Mostrando entradas con la etiqueta fashion. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta fashion. Mostrar todas las entradas
sábado, 31 de octubre de 2020
domingo, 10 de mayo de 2020
#PassTheBrushChallenge
Como os anunciábamos en el post anterior en el que habeis podido ver muchas de las actividades realizadas por nuestros anacrónicos durante el confinamiento, aqui os presentamos el último reto al que nos hemos sumado, el de "pasa la brocha" en el que a través de ella, hemos viajado en el tiempo ¡sin movernos de casa!. Súmate al #PassTheBrush y diviértete con los cambios de estilismos.
Y es que nuestra agrupación, como anacrónicos que somos, acerca el siglo XIX a la actualidad mediante juegos, recreaciones, retos y muchas actividades divertidas. ¡Confiamos en que os guste!
Etiquetas:
19th century,
Challenge,
confinamiento positivo,
costumes,
desafío,
estilismo,
fashion,
indumentaria,
juego,
moda,
pasa la brocha,
Pass the Brush,
reto,
siglo XIX
jueves, 17 de octubre de 2019
Próxima recreación: monasterio de Monsalud
Puestos a pensar en la pintura del Romanticismo, resulta difícil no imaginar imponentes paisajes compuestos por una salvaje vegetación, acantilados y puestas de sol de tonos rojizos que sirven como metáfora de los sentimientos exaltados del artista. Entre los árboles, lagunas y lunas llenas se alzan los restos de monasterios y abadías, antaño olvidadas, de los que la vegetación se ha apoderado convirtiéndolos en un elemento más del paisaje. Estas edificaciones actúan como restos de un medievo idealizado por el pensamiento romántico en el que los caballeros y princesas vivían los más sublimes dramas. Así es el Monasterio de Monsalud, el escenario de la próxima recreación histórica de Anacrónicos que tendrá lugar el sábado 26 de octubre y a la que asistiremos ataviados con la moda de 1800, más conocida como Regencia o estilo Imperio.
Situado en el municipio de Córcoles, Guadalajara, el monasterio fue construido en la segunda mitad del siglo XII y perteneció a la orden cisterciense. Además de ser el cenobio más antiguo de la provincia, combina el estilo románico de su iglesia con el gótico de transición de otras secciones como la sala capitular o el claustro. El estado de conservación del conjunto arquitectónico es desigual. Mientras que las zonas de culto han sobrevivido al paso de los siglos casi intactas, otros espacios como las celdas o el refectorio no han tenido tanta suerte, lo cual no hace sino darle mayor encanto.
Durante la visita, nos acompañarán en espíritu varios referentes tanto reales como literarios. La abadía de Northanger, la primera novela publicada de Jane Austen, parodiaba el ambiente gótico de este tipo de edificaciones retratado en obras como Los misterios de Udolfo de Ann Radcliffe. Posteriormente, Gustavo Adolfo Bécquer se convertiría en uno de los mayores defensores del patrimonio monumental de la Península, retratando en varias de sus leyendas monasterios e iglesias asoladas por la Guerra de la Independencia como ocurre en El beso, donde unos soldados napoleónicos son castigados por una fuerza sobrenatural tras profanar una imagen religiosa o El Miserere, donde los monjes de un monasterio, en el que se produjo una salvaje matanza, regresan de la muerte para cantar una terrible oración.
Situado en el municipio de Córcoles, Guadalajara, el monasterio fue construido en la segunda mitad del siglo XII y perteneció a la orden cisterciense. Además de ser el cenobio más antiguo de la provincia, combina el estilo románico de su iglesia con el gótico de transición de otras secciones como la sala capitular o el claustro. El estado de conservación del conjunto arquitectónico es desigual. Mientras que las zonas de culto han sobrevivido al paso de los siglos casi intactas, otros espacios como las celdas o el refectorio no han tenido tanta suerte, lo cual no hace sino darle mayor encanto.
Durante la visita, nos acompañarán en espíritu varios referentes tanto reales como literarios. La abadía de Northanger, la primera novela publicada de Jane Austen, parodiaba el ambiente gótico de este tipo de edificaciones retratado en obras como Los misterios de Udolfo de Ann Radcliffe. Posteriormente, Gustavo Adolfo Bécquer se convertiría en uno de los mayores defensores del patrimonio monumental de la Península, retratando en varias de sus leyendas monasterios e iglesias asoladas por la Guerra de la Independencia como ocurre en El beso, donde unos soldados napoleónicos son castigados por una fuerza sobrenatural tras profanar una imagen religiosa o El Miserere, donde los monjes de un monasterio, en el que se produjo una salvaje matanza, regresan de la muerte para cantar una terrible oración.
martes, 19 de septiembre de 2017
Bibliografía comentada sobre indumentaria histórica : Deb Salisbury
Desde hace unos años el mundo de la indumentaria histórica
está sufriendo un importante rejuvenecimiento; ya no sólo contamos con los
viejos manuales clásicos, que aunque no superados, se terminaban viendo escasos
porque había muchos puntos que no terminaban de tratar, ahora un cierto número
de autores ha irrumpido en el marco editorial con obras que son, cuanto menos,
de lo más interesantes y útiles.
Hoy vamos a tratar de una de las más recientes Deb Salisbury
que, de momento nos lega cuatro ejemplares de lo más interesantes con los que
trabajar. ¿Uno de sus handicaps? Obviamente están en inglés.
The Art
of the Mantua-Maker: 1870-1879 (Fashion, Sewing, and Clothes Care Advice)
Autora: Deb Salisbury
Año de
edición:2014
Idioma:Inglés
Nivel:
Intermedio
Número de páginas: 307
Dónde conseguirlo: https://www.amazon.es/Art-Mantua-Maker-Fashion-Victorian-Dressmaking/dp/1502832003/ref=tmm_pap_swatch_0?_encoding=UTF8&qid=1475851517&sr=8-1
Me encontré con esta serie de libros casi por casualidad y,
personalmente me parecen una auténtica joya. No hay grandes alardes
editoriales, es en blanco y negro y con una edición justita, pero el precio no
supera los 11 € por lo que es una oferta más que interesante.
Ya en contenido podemos decir que es un estudio de la moda
femenina desde 1870 hasta 1879, pero un estudio pormenorizado, analizando los
distintos tipos de trajes al completo, desde la ropa interior, pasando por el
traje y luego la decoración; con esquemas de algunos modelos y muchas imágenes
ilustrativas. No te va a decir cómo hacerlo, pero si te guía en la parte
teórica del tema. Hablamos de los tejidos y colores de moda en el año, que se
utilizaba para que tipo de vestido, para qué se usaban esos vestidos… todo ello
recopilado de revistas de la época y aderezado con una interesante
bibliografía.
En contraposición podemos decir que, para aquellos no
familiarizados con el inglés puede ser un libro arduo de leer, pero merece la
pena intentarlo. En definitiva, 100 % recomendable.
Victorian
Bathing and Bathing Suits (The Culture of the Two_Piece Bathing Dress from
1837- 1901)
Autora: Deb
Salisbury
Editorial: Autoedición
Año de
edición:2013
Idioma:Inglés
Nivel:
Intermedio
Número de páginas: 122
Dónde conseguirlo: https://www.amazon.es/Victorian-Bathing-Suits-Culture-Two-Piece-ebook/dp/1492971405/ref=sr_1_2?s=books&ie=UTF8&qid=1475852422&sr=1-2
Como en el caso anterior nos encontramos ante un estudio
pormenorizado de lo que se denominó la cultura de “tomar las aguas” desde sus
puntos de vista sociales, a las modas ya sean de dama, caballero o infante
aunque, como suele ser habitual, se centre fundamentalmente en las damas. Que
telas elegir, que colores, que complementos, todo lo encontrareis aquí,
ilustrado dignamente y con algún pequeño esquema, aunque no muchos
También cuenta con una bibliografía más que interesante
aunque, por sus dimensiones el libro sepa a poco (pero lo poco que hay es
altamente recomendable).
Elephant's Breath and London Smoke (
Historical Color Names, Definitions, ans Uses in Fashion, Fabric and Art)
Editorial: Autoedición
Año de
edición:2015
Idioma:Inglés
Nivel:
Alto
Número de páginas: 209
Dónde conseguirlo: https://www.amazon.es/Elephants-Breath-London-Smoke-Definitions/dp/1505497884/ref=tmm_pap_swatch_0?_encoding=UTF8&qid=1475853013&sr=1-1-catcorr
Si habéis visto esto título seguramente os habréis quedado de
piedra, y si habéis tenido el libro en vuestras manos y habéis visto que es un
diccionario sin ninguna imagen y muchísima letra, a muchos os habrá echado para
atrás. Pero, permitidme decir que os equivocáis, este libro es una auténtica
joya! Arduo y complicado, cierto, pero una auténtica joya al fin y al cabo.
¿Y que puede tener para nosotros algo que se llama “Aliento de
elefante y bruma londinense”? Pues algo que se pasa generalmente muy por alto y
que es la terminología de los colores. Tendemos a extrapolar nuestros
conocimientos a épocas pasadas, sin pensar si en esos momentos era realmente
así. Por ejemplo damos por hecho que lo que hoy entendemos por rojo ha sido
rojo toda la vida, y no es así. Sin ir más lejos en el siglo XIX los colores
tenían tras de si toda una serie de rituales, y ya no es sólo el hecho de que
hubiera mil matices de un mismo color y que usar uno u otro pudiera lanzarte en
sociedad o hundirte, sino que cada color se usaba para una cosa concreta.
Y este libro nos ofrece eso, una guía de colores, su
descripción, su simbología, para qué usarlos, cuando usarlos, con qué usarlos y
quien los podía usar.
Es un libro sumamente complejo, pero una mina de oro a un
precio irrisorio.
Su gran falta… las imágenes. Sobre todo en temas como estos en
los que la clave está en el matiz, tenemos que hacer uso de la imaginación para
saber de que está hablando la autora.
Por cierto, ¡la bibliografía es también un punto a favor!
Fabric
à la Romantic Regency ( A Glossary of Fabrics from Original Sources from 1795-
1836)
Editorial: Autoedición
Año de
edición:2013
Idioma:Inglés
Nivel:
Alto
Número de páginas: 324
Dónde conseguirlo: https://www.amazon.es/Fabric-Romantic-Regency-Glossary-Original/dp/149298745X/ref=tmm_pap_swatch_0?_encoding=UTF8&qid=1475853956&sr=8-1
Bueno, pues aunque la autora acaba de publicar un nuevo libro,
por hoy este será el último para nosotros. Otro de esos arduos pero verdaderas
joyas.
Por ello, poder contar con un diccionario pormenorizado con
todos los tejidos empleados en la época, cómo eran y para que se empleaban es
un recurso impagable.
Y eso es lo que nos da este libro, ¿el problema?, la carencia
absoluta de imágenes, otra vez hay que recurrir a la imaginación pero, aún así,
debería de ser un imprescindible en nuestras bibliotecas si queremos ir un
poquito más allá en el mundo de la recreación.
Fuente: Elizabeth A. Montgomery
Etiquetas:
bathing,
bibliografía,
book,
cothes,
Deb Salisbury,
dress,
fashion,
femenina,
indumentaria histórica,
libros,
manual,
moda,
publicación,
suits,
traje,
vestido,
victorian
domingo, 2 de julio de 2017
Evolución en la moda femenina en el siglo XIX
En otra entrada a este blog, os hablábamos de la evolución de la moda masculina en el siglo XIX y hace tiempo que deseábamos hablar de una época en la que la indumentaria y su evolución estuvo dedicada y enfocada al mundo femenino.
Nuestro post no pretende ser un estudio profundo de periodos estilísticos, sino un breve compendio. Hay en la red muy buenas páginas relacionadas con la moda ( tanto histórica como específicamente victoriana) como la de Pablo Pena que reseñamos como una de las mejores. Nuestro interés al escribir esta entrada es la de exponer de manera clara unas características destacadas para que se pueda identificar cada periodo de moda femenina en el siglo XIX y circunscribirla a unas décadas o años concretos.

De esta manera, el vestido con el que inauguramos el siglo decimonónico es aquel que proviene de Francia y pone de moda Josefina Bonaparte, esposa de Napoleón, hacia 1800. Toda Europa mira hacia esta corte imperial tan fastuosa como lujosa y aunque muchos países están en guerra contra el militar, sus mujeres no pueden sino suspirar por imitar unos modelos que la primera dama luce con orgullo y elegancia. Es por ello por lo que este vestido se conoce como "Traje Imperio" o "Vestido Regencia" ("Empire gown"). El diseño de día consiste en telas muy finas, gasas y muselinas de colores muy claros. El talle se corta bajo el pecho con escotes algo pronunciados (en el modelo de noche serán más acusados y sobre todo en Francia. En el resto de países, los escotes serán más subidos y siempre bajo el uso del corsé). Bajo el pecho se puede llevar una cinta o algún adorno de color. Este traje, sin marcar las curvas de la silueta femenina, es de talle hasta los tobillos y mangas o bien de farol o bien estrechas y largas.
Es la época en Inglaterra de Jane Austen en el que se desarrollan todas sus novelas. El traje de noche, igual en forma, utiliza más encaje y pasamanería, brocados, chales provenientes de la India estampados de vivos colores y telas más lujosas como el terciopelo.

A este vestido tan delicado se le unen otros complementos: la pelisse (un abrigo hasta el suelo y cerrado por delante), el manguito para proteger las manos, la spencer (una chaqueta cortada a la altura del pecho, generalmente con doble botonadura) y los bonetes, que es el sombrero más usado en esta época y se ataba mediante cinta, bajo la barbilla. Según fuera de paseo, de campo o ciudad, se adornaba más o menos con lazos, flores y plumas.


Hacia 1820 aproximadamente los trajes se van abullonando y se comienzan a recargar. El talle se complica, baja la cintura y la falda se llena de volantes y enaguas bajo ellas. Las telas se vuelven más sobrias, aunque muchas de ellas irán estampadas y existe más variedad en los colores. En los años 30 y 40 las mangas se hacen más grandes llegando a llamarse "mangas de jamón" y requiriendo unos armazones que las sujetaran y guardaran la forma. Los peinados se complican acorde con los trajes y surgen los de "jirafa" que son elevados y también necesitaban de alambres para que se mantuviesen altos.
En Reino Unido comienza a reinar la Reina Victoria en estos años y a este estilo comienza ya a llamarse "Victorian dress" aunque en Europa se le conoce como "estilo romántico" porque es cuando el movimiento Romántico alcanza su plenitud y en España tomará el nombre como "estilo Reina Cristina" (por la esposa de Fernando VII, Mª Cristina de Borbón y Dos Sicilias y Regente hasta la mayoría de edad de Isabel II). Bajo estos vestidos estampados, motivados en gran parte por la revolución industrial que crea nuevos colores y motivos, se esconden multitud de enaguas para abullonar las faldas y un corsé que comienza ya a dejar ver la silueta del reloj de arena. Las telas
No obstante, hacia 1850 los vestidos pesan tanto y están tan ajustados a la cintura creando la figura del reloj de arena (momento de plenitud) que se decide rebajar el número de enaguas y conseguir el mismo volumen que se conseguía gracias a éstas con un armazón que abullona exageradamente la falda. Estamos hablando de la crinolina (llamada así porque las varillas se hacían con crines de caballo) o el miriñaque.
Este armazón, que se podía comprar en tiendas ya especializadas gracias al emergente comercio de la moda (surgen las primeras tiendas en Reino Unido y Francia con diseñadores de renombre. En París por ejemplo, Worth trabaja para la emperatriz Mª Eugenia y marca con su nombre toda la ropa que le confecciona) se colocaba sobre unos pololos, una enagua y un corsé apretadísimo que ya comenzaba a provocar desarreglos anatómicos y alguna muerte por corsé. Sobre la crinolina solía colocarse otra enagua y por último, el vestido ajustado marcando perfectamente la cintura El vuelo de la falda es tan grande y la sociedad victoriana tan decorosa que el largo baja hasta el suelo, impidiendo que se vea más allá de la punta del zapato de las damas y considerando obsceno que un caballero pudiese contemplar el tobillo de una señora.
Por antonomasia, al estilo de crinolina o miriñaque es al que, por extensión, se conoce como "moda victoriana" aunque también se le puede llamar "vestido de la Guerra Civil Americana" (recuérdese "Lo que el viento se llevó").
El traje de día suele ser más sobrio mientras que el de noche se llena de volantes, encajes y sobrefaldas. Los escotes más de moda son los de barco aunque también son estilosos en pico o los redondeados. Los colores para las jóvenes suelen ser cremosos o cálidos, para las casadas más oscuros, pues en bailes y teatros, era a las doncellas a quienes debía verse más para atraer a posibles partidos.
Paulativamente, alrededor de 1865-68 la cola de las crinolinas comienza a ser más abultada y surge la crinolina elíptica que comienza a sustituir a la redonda. En dos años, ya para la década de 1870, a la par que modistas, sastres y casas de moda se adaptan a los nuevos cambios cada vez más ligeros en la moda femenina, surge el polisón.
Se trata de otro armazón cuya vigencia acabará hacia 1890 y en cuyos 20 años de imperio, logrará pasar por cuatro estilos diferentes (primer polisón, Natural Form o "estilo princesa", segundo polisón y Hourglass), cada uno con unas características bien diferenciadas.
Este nuevo estilo permitía la silueta de un reloj de arena pero con la falda no tan abullonada, permitiendo "forrar" a la mujer en una segunda piel. Los cuerpos se ajustan cada vez más y las faldas se estrechan, marcando busto y caderas. Surgen nuevos colores como el morado, tan de moda en estos años. Con el polisón surge también el traje de una sola pieza, totalmente abotonado por delante. Los peinados se llenan de postizos, trenzas y roscas imposibles que cubren con sombreros de múltiples formas con todo tipo de abalorios sobre ellos. Se abaratan los costes de la indumentaria, surgen los trajes industriales, realizados a máquina y de manera serial (para poderse comercializar), lo que ya no lo convierte en un producto de lujo y exclusivo. La etiqueta exige además que las damas mantengan un traje de mañana para estar por casa, un traje de visita, otro de paseo, el de montar a caballo, el de tarde, el de baile y el de noche (para cena y teatro).
Los materiales utilizados son bordados, satenes, terciopelos y sedas para los trajes más elegantes y lana y algodón para los de diario.
Cansados ya de una moda que impedía libertad de movimientos y unido a los alzamientos de sufragismo e independencia de la mujer, la moda femenina exige que el cuerpo se emancipe del armazón y vuelva a llevar sólo una enagua bajo la falda. Es lo que sucede a partir de 1890.
El deseo de poder realizar algunos deportes al aire libre como montar en bicicleta o jugar al tenis provoca que algunas comiencen a utilizar pantalones o bloomers (creados por Amelia Bloomer en la década de 1860) para escándalo aún de una sociedad puritana. Las faldas se hacen sencillas, sin apenas adorno las del día y con un cuerpo de mangas abullonadas y cuello muy cerrado. La cabeza se cubre con un moño sencillo y un sombrero de ala corta y plana o canotier. Hacia 1890 surge el traje sastre, compuesto de tres piezas (falda recta que ya permite ver los botines, camisa y chaqueta) que ya antecede la moda eduardiana que será la que cruce al siglo XX y la que da lugar a la Belle Epoque de 1900.
No debemos olvidar que junto a esta evolución de la moda, existen complementos que acompañan a la dama a lo largo de todo este siglo: el abanico (llamado "imperceptible" en época Imperio debido a su tamaño), el bolso (llamado "ridículo" en época Imperio también debido a su tamaño) y la sombrilla. Por último, nos gustaría recordar que la moda infantil sigue los mismos patrones que la adulta pero en miniatura, de manera que las niñas visten a lo largo del siglo XIX como sus madres pero de una manera más sencilla. También ellas llevan sus corsés, sus enaguas, pololos, chemisses y naturalmente en la época de la crinolina y polisón, sus armazones correspondientes. El imperio de la moda llega así hasta todas las edades y estratos sociales.
domingo, 25 de septiembre de 2016
Evolución de la moda femenina en el siglo XIX
El siglo XIX es una época compleja en cuanto a moda se refiere, por los continuos cambios que la indumentaria sufre en comparación con los periodos anteriores. A continuación, os mostramos, a nivel genérico y de manera breve, un resumen de la moda femenina a lo largo de este siglo decimonónico.
Comenzamos en los albores de 1800 con un vestido que estaba en boga en Europa. Venía del traje Camisa de finales del siglo XVIII que tanto potenció María Antonieta y que tomó el nombre de vestido Imperio en Francia o vestido regencia en Inglaterra. Se trataba de un diseño sencillo, de colores claros para doncellas y más oscuros para damas casadas y realizados con telas muy ligeras y con caída como sedas, muselinas y algodones. El corte, en vez de llevarlo a la cintura como era lo habitual, se subió hasta cortarse a la altura de debajo del pecho, sin marcar caderas ni cintura y largo hasta los tobillos (hacia 1812 comenzó a acortarse hasta dejar ver los tobillos). En las adaptaciones cinematográficas de las novelas de Jane Austen o en "Guerra y Paz" podeis contemplar este tipo de trajes.
Las mangas cortas eran de tipo farol y las largas, ajustadas y rectas. Bajo el vestido se usaban ligeras enaguas de algodón y el corsé, que podía ser corto (sólo de pecho) o largo (hasta la cadera). En invierno, las damas utilizaban abrigos de lana fina aunque el modelo más utilizado fue la Spencer , una chaquetita de manga larga y de cintura corta. En otras ocasiones los vestidos se cubrían con chales o mantones.
El cabello (siempre recogido) se cubría con los llamados bonetes, un sombrero ancho que se ata bajo la barbilla.
Hacia 1820 este vestido Imperio comienza a mostrar una serie de cambios que se hacen más vistosos en los años 30: el talle se alarga de nuevo hasta la cintura, el largo del vestido se acorta hasta mostrar los tobillos. mangas de jamón y el traje se hace más recargado. El corsé vuelve a marcar la silueta de la dama y se ponen de moda los peinados jirafa. Es el llamado "vestido romántico" que se exportará desde Inglaterra con el entronamiento de la reina Victoria por toda Europa (en España coincidirá con el reinado regente de María Cristina, madre de Isabel II). Los colores, debido a la revolución industrial, son muy alegres y los escotes generosos.
El amplio vuelo de las faldas se conseguía con varias capas de enaguas. Como cada vez se necesitaban más capas de sayas para ahuecar la falda se inventó una jaula llamada miriñaque o crinolina (porque estaba confeccionada con las crines de los caballos) para soportar el volumen de una falda que hacia 1850 comenzó a hacerse cada vez más voluminosa, dando lugar al llamado traje de crinolina o miriñaque.
Se caracteriza porque el cuerpo se ciñe extremadamente a la cintura y vuelve a marcar la silueta del reloj de arena. El corsé se aprieta hasta ser una segunda piel mientras que de la cintura nace una falda con un vuelo exageradísimo que no estuvo exento de caricaturas y ridiculeces en prensa. Por lo general, en la década de 1840 y 1850 gustan los volantes mientras que en 1860 se simplifica y los volantes desaparecen.
Es el vestido con el que se identifica actualmente a la dama del siglo XIX y del periodo central de este siglo, coincidiendo con el esplendor del Imperio británico y de la era victoriana. Precisamente, debido a la actitud moralizante de la reina, que se exportó creando una serie de normas reguladoras del comportamiento que debía seguirse, los escotes de los trajes de paseo son elevados, la longitud del vestido tan largo que no deja ver si quiera el zapato y el negro se impuso como el color elegante que toda viuda debía llevar.
Hacia 1865 la crinolina comienza a abultarse en la zona trasera y a crear un abullonamiento que da lugar al estilo polisón. El cuerpo se ciñe cada vez más potenciando el busto, la cadera y haciendo una figura estilizada y muy alargada. Las sedas de diferentes colores (sobre todo el morado, que se puso muy de moda), los terciopelos, satenes y algodones o lanas fueron los materiales más demandados.
Los sombreros eran pequeños, de ala corta pero muy recargados en sus adornos, que incluían plumas.
Hacia 1880 el talle se hizo cada vez más ajustado creando el estilo princesa o Natural Form y en el que las damas apenas podían caminar debido a la estrechez del traje y a sus múltiples costuras que le impedían sentarse y respirar cómodamente.
Hacia 1890 finaliza el imperio del polisón y nace lo que se ha venido denominando "traje sastre" que anticipa el periodo eduardiano inglés (llamado así por el príncipe Eduardo, posteriormente rey a la muerte de su madre Victoria) o Belle Epoque. La mujer comienza a interesarse por los deportes: sale a pasear en bicicleta, juega al tenis, a darse baños de agua en el mar y a pasear con un traje de tres piezas: falda recta con más o menos vuelo pero sobre todo funcional, camisa de cuello alto y chaqueta.
Cada vez más damas usan (ante el escándalo de una sociedad aún conservadora) los bloomers o pantalones bombachos.
No hay que olvidar la moda infantil, en la que los niños visten como los padres, siguiendo las mismas modas que los adultos en todas las épocas y tampoco podemos despedirnos sin hablar de que, junto a esta indumentaria, es requisito imprescindible hablar de los complementos más utilizados por las mujeres del siglo XIX. Ésos eran los bolsos pequeños (en el periodo Regencia llamados "ridículos" por su tamaño), las sombrillas para mantener un cutis lo más blanco posible y así distinguirse de las clases trabajadoras que estaban curtidas al sol y morenas, las joyas, abanicos, sombreros sujetos a menudo por agujas de pelo...
Para ampliar este breve resumen por la historia de la indumentaria femenina del siglo XIX os recomendamos las publicaciones del Museo del Traje, las del Museo del Romanticismo, así como algunas monografías como las de Pablo Pena, gran estudioso del tema.
domingo, 27 de septiembre de 2015
Un viaje a Almendralejo.
Anacrónicos Recreación Histórica inauguró la temporada estival visitando la "X Ruta Literaria del Romanticismo" ¿y por qué no recordar este viaje con todos ustedes para inaugurar la temporada otoñal?
Podemos decir que disfrutamos de un fin de semana maravilloso, (aunque sufrimos un calor infernal) en una ciudad donde reciben a los románticos con los brazos abiertos.
Almendralejo se volcó una edición más para que su ruta literaria fuera un éxito. Los lugareños y visitantes participaron activamente en todas las actividades programadas, y la noche de ánimas fue espeluznantemente maravillosa.
Nos faltarían palabras para describir el maravilloso viaje que disfrutamos. Por lo tanto preferimos que vean las maravillosas fotos que nos tomó Alby Martín. Nunca podremos agradecer suficientemente su esfuerzo y su arte.
Esta es una pequeña muestra. Si quieren ver más fotos visiten nuestro Flickr.
Y como no podemos quedarnos quietos. ¡Tuvimos tiempo de retarnos en duelo!
Más aventuras, próximamente. ;)
Etiquetas:
1860,
19th century,
Almendralejo,
anacronicos,
crinolina,
crinolines,
decimonónico,
duelo,
fashion,
frac,
gown,
miriñaque,
moda,
romantic,
romanticismo,
siglo XIX,
X ruta literaria del romanticismo
jueves, 9 de octubre de 2014
Madrid, otra mirada
Un año más, el Ayuntamiento de la Comunidad de Madrid organiza "Madrid con otra mirada" (MOM) para que todos los ciudadanos contemplen la capital española con otros ojos. Este año, 52 espacios diferentes a contar entre museos, bibliotecas, parques, iglesias, jardines y otros lugares, se suman a esta iniciativa que tendrá lugar los días 17 y 18 de Octubre.
Nuestra colaboración tendrá lugar en el Museo Cerralbo el día 18 de Octubre a partir de las 11h de la mañana y consistirá en recrear y ambientar las distintas dependencias del palacio madrileño siguiendo la moda de 1900. A lo largo de las espectaculares estancias de la institución, nuestros miembros recuperarán aquel pasado en el que vivía el Marqués, haciendo revivir al público aquellos usos y costumbres hoy perdidos.
La Belle Epoque por lo tanto, entrará en el museo donde la inmersión histórica será completa a partir de las 12:30h de la mañana, hora en la que llegará un Ford T de 1915 al museo y donde se hará una demostración pública de su puesta en marcha y sistema de arranque.
No os perdáis este viaje al pasado para ver Madrid con otra mirada. ¡Os esperamos!
miércoles, 20 de noviembre de 2013
Vestuario de la serie "Isabel"
Como ya hizo el Museo del Traje en Madrid con "Ágora" (2009) de Alejandro Amenábar y con "Lope" (2010) de Andrucha Waddington, hasta el 8 de diciembre se puede contemplar en las salas de exposición temporal del citado museo, una muestra del vestuario usado en la serie de ambientación medieval "Isabel", producida por televisión española.
El vestuario refleja de manera cuidadosa la indumentaria de la época gracias a un profundo estudio de la documentación que se conserva de aquella época. Para ello, el equipo de vestuario se ha valido de historiadores que aconsejan sobre la manera de vestir a los personajes, así como profesionales del arte y de la indumentaria que asesoran acerca de qué materiales se usaban con más frecuencia, colores y motivos decorativos.
Los creadores de la indumentaria han sido Pepe Reyes y Natacha Gallardo, de la empresa de diseño de vestuario Look Art, quienes también han trabajado para otras series históricas como "La señora" o 14 de abril, la república", ambas también para TVE.
La exposición del Museo del Traje no sólo recoge la indumentaria de Isabel y Fernando, "los Reyes Católicos", sino de personajes que les rodean a lo largo de los capítulos como Chacón, Gonzalo Fernández de Córdoba, Boabdil, Carrillo, Pacheco o Aixa.
Para realizar el vestuario, que en la exposición puede verse a grandes rasgos en dos bloques diferenciados poniendo de relieve el mundo cristiano y por otro lado, el musulmán, los diseñadores han contado con diversos recursos:
Para realizar el vestuario, que en la exposición puede verse a grandes rasgos en dos bloques diferenciados poniendo de relieve el mundo cristiano y por otro lado, el musulmán, los diseñadores han contado con diversos recursos:
1) por un lado con el trabajo de artesanos del cuero, del armiño (a la reina Isabel le gustaba mucho utilizar esa piel y la serie lo refleja) y de la joyería (como Luis Valencia)
2) por otro lado con la visita comercial a Marruecos para adquirir tejidos con clara inspiración oriental con la que luego trabajar en España a través de bordados o tintes para obtener el resultado deseado.
3) Y por último con la visita a anticuarios especializados para adquirir alguna que otra prenda con la que completar el inmenso vestuario que muestra la serie.
3) Y por último con la visita a anticuarios especializados para adquirir alguna que otra prenda con la que completar el inmenso vestuario que muestra la serie.
La exposición reúne más de 30 piezas representativas de la primera y segunda temporada, incluyendo vestidos emblemáticos como el traje que llevó Isabel en su boda con Fernando, en su coronación o en la rendición de Granada.

La indumentaria otorga credibilidad a los personajes aunque entre el rigor histórico y la estética muchas veces se permiten algunas licencias que por iluminación o para realzar un personaje, es necesario. No obstante, el vestuario de "Isabel" ha recibido el premio "Iris de la Academia de las Ciencias y de las Artes de Televisión" (ATV) a la "Dirección de Arte y escenografía" en su última edición del 2013.
No perdáis la oportunidad de admirar de cerca estos trajes que con tanto esmero se han realizado y que, sin duda, no les falta detalle.
Texto extraído de la Nota de prensa facilitada por el Museo del Traje.
Fotografías realizadas por ©Pepe Reyes, ©Javier de Agustín y ©Museo del Traje CIPE.
Etiquetas:
2013,
exposición,
fashion,
Fernando,
indumentaria,
Isabel,
Look Art,
medieval,
moda,
Museo del Traje,
Pepe Reyes,
Reyes Católicos,
serie,
siglo XV,
traje,
TVE,
vestido,
vestuario
domingo, 2 de junio de 2013
La evolución de la moda masculina en el siglo XIX
La moda femenina en lugar de volverse cómoda y práctica, se convirtió en un tormento. Sin embargo, la moda masculina acusaría en todo el siglo XIX el camino opuesto a la moda femenina: el paso de la ostentación a la simpleza. ¡Punto para los chicos, porque la moda masculina del siglo XIX es evolución antes que moda retro!
Las chaquetas con solapas que se usaban a fines del siglo XVIII darían paso desde 1780 al frac, al redingote, a la levita etc, tomando como inspiración la rigidez de los trajes militares, lo que significó la desaparición de las enormes bocamangas de los puños.
Las solapas de estos trajes serían muy grandes a inicios de siglo (incluso los chalecos tenían enormes solapas que sobresalían) pero se fueron reduciendo progresivamente.
El chaleco deriva de la chupa, que era una especie de saco interior con faldón que llegaba a las rodillas, casi siempre sin mangas. El chaleco, cuando apareció en los primeros años de 1800, tendría corte severamente recto justo donde empieza el ombligo, y no taparía las ingles de los varones sino hasta 1840, aproximadamente.
Los pantalones de la edad contemporánea surgen a partir de la Revolución Francesa (los sans culottes los implantaron como signo de abolición del antiguo régimen) pero no se hicieron populares sino a partir de 1815 aproximadamente, aunque las calzas aguantaron hasta muy entrada la mitad de la década 1820, en las clases altas.
A inicios del siglo la figura del “incroyable” (increíble) francés y del “elegante” español acusan pantalones la mar de ceñidos, que se ajustaban completamente a la forma de la pierna, corbatas que tapaban la barbilla, chalecos y fracs entallados con faldón posterior y algunas extravagancias como el cabello largo en mechones desordenados (“orejas de perro”) y el “bastón nudoso” (parecía simplemente una rama desgajada de un árbol).
El “incroyable” fue la moda de los “contrarrevolucionarios” franceses, pero también la moda de la época del “Directorio” (su contraparte femenina fue la “merveilleuse”/“maravillosa” que usaba los escandalosos, por lo transparentes, vestidos de muselina de talle alto).
Si se investigan las pinturas, encontrarán que algunos pantalones “de baile” de la década 1820 dejan ver ampliamente la parte de la pierna a partir de la base de la pantorrilla para abajo y tienen una graciosa caída recta ligeramente ancha, como la moda juvenil de hace pocos años; se usaban con medias largas, a menudo bordadas y siempre visibles.
En toda la década de 1820 y los primeros años de la década 1830 se generalizaron unos pantalones tan ceñidos como las mayas de lycra (y no lo hubiese creído nunca de no haber visto un daguerrotipo, es decir, una fotografía primitiva de esos tiempos); como defensa debo decir que con botas altas la cosa no era tan desagradable, tanto como con el calzado masculino de ese período que dejaba a la vista el empeine. 
Para 1835 los pantalones ya eran casi como los actuales, aunque todavía muy rectos y entallados (pero ya no como mayas).
El redingote se impone a partir de 1830 , y la levita (usada ya en el siglo XVIII) abierta por delante y con el vuelo del talle para atrás, dominará la segunda mitad del siglo XIX hasta 1890. En sus inicios, en 1830, el redingote imitaba la línea del vestido femenino: de falda acampanada y talle estrecho.

Más o menos por los años 1840 el entallado de la ropa masculina cedería para darle a la figura masculina un aire más grave. El redingote con falda en forma de campana desaparece en esta década. Las camisas no eran como las de hoy, con una hilera delantera de botones, sino que en la parte del pecho tenían unos cordoncillos para cerrarlas, y el cuello y los puños eran piezas aparte que se abotonaban (esto último, hasta los primeros años de 1920).

La rigidez de los cuellos de la camisa, por lo general almidonados, acabarían en la hasta hoy clásica “pajarita.”
El calzado común de la segunda mitad de este siglo que nos ocupa serían botines y botas, sobre las cuales, para salir a la calle, se usaban “escarpines” (para no ensuciarse, porque las calles de esos tiempos eran de causar asco).
De todas estas modas solo el frac (en sus múltiples variantes) y la camisa con cuello “pajarita” han sobrevivido hasta hoy, usados como vestimenta para reuniones muy formales, aunque un “revival” del redingote y la levita de solapas anchas llegó en los años sesenta, de la mano de los cantantes de rock, como la apariencia de los Rolling Stones en sus inicios.
A propósito ¿saben cómo y en qué época aparecieron los pantalones de bota ancha, acampanados y pie de elefante? No fue en los setenta, sino a principios del siglo XIX, y por obra y gracia de los marinos estadounidenses de la época. Para que vean.
Etiquetas:
19th century,
caballero,
chaleco,
chaqueta,
culot,
elegante,
evolucion,
fashion,
gentleman,
indumentaria,
levita,
masculina,
moda,
pantalones,
romanticismo,
siglo XIX,
traje,
zapatos
Suscribirse a:
Entradas (Atom)































