viaje con todos ustedes para inaugurar la temporada otoñal?

 Podemos decir que disfrutamos de un fin de semana maravilloso, (aunque sufrimos un calor infernal) en una ciudad donde reciben a los románticos con los brazos abiertos.

 Almendralejo se volcó una edición más para que su ruta literaria fuera un éxito. Los lugareños y visitantes participaron activamente en todas las actividades programadas, y la noche de ánimas fue espeluznantemente maravillosa.

 Nos faltarían palabras para describir el maravilloso viaje que disfrutamos. Por lo tanto preferimos que vean las maravillosas fotos que nos tomó Alby Martín. Nunca podremos agradecer suficientemente su esfuerzo y su arte.










   
Esta es una pequeña muestra. Si quieren ver más fotos visiten nuestro Flickr.
Y como no podemos quedarnos quietos. ¡Tuvimos tiempo de retarnos en duelo!



     Más aventuras, próximamente. ;)

viernes, 19 de junio de 2015

El Romanticismo español

Por ironías de la vida, uno de los textos más icónicos del Romanticismo español fue escrito por uno de sus mayores detractores, Don Ramón de Mesonero Romanos. Este autor es conocido como uno de los grandes costumbristas de la ciudad de Madrid del siglo XIX. Vivió entre 1803 y 1882. De entre algunos de los datos más relevantes en su biografía destacan su alistamiento en la milicia nacional, su asistencia a la tertulia conocida como “El Parnasillo” junto con Espronceda o Larra y su participación en la Real Academia como miembro honorario y miembro de número.





El texto en cuestión es una crítica a la nueva corriente conocida como “Romanticismo”, a su estilo, formas, vestuario, etc. Aquí pueden leer un fragmento del artículo:
Y he aquí por qué un muchacho que por los años de 1811 vivía en nuestra corte y su calle de la Reina y era hijo del general francés Hugo, y se llamaba Víctor, encontró el romanticismo donde menos podía esperarse, esto es, en el Seminario de Nobles; y el picaruelo conoció lo que nosotros no habíamos sabido apreciar y teníamos enterrado hace dos siglos con Calderón; y luego regresó a París, extrayendo de entre nosotros esta primera materia, y la confeccionó a la francesa, y provisto como de costumbre con su patente de invención, abrió su almacén, y dijo que él era el Mesías de la literatura, que venía a redimirla de la esclavitud de las reglas; y acudieron ansiosos los noveleros, y la manada de imitadores (imitatores servum pecus, que dijo Horacio) se esforzaron en sobrepujarle y dejar atrás su exageración y los poetas transmitieron el nuevo humor a los novelistas; éstos a los historiadores; éstos a los políticos; éstos a todos los demás hombres; éstos a todas las mujeres; y luego salió de Francia aquel virus ya bastardeado, y corrió toda la Europa, y vino, en fin a España, y llegó a Madrid (de donde había salido puro), y de una en otra pluma, de una en otra cabeza, vino a dar en la cabeza y en la pluma de mi sobrino, de aquel sobrino de que ya en otro tiempo creo haber hablado a mis lectores; y tal llegó a sus manos que ni el mismo Víctor Hugo lo conociera, ni el Seminario de Nobles tampoco.
La primera aplicación que mi sobrino creyó deber hacer de adquisición tan importante, fue a su propia física persona, esmerándose en poetizarla por medio del romanticismo aplicado al tocador.

Porque (decía él) la fachada de un romántico debe ser gótica, ojiva, piramidal y emblemática.
Para ello comenzó a revolver cuadros y libros viejos, y a estudiar los trajes del tiempo de las Cruzadas; y cuando en un códice roñoso y amarillento acertaba a encontrar un monigote formando alguna letra inicial de capítulo, o rasguñado al margen por infantil e inexperta mano, daba por bien empleado su desvelo, y luego poníase a formular en su persona aquel trasunto de la Edad Media.

Por resultado de estos experimentos llegó muy luego a ser considerado como la estampa más romántica de todo Madrid, y a servir de modelo a todos los jóvenes aspirantes a esta nueva, no sé si diga ciencia o arte. Sea dicho en verdad; pero si yo hubiese mirado el negocio sólo por el lado económico, poco o nada podía pesarme de ello: porque mi sobrino, procediendo a simplificar su traje, llegó a alcanzar tal rigor ascético, que un ermitaño daría más que hacer a los Utrillas y Rougets. Por de pronto eliminó el frac, por considerarlo del tiempo de la decadencia, y aunque no del todo conforme con la levita, hubo de transigir con ella, como más análoga a la sensibilidad de la expresión. Luego suprimió el chaleco, por redundante; luego el cuello de la camisa, por inconexo; luego las cadenas y relojes; los botones y alfileres, por minuciosos y mecánicos; después los guantes, por embarazosos; luego las aguas de olor, los cepillos, el barniz de las botas, y las navajas de afeitar; y otros mil adminículos que los que no alcanzamos la perfección romántica creemos indispensables y de todo rigor.

Quedó, pues, reducido todo el atavío de su persona a un estrecho pantalón que designaba la musculatura pronunciada de aquellas piernas; una levitilla de menguada faldamenta, y abrochada tenazmente hasta la nuez de la garganta; un pañuelo negro descuidadamente anudado en torno de ésta, y un sombrero de misteriosa forma, fuertemente introducido hasta la ceja izquierda. Por bajo de él descolgábanse de entrambos lados de la cabeza dos guedejas de pelo negro y barnizado, que formando un bucle convexo, se introducían por bajo de las orejas, haciendo desaparecer éstas de la vista del espectador; las patillas, la barba y el bigote, formando una continuación de aquella espesura, daban con dificultad permiso para blanquear a dos mejillas lívidas, dos labios mortecinos, una afilada nariz, dos ojos grandes, negros y de mirar sombrío; una frente triangular y fatídica. Tal era la vera efigies de mi sobrino, y no hay que decir que tan uniforme tristura ofrecía no sé qué de siniestro e inanimado, de suerte que no pocas veces, cuando cruzado de brazos y la barba sumida en el pecho, se hallaba abismado en sus tétricas reflexiones, llegaba yo a dudar si era él mismo o sólo su traje colgado de una percha; y aconteciome más de una ocasión el ir a hablarle por la espalda, creyendo verle de frente, o darle una palmada en el pecho, juzgando dársela en el lomo. 

Si quieren leer el artículo completo, pueden hacerlo aquí: http://fenix.pntic.mec.es/recursos/lectores/clublectura/salalectura2.php?salalectura_id=149 

martes, 10 de marzo de 2015

El álbum de una elegante

Hoy en día cuando hablamos de álbumes nos imaginamos una colección de fotografías o incluso una colección de cromos. No obstante, en el siglo XIX no había señorita que durante el Romanticismo no tuviera el llamado "álbum de una elegante". Mariano José de Larra incluso escribió un artículo de costumbres publicado en la Revista Mensajero el 3 de mayo de 1835 interesándose por esta nueva moda que tenía a las jóvenes enloquecidas buscando completar su propio álbum.
 
¿En qué consistía? Sin más, era un libro en blanco que poseían las señoritas, con encuadernaciones muy cuidadas (algunas incluso podían incluir las iniciales de su propietaria) y que les permitía a los caballeros escribir en ellos un poema, una alabanza, una partitura de música o plasmar en sus páginas bocetos o dibujos.

Fotografía de la portada extraída del álbum de Aurelia Picatoste de la BNE.
 
La moda, importada de Inglaterra (donde nació) y Francia, hizo furor en el Madrid fernandino e isabelino, es decir, durante todo el Romanticismo. La Biblioteca Nacional alberga bastantes álbumes (de Aurelia Picatoste, Juana García de Agüero...) así como el Museo del Romanticismo (álbum de Tomasa Bretón de los Herreros, Consuelo Morote...).
 
Aunque la mayoría de composiciones estaban realizadas por caballeros, generalmente amigos de la familia, hay alguna pluma femenina como la de la poetisa Carolina Coronado. Así, en estos libros podemos encontrarnos tesoros salidos de la mano de Ramón de Campoamor, Jenaro Pérez Villaamil, el propio Larra, Federico de Madrazo o el Duque de Rivas.
 
Página con dedicatoria de Carolina Coronado. Museo del Romanticismo.
 
Por supuesto, el álbum de una señorita no se completaba en un periodo corto de tiempo, sino que muchas veces se tardaba décadas en llenarse de dedicatorias y honores. Estos "souvenirs", como a veces se les llamaba, estaban en posesión tanto de señoritas solteras como de damas ya casadas y gustaba a sus propietarias, en las reuniones con sus amigas, el enseñarlos para que todas pudieran admirar lo completo que estaba de odas y dedicatorias.
 
Hay que reseñar que aunque eran las bellas mujeres las que poseían en su mayoría estos álbumes, también algunos caballeros se encuentran entre los propietarios de estos compendios de galanterías, práctica que con la llegada del siglo XX fue pasando de moda hasta convertirse en volúmenes de bibliotecas que animamos a rescatar.


viernes, 6 de diciembre de 2013

Díptico de Pérez Villaamil

Somos de la opinión de que todos los amantes del siglo XIX a los que nos guste el Romanticismo con sus ruinas y sus paisajes pintorescos, debemos adorar la pintura de Genaro Pérez Villaamil (1807 - 1854). Son varios los museos españoles que albergan obras suyas pero hoy queremos resaltar una obra majestuosa y solemne: un diptico subastado en el 2011 en Sotheby`s y que adquirió el Estado español para el Museo del Prado.
 
 
Pero retrocedamos un poco en la historia para contar sus antecedentes. Antes de pasar a la pinacoteca madrileña, en el siglo XIX su primer dueño fue George William Villiers (1800 - 1870), IV Conde de Clarendon. Este caballero inglés fue nombrado embajador en Madrid en 1833, permaneciendo en el cargo hasta 1839 en que regresó a Londres ya con las vistas. El propietario habia tenido relación con los artistas españoles más destacados, como José de Mardrazo y su hijo Federico y con un gusto exquisito, admirador profundo de Villaamil, consiguió reunir una colección de 85 obras de pequeño formato, la mayor del artista en manos privadas, de este autor romántico.
 
En el díptico, casi todas las pinturas están firmadas "Villaamil" aunque en algunos casos con la inscripción oculta por el marco. Se trata de 42 óleos sobre hojalata, sobre un fondo de cartón también pintado por el artista. Las vistas son de diversas ciudades españolas y se realizaron entre 1833 y 1839.
 
Aunque esta joyita está de momento en restauración, esperemos que pronto el Museo del Prado pueda exhibirlo y nos permita a todos los amantes y enamorados de la obra de este pintor romántico, quedarnos absortos ante su pincelada y maestría.
 
Por cierto, siendo cosncientes de lo pequeña que es la foto general, en este link teneis la posibilidad de ampliar las diferentes vistas y poderlas contemplar con sumo detalle gracias a la realidad aumentada.

jueves, 1 de agosto de 2013

Vicente Palmaroli (1834 - 1896)

Autor poco conocido y aún menos estudiado (solo se ha publicado una biografía sobre él, "Vicente Palmaroli" de Rosa Pérez y Morandeira, tesis doctoral de 1958 publicada luego en 1971 por el CSIC), el Museo del Prado y otros museos de provincias conservan bastante obra suya, siendo un gran cronista de su tiempo y reflejando temas muy decorativos y atrayentes para la sociedad del momento, que demandaba cuadritos "de salón" de estética intimista y escenas cotidianas.
 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
A pesar de su apellido italiano, Vicente Palmaroli González nació (1834) y murió (1896) en Madrid. Su padre, también pintor, le inculcó el amor por los pinceles, matriculándole para estudiar en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Se marchó a Roma a completar su formación, conociendo a otros compañeros españoles que también residían en la capital italiana como Casado del Alisal, Rosales o Fortuny y obteniendo dos medallas como premio por la presentación de sus trabajos. También estuvo en París.
 
 
A su vuelta a la corte madrileña es ya un artista consagrado. Sigue acaparando premios y distinciones y durante esa época, se convierte en un prestigioso retratista, realizando múltiples y famosos retratos: Sofía Reboulet, esposa del pintor, Retrato de la infanta Isabel de Borbón, Retrato de la duquesa de Bailén, Retrato de doña Hersilia Castilla, Retrato de Amadeo I de Saboya y Retrato de Antonio Alcalá Galiano.
 
 
 






Desde 1894 y hasta su muerte ejerce como Director del Museo del Prado, creándose bajo su mandato una comisión del Museo para que a partir de entonces, las obras donadas al Museo fuesen examinadas para aceptar o rechazar su admisión, a fin de controlar la calidad de estas.
 
 
A su muerte, el Museo del Prado disponía de poca obra suya. La que hoy en día admiramos de él fue fruto de un programa de recopilación y adquisición que realizó Vicente Palmaroli Reboulet, su hijo, embajador español en distintas cortes europeas, quien empleando su propio dinero fue reuniendo obra dispersa de su padre para donarla a la pinacoteca madrileña en la que ahora se encuentra. Como curiosidad, y con esto terminamos, añadimos que es su hijo quien se encuentra al lado de la modelo con la que trabajaba su padre en el bonito cuadro "La confesión" (1883). El niño contaba con 14 años.
 
 

domingo, 2 de junio de 2013

La evolución de la moda masculina en el siglo XIX

La moda femenina en lugar de volverse cómoda y práctica, se convirtió en un tormento. Sin embargo, la moda masculina acusaría en todo el siglo XIX el camino opuesto a la moda femenina: el paso de la ostentación a la simpleza. ¡Punto para los chicos, porque la moda masculina del siglo XIX es evolución antes que moda retro!
 

Las chaquetas con solapas que se usaban a fines del siglo XVIII darían paso desde 1780 al frac, al redingote, a la levita etc, tomando como inspiración la rigidez de los trajes militares, lo que significó la desaparición de las enormes bocamangas de los puños.


Las solapas de estos trajes serían muy grandes a inicios de siglo (incluso los chalecos tenían enormes solapas que sobresalían)  pero se fueron reduciendo progresivamente.
 
El chaleco deriva de la chupa, que era una especie de saco interior con faldón que llegaba a las rodillas, casi siempre sin mangas. El chaleco, cuando apareció en los primeros años de 1800, tendría corte severamente recto justo donde empieza el ombligo, y no taparía las ingles de los varones sino hasta 1840, aproximadamente. 


Los pantalones de la edad contemporánea surgen a partir de la Revolución Francesa  (los sans culottes los implantaron como signo de abolición del antiguo régimen) pero no se hicieron populares sino a partir de 1815 aproximadamente, aunque las calzas aguantaron hasta muy entrada la mitad de la década 1820, en las clases altas.
 
A inicios del siglo la figura del “incroyable” (increíble) francés y del “elegante” español acusan pantalones la mar de ceñidos, que se ajustaban completamente a la forma de la pierna, corbatas que tapaban la barbilla, chalecos y fracs entallados con faldón posterior y algunas extravagancias como el cabello largo en mechones desordenados (“orejas de perro”) y el “bastón nudoso” (parecía simplemente una rama desgajada de un árbol).
 
El “incroyable” fue la moda de los “contrarrevolucionarios” franceses, pero también la moda de la época del “Directorio” (su contraparte femenina fue la “merveilleuse”/“maravillosa” que usaba los escandalosos, por lo transparentes, vestidos de muselina de talle alto).


Si se investigan las pinturas, encontrarán que algunos pantalones “de baile” de la década 1820 dejan ver ampliamente la parte de la pierna a partir de la base de la pantorrilla para abajo y tienen una graciosa caída recta ligeramente ancha, como la moda juvenil de hace pocos años; se usaban con medias largas, a menudo bordadas y siempre visibles.
 
En toda la década de 1820 y los primeros años de la década 1830 se generalizaron unos pantalones tan ceñidos como las mayas de lycra (y no lo hubiese creído nunca de no haber visto un daguerrotipo, es decir, una fotografía primitiva de esos tiempos); como defensa debo decir que con botas altas la cosa no era tan desagradable, tanto como con el calzado masculino de ese período que dejaba a la vista el empeine. 




Para 1835 los pantalones ya  eran casi como los  actuales, aunque todavía muy rectos y entallados (pero ya no como mayas).
 

El redingote se impone a partir de 1830 , y la levita (usada ya en el siglo XVIII) abierta por delante y con el vuelo del talle para atrás, dominará la segunda mitad del siglo XIX hasta 1890. En sus inicios, en 1830, el redingote imitaba la línea del vestido femenino: de falda acampanada y talle estrecho. 






Más o menos por los años 1840 el entallado de la ropa masculina cedería para darle a la figura masculina   un aire más grave. El redingote con falda en forma de campana desaparece en esta década. Las camisas no eran como las de hoy, con una hilera delantera de botones, sino que en la parte del pecho tenían unos cordoncillos para cerrarlas, y el cuello y los puños eran piezas aparte que se abotonaban (esto último, hasta los primeros años de 1920).







La rigidez de los cuellos de la  camisa, por lo general almidonados, acabarían en la hasta hoy clásica “pajarita.”


 
 
 
 
 
 
 
El calzado común de la segunda mitad de este siglo que nos ocupa serían botines y botas, sobre las cuales, para salir a la calle, se usaban  “escarpines” (para no  ensuciarse, porque las calles de esos tiempos eran de causar asco). 
 
De todas estas modas solo el frac (en sus múltiples variantes) y la camisa con cuello “pajarita” han sobrevivido hasta hoy, usados como vestimenta para reuniones muy formales, aunque un “revival” del redingote y la levita de solapas anchas llegó en los años sesenta, de la mano de los cantantes de rock, como la apariencia de los Rolling Stones en sus inicios.
 
A propósito ¿saben cómo y en qué época aparecieron los pantalones de bota ancha, acampanados y pie de elefante? No fue en los setenta, sino a principios del siglo XIX, y por obra y gracia de los marinos estadounidenses de la época. Para que vean.
 

sábado, 5 de enero de 2013

Editorial dÉpoca

Tal y como os prometimos, en este primer post del año os vamos a hablar de una Editorial que acabamos de descubrir y que nos tiene totalmente fascinados: dÉpoca


                           


Capítulo I: El origen y la creación:

Erase una vez una niña que creció siendo la literatura su sueño, que maduró entre libros antiguos y que se dio cuenta de que podía leer en otros idiomas. Esta es la historia de una jovencita que descubrió que existían libros olvidados, que hay autores malditos que nunca han sido traducidos al castellano o cuyas ediciones son tan antiguas que son imposibles de encontrar. El primer capítulo de esta historia nos habla de que junto a su hermana y su marido han comenzado a rescatar tesoros que nunca fueron editados o que están descatalogados del s. XVIII, sobre todo del s. XIX y de principios del s. XX. Esta narración de época nos conduce a la creación de su editorial, familiar, pequeña pero muy entrañable y encantadora, con la que ya llevan publicadas hasta la fecha varios volúmenes.



Capítulo II: El renacimiento de los libros olvidados:

Su lema es que hay libros cuyo espíritu nunca muere siendo su filosofía editorial impulsar la renovación de clásicos universales recuperados devolviendo a las librerías obras selectas en ediciones exquisitas, principalmente de los siglos XVIII, XIX y principios del siglo XX.

Sus miembros aspiran a ser un nuevo renacer de estos libros, singularmente de aquellos que nunca fueron editados en España, y de los que desaparecieron, recuperando autores del Romanticismo, Realismo y Naturalismo francés, alemán, italiano, anglosajón, ruso..., prestando especial atención a la literatura victoriana. Editorial dÉpoca, además, aspira a ofrecer ediciones muy cuidadas y con un importante valor añadido a la obra tanto en sus prólogos como en los postfacios. Los miembros de dÉpoca son conscientes de los valores de eternidad que cada obra encierra, de manera que ponen toda su ambición en dar a sus ediciones la máxima garantía de perdurabilidad.



Capítulo III: Un viaje desde el pasado al futuro:

Su colección se divide en:

TESOROS DE ÉPOCA Joyas clásicas, recuperadas o inéditas, principalmente del Romanticismo, Realismo, Naturalismo... con especial atención a la literatura victoriana. LA PRINCESA TARAKANOVA de GP Danilesvsky y RUTH de Elizabeth Gaskell ya han sido publicadas y pronto vendrán nuevos títulos.

                                

LETTERE DE ÉPOCA Correspondencia, obra epistolar y biográfica de reconocidos autores del siglo XVIII y XIX. Las CARTAS de Jane Austen es su obra cumbre, recogiendo las 161 misivas de la autora de "Orgullo y prejuicio" o "Sentido y sensibilidad".



MISTERIOS DE ÉPOCA. Joyas clásicas recuperadas o inéditas enmarcadas específicamente por su temática como novelas de intriga y misterio. 

 El sueño de estos editores se ha hecho realidad al sacar adelante con trabajo y esfuerzo los primeros frutos de su empeño. También han cumplido la ilusión de los lectores que ardemos en deseos de poder vivir esas aventuras e historias que antes se nos tenían vetadas por inexistentes o descatalogadas. Si tú también eres de los que te gusta el olor de los libros olvidados, súbete al tren de esta editorial, síguelos en su catálogo, conoce y comparte con tus amigos su distribución y siéntete en la gloria disfrutando de estas joyitas ya a nuestro alcance en esta época.

jueves, 9 de agosto de 2012

Hasta pronto, anacrónica

Por motivos profesionales, Mlle Ryette abandona España para comenzar sus aventuras en Japón. Allá que se nos va nuestra anacrónica durante bastantes meses, quién sabe si tal vez años a comenzar una nueva vida. Desde aqui le deseamos mucho éxito laboral y le recordamos que siempre tendrá un hueco en Anacrónicos. Los encuentros en los que ha participado, los talleres de costura, las mini reuniones, las risas, las sesiones de fotos y todo lo que hemos aprendido a su lado quedarán a buen recaudo hasta que regrese de aquellas lejanas tierras y sustituya esos encuentros, talleres, reuniones, risas y fotos por otras más cercanas en el tiempo.

Y para despedirnos de ella, vayan nuestros mejores deseos con la dama y un pequeño encuentro que se producirá este fin de semana en Palma de Mallorca, de donde es oriunda, para que se lleve momentos anacrónicos, imagenes de otros tiempos que la acompañen en sus aventuras por Oriente y le hagan recordar que aqui tiene amigos que le dicen entre besos "hasta pronto, anacrónica. Hasta pronto".