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domingo, 10 de mayo de 2020

#PassTheBrushChallenge




Como os anunciábamos en el post anterior en el que habeis podido ver muchas de las actividades realizadas por nuestros anacrónicos durante el confinamiento, aqui os presentamos el último reto al que nos hemos sumado, el de "pasa la brocha" en el que a través de ella, hemos viajado en el tiempo ¡sin movernos de casa!. Súmate al #PassTheBrush y diviértete con los cambios de estilismos. 

Y es que nuestra agrupación, como anacrónicos que somos, acerca el siglo XIX a la actualidad mediante juegos, recreaciones, retos y muchas actividades divertidas. ¡Confiamos en que os guste! 

sábado, 11 de enero de 2020

¡Extra, moda!

El museo del Traje CIPE de Madrid organiza una exposición, abierta desde el 22 de noviembre del 2019 hasta el 1 de marzo del 2020, con el nacimiento de la prensa de moda en España como tema. 

Tal y como esta institución nacional nos cuenta, este otoño realizamos un viaje en el tiempo a través de las revistas de moda: desde la Francia de Luis XIV, con el nacimiento de la industria del lujo, hasta finales del siglo XIX, con la llegada y desarrollo de la prensa de moda a España.




El hilo conductor son las distintas publicaciones dedicadas a la moda, con diferentes hitos: la primera, el Mercure Galant, que aparece en Francia (1672); o la publicación de los primeros números de cabeceras de moda que aún se mantienen en la actualidad como Harper’s Bazaar (1867) y Vogue (1892), en Estados Unidos.

Se presentan distintas lecturas transversales relacionadas con las tipologías de revista: femeninas, feministas, educativas… cuyo objetivo era crear un determinado modelo de mujer. Otros aspectos que destacan son la evolución de la silueta, el cambio de actitud con la práctica del deporte, la vida social, o la incorporación de la mujer al trabajo y su vida en el ámbito doméstico.

¡Extra, moda! El nacimiento de la prensa de moda en España, invita a la reflexión sobre el modelo de prensa de moda en la sociedad actual viajando a sus orígenes. Figurines de moda, trajes y otras piezas de la colección del Museo conforman esta exposición junto con fondos de otras instituciones públicas y colecciones privadas.

domingo, 2 de julio de 2017

Evolución en la moda femenina en el siglo XIX

En otra entrada a este blog, os hablábamos de la evolución de la moda masculina en el siglo XIX y hace tiempo que deseábamos hablar de una época en la que la indumentaria y su evolución estuvo dedicada y enfocada al mundo femenino.

Nuestro post no pretende ser un estudio profundo de periodos estilísticos, sino un breve compendio. Hay en la red muy buenas páginas relacionadas con la moda ( tanto histórica como específicamente victoriana) como la de Pablo Pena que reseñamos como una de las mejores. Nuestro interés al escribir esta entrada es la de exponer de manera clara unas características destacadas para que se pueda identificar cada periodo de moda femenina en el siglo XIX y circunscribirla a unas décadas o años concretos.


De esta manera, el vestido con el que inauguramos el siglo decimonónico es aquel que proviene de Francia y pone de moda Josefina Bonaparte, esposa de Napoleón, hacia 1800. Toda Europa mira hacia esta corte imperial tan fastuosa como lujosa y aunque muchos países están en guerra contra el militar, sus mujeres no pueden sino suspirar por imitar unos modelos que la primera dama luce con orgullo y elegancia. Es por ello por lo que este vestido se conoce como "Traje Imperio" o "Vestido Regencia" ("Empire gown"). El diseño de día consiste en telas muy finas, gasas y muselinas de colores muy claros. El talle se corta bajo el pecho con escotes algo pronunciados (en el modelo de noche serán más acusados y sobre todo en Francia. En el resto de países, los escotes serán más subidos y siempre bajo el uso del corsé). Bajo el pecho se puede llevar una cinta o algún adorno de color. Este traje, sin marcar las curvas de la silueta femenina, es de talle hasta los tobillos y mangas o bien de farol o bien estrechas y largas.



Es la época en Inglaterra de Jane Austen en el que se desarrollan todas sus novelas. El traje de noche, igual en forma, utiliza más encaje y pasamanería, brocados, chales provenientes de la India estampados de vivos colores y telas más lujosas como el terciopelo.















A este vestido tan delicado se le unen otros complementos: la pelisse (un abrigo hasta el suelo y cerrado por delante), el manguito para proteger las manos, la spencer (una chaqueta cortada a la altura del pecho, generalmente con doble botonadura) y los bonetes, que es el sombrero más usado en esta época y se ataba mediante cinta, bajo la barbilla. Según fuera de paseo, de campo o ciudad, se adornaba más o menos con lazos, flores y plumas. 



 Hacia 1820 aproximadamente los trajes se van abullonando y se comienzan a recargar. El talle se complica, baja la cintura y la falda se llena de volantes y enaguas bajo ellas. Las telas se vuelven más sobrias, aunque muchas de ellas irán estampadas y existe más variedad en los colores. En los años 30 y 40 las mangas se hacen más grandes llegando a llamarse "mangas de jamón" y requiriendo unos armazones que las sujetaran y guardaran la forma. Los peinados se complican acorde con los trajes y surgen los de "jirafa" que son elevados y también necesitaban de alambres para que se mantuviesen altos. 

En Reino Unido comienza a reinar la Reina Victoria en estos años y a este estilo comienza ya a llamarse "Victorian dress" aunque en Europa se le conoce como "estilo romántico" porque es cuando el movimiento Romántico alcanza su plenitud y en España tomará el nombre como "estilo Reina Cristina" (por la esposa de Fernando VII, Mª Cristina de Borbón y Dos Sicilias y Regente hasta la mayoría de edad de Isabel II). Bajo estos vestidos estampados, motivados en gran parte por la revolución industrial que crea nuevos colores y motivos, se esconden multitud de enaguas para abullonar las faldas y un corsé que comienza ya a dejar ver la silueta del reloj de arena. Las telas

No obstante, hacia 1850 los vestidos pesan tanto y están tan ajustados a la cintura creando la figura del reloj de arena (momento de plenitud) que se decide rebajar el número de enaguas y conseguir el mismo volumen que se conseguía gracias a éstas con un armazón que abullona exageradamente la falda. Estamos hablando de la crinolina (llamada así porque las varillas se hacían con crines de caballo) o el miriñaque

Este armazón, que se podía comprar en tiendas ya especializadas gracias al emergente comercio de la moda (surgen las primeras tiendas en Reino Unido y Francia con diseñadores de renombre. En París por ejemplo, Worth trabaja para la emperatriz Mª Eugenia y marca con su nombre toda la ropa que le confecciona) se colocaba sobre unos pololos, una enagua y un corsé apretadísimo que ya comenzaba a provocar desarreglos anatómicos y alguna muerte por corsé. Sobre la crinolina solía colocarse otra enagua y por último, el vestido ajustado marcando perfectamente la cintura El vuelo de la falda es tan grande y la sociedad victoriana tan decorosa que el largo baja hasta el suelo, impidiendo que se vea más allá de la punta del zapato de las damas y considerando obsceno que un caballero pudiese contemplar el tobillo de una señora. 

Por antonomasia, al estilo de crinolina o miriñaque es al que, por extensión, se conoce como "moda victoriana" aunque también se le puede llamar "vestido de la Guerra Civil Americana" (recuérdese "Lo que el viento se llevó"). 

El traje de día suele ser más sobrio mientras que el de noche se llena de volantes, encajes y sobrefaldas. Los escotes más de moda son los de barco aunque también son estilosos en pico o los redondeados. Los colores para las jóvenes suelen ser cremosos o cálidos, para las casadas más oscuros, pues en bailes y teatros, era a las doncellas a quienes debía verse más para atraer a posibles partidos. 

Paulativamente, alrededor de 1865-68 la cola de las crinolinas comienza a ser más abultada y surge la crinolina elíptica que comienza a sustituir a la redonda. En dos años, ya para la década de 1870, a la par que modistas, sastres y casas de moda se adaptan a los nuevos cambios cada vez más ligeros en la moda femenina, surge el polisón

Se trata de otro armazón cuya vigencia acabará hacia 1890 y en cuyos 20 años de imperio, logrará pasar por cuatro estilos diferentes (primer polisón, Natural Form o "estilo princesa", segundo polisón y Hourglass), cada uno con unas características bien diferenciadas.  


 Este nuevo estilo permitía la silueta de un reloj de arena pero con la falda no tan abullonada, permitiendo "forrar" a la mujer en una segunda piel. Los cuerpos se ajustan cada vez más y las faldas se estrechan, marcando busto y caderas. Surgen nuevos colores como el morado, tan de moda en estos años. Con el polisón surge también el traje de una sola pieza, totalmente abotonado por delante. Los peinados se llenan de postizos, trenzas y roscas imposibles que cubren con sombreros de múltiples formas con todo tipo de abalorios sobre ellos. Se abaratan los costes de la indumentaria, surgen los trajes industriales, realizados a máquina y de manera serial (para poderse comercializar), lo que ya no lo convierte en un producto de lujo y exclusivo. La etiqueta exige además que las damas mantengan un traje de mañana para estar por casa, un traje de visita, otro de paseo, el de montar a caballo, el de tarde, el de baile y el de noche (para cena y teatro). 

Los materiales utilizados son bordados, satenes, terciopelos y sedas para los trajes más elegantes y lana y algodón para los de diario. 

Cansados ya de una moda que impedía libertad de movimientos y unido a los alzamientos de sufragismo e independencia de la mujer, la moda femenina exige que el cuerpo se emancipe del armazón y vuelva a llevar sólo una enagua bajo la falda. Es lo que sucede a partir de 1890


El deseo de poder realizar algunos deportes al aire libre como montar en bicicleta o jugar al tenis provoca que algunas comiencen a utilizar pantalones o bloomers (creados por Amelia Bloomer en la década de 1860) para escándalo aún de una sociedad puritana. Las faldas se hacen sencillas, sin apenas adorno las del día y con un cuerpo de mangas abullonadas y cuello muy cerrado. La cabeza se cubre con un moño sencillo y un sombrero de ala corta y plana o canotier. Hacia 1890 surge el traje sastre, compuesto de tres piezas (falda recta que ya permite ver los botines, camisa y chaqueta) que ya antecede la moda eduardiana que será la que cruce al siglo XX y la que da lugar a la Belle Epoque de 1900. 

No debemos olvidar que junto a esta evolución de la moda, existen complementos que acompañan a la dama a lo largo de todo este siglo: el abanico (llamado "imperceptible" en época Imperio debido a su tamaño), el bolso (llamado "ridículo" en época Imperio también debido a su tamaño) y la sombrilla. Por último, nos gustaría recordar que la moda infantil sigue los mismos patrones que la adulta pero en miniatura, de manera que las niñas visten a lo largo del siglo XIX como sus madres pero de una manera más sencilla. También ellas llevan sus corsés, sus enaguas, pololos, chemisses y naturalmente en la época de la crinolina y polisón, sus armazones correspondientes. El imperio de la moda llega así hasta todas las edades y estratos sociales. 

martes, 26 de mayo de 2015

Exposición: La moda en tiempos de Galdós

Exposición en Gran Canaria
Abril - Julio 2015


     Si tenéis la suerte de vivir en Gran Canaria; o si vais a disfrutar de unos días de vacaciones allí, hay una exposición que os puede resultar interesante






      Hasta el 19 de julio se expondrán una docena de trajes, tanto masculinos como femeninos, y otros artículos, como sombreros y diversos complementos, para acercar al público aspectos de la vida cotidiana de la burguesía de la época en la que vivió el autor.

     Natural de Gran Canaria, Benito María de los Dolores Pérez Galdós nació en 1843 y es considerado uno de los mejores representantes de la novela realista española del S.XIX.
Ganador del Premio Nobel en 1912 falleció en Madrid en 1920.







     Los trajes expuestos no son piezas originales;  forman parte del vestuario de varias producciones de teatro, ópera y cine como "Prim, el asesinato de la calle del Turco"







     La exposición recoge un periodo bastante amplio, desde la década de 1840 a 1850 hasta 1914, lo cual nos permite hacer un recorrido por los cambio en la moda del S.XIX



                                   



viernes, 10 de enero de 2014

Colecciones privadas de indumentaria histórica (II)

Esta entrada, continuación de la anterior, también se la agradecemos a @HistoriaTejidos y a su blog sin cuyo post hablándonos de nuestro próximo protagonista, no se hubiese podido escribir éste.
 
Siguiendo en las colecciones privadas de indumentaria histórica, hoy nos toca hablar de Alexandre Vassiliev, un hombre polifacético, autor de más de una veintena de libros, profesor, diseñador y coleccionista de prendas textiles de los siglos XVIII, XIX y XX con las que llega a sumar más de 10.000 piezas entre trajes, fotografías antiguas, complementos y accesorios. Ha participado en numerosas exposiciones a lo largo de toda Europa (desgraciadamente su colección no ha viajado a España) con diversas temáticas: 1900 el nuevo siglo, la era victoriana, la moda rusa...

 









 
Comenzó su colección a los 16 años y a lo largo de diferentes adquisiciones durante años, ha podido reunir esta magnífica muestra de textiles. Trasladado a París, donde trabaja, su colección dispone de un grupo de restauradores y conservadores que mantienen las prendas en perfecto estado medioambiental, con unas condiciones óptimas de temperatura, iluminación y humedad relativa.
 
Hoy en día, parte de su colección se encuentra en Lituania, en la "Fundación Alexandre Vassiliev" pero su deseo es abrir un Museo de la Moda que permita a los visitantes poder admirar en una institución fija sus tesoros textiles de época.
 
Desde aquí le deseamos mucha suerte para esa empresa y deseamos poder contemplar su colección pronto.  

viernes, 3 de enero de 2014

Colecciones privadas de indumentaria histórica (I)

Hace poco y gracias a @ModaTejidos y su blog conocimos el nombre de dos coleccionistas de ropa antigua que nos dejaron sorprendidos. Empezaremos a hablar de la primera: Ana González Moro.
En España y por desgracia, es difícil encontrar colecciones de indumentaria más allá que la que se concentran en los museos: el Sorolla tiene algo, el González Martí, el Artes Decorativas, el Museo del Romanticismo, el Arqueológico Nacional... pero sobre todo son tres los que tienen las colecciones más estupendas de nuestro país: el de las telas medievales en el monasterio de las Huelgas (Burgos) con unos ejemplos únicos de los siglos XII y XIII; el museo textil y de la Indumentaria (Barcelona) que concentra un número singular de trajes de los siglos XVIII y XIX y el Museo del Traje (Madrid).
No obstante hoy os vamos a hablar de una señora que ha ido reuniendo con los años una colección excepcional que abarca aproximadamente 100 años de moda: desde 1850 a 1950. Doña Ana González Moro, de Santiago de Tenerife, ha reunido gracias a adquisiciones, regalos y herencias de su familia una vasta colección de prendas de época y accesorios que abarca ropa femenina, masculina y también infantil.
 

















La colección es muy completa y amplia, no teniendo nada que envidiar a la de las colecciones públicas y gozando de una conservación envidiable. Su gusto por estos textiles antiguos le han proporcionado atesorar prendas difíciles de obtener en el mercado y de ver en exposiciones, como son los vestidos de novia antiguos, pantalones masculinos del siglo XIX y armazones que hayan sobrevivido a las distintas modas. La colección de Doña Ana alberga estas piezas y muchas más.

Os aconsejamos que sigáis su fantástico blog sobre Moda y Cocina en el que ella misma narra su pasión por la moda antigua y las exposiciones en las que participa con su colección.











En el 2008, en Santa Cruz de Tenerife se organizó una sobre "Las novias" donde presentaba los trajes antiguos de boda, así como complementos y ropa interior.  En La Laguna, en diciembre del 2009, se expuso "Moda entre dos siglos: 1850 - 1950" y en el 2010 colaboró en "Los sentidos del niño: infancia y sociedad en el arte".


Gracias a su iniciativa y generosidad podemos contemplar este patrimonio textil en exposiciones y disfrutar todos de esta colección pionera en nuestro país. Esperemos que a su ejemplo le sigan otros. 
Agradecimientos:
Ana González Moro Vela, la propietaria de la colección
Javier Arteaga Hernández y Carlos Federico Beautell por las fotografías
Karin Wachtendorff por su excelente artículo y por darnos a conocer a esta coleccionista tan extraordinaria.

miércoles, 20 de noviembre de 2013

Vestuario de la serie "Isabel"

Como ya hizo el Museo del Traje en Madrid con "Ágora" (2009) de Alejandro Amenábar y con "Lope" (2010) de Andrucha Waddington, hasta el 8 de diciembre se puede contemplar en las salas de exposición temporal del citado museo, una muestra del vestuario usado en la serie de ambientación medieval "Isabel", producida por televisión española.  
 
 
El vestuario refleja de manera cuidadosa la indumentaria de la época gracias a un profundo estudio de la documentación que se conserva de aquella época. Para ello, el equipo de vestuario se ha valido de historiadores que aconsejan sobre la manera de vestir a los personajes, así como profesionales del arte y de la indumentaria que asesoran acerca de qué materiales se usaban con más frecuencia, colores y motivos decorativos.
 
Los creadores de la indumentaria han sido Pepe Reyes y Natacha Gallardo, de la empresa de diseño de vestuario Look Art, quienes también han trabajado para otras series históricas como "La señora" o 14 de abril, la república", ambas también para TVE.

 
La exposición del Museo del Traje no sólo recoge la indumentaria de Isabel y Fernando, "los Reyes Católicos", sino de personajes que les rodean a lo largo de los capítulos como Chacón, Gonzalo Fernández de Córdoba, Boabdil, Carrillo, Pacheco o Aixa.


Para realizar el vestuario, que en la exposición puede verse a grandes rasgos en dos bloques diferenciados poniendo de relieve el mundo cristiano y por otro lado, el musulmán, los diseñadores han contado con diversos recursos:
 
1) por un lado con el trabajo de artesanos del cuero, del armiño (a la reina Isabel le gustaba mucho utilizar esa piel y la serie lo refleja) y de la joyería (como Luis Valencia)
 
2) por otro lado con la visita comercial a Marruecos para adquirir tejidos con clara inspiración oriental con la que luego trabajar en España a través de bordados o tintes para obtener el resultado deseado.


3) Y por último con la visita a anticuarios especializados para adquirir alguna que otra prenda con la que completar el inmenso vestuario que muestra la serie.

 La exposición reúne más de 30 piezas representativas de la primera y segunda temporada, incluyendo vestidos emblemáticos como el traje que llevó Isabel en su boda con Fernando, en su coronación o en la rendición de Granada.



 











La indumentaria otorga credibilidad a los personajes aunque entre el rigor histórico y la estética muchas veces se permiten algunas licencias que por iluminación o para realzar un personaje, es necesario. No obstante, el vestuario de "Isabel" ha recibido el premio "Iris de la Academia de las Ciencias y de las Artes de Televisión" (ATV) a la "Dirección de Arte y escenografía" en su última edición del 2013.

No perdáis la oportunidad de admirar de cerca estos trajes que con tanto esmero se han realizado y que, sin duda, no les falta detalle.

Texto extraído de la Nota de prensa facilitada por el Museo del Traje.
Fotografías realizadas por ©Pepe Reyes, ©Javier de Agustín y ©Museo del Traje CIPE.

domingo, 2 de junio de 2013

La evolución de la moda masculina en el siglo XIX

La moda femenina en lugar de volverse cómoda y práctica, se convirtió en un tormento. Sin embargo, la moda masculina acusaría en todo el siglo XIX el camino opuesto a la moda femenina: el paso de la ostentación a la simpleza. ¡Punto para los chicos, porque la moda masculina del siglo XIX es evolución antes que moda retro!
 

Las chaquetas con solapas que se usaban a fines del siglo XVIII darían paso desde 1780 al frac, al redingote, a la levita etc, tomando como inspiración la rigidez de los trajes militares, lo que significó la desaparición de las enormes bocamangas de los puños.


Las solapas de estos trajes serían muy grandes a inicios de siglo (incluso los chalecos tenían enormes solapas que sobresalían)  pero se fueron reduciendo progresivamente.
 
El chaleco deriva de la chupa, que era una especie de saco interior con faldón que llegaba a las rodillas, casi siempre sin mangas. El chaleco, cuando apareció en los primeros años de 1800, tendría corte severamente recto justo donde empieza el ombligo, y no taparía las ingles de los varones sino hasta 1840, aproximadamente. 


Los pantalones de la edad contemporánea surgen a partir de la Revolución Francesa  (los sans culottes los implantaron como signo de abolición del antiguo régimen) pero no se hicieron populares sino a partir de 1815 aproximadamente, aunque las calzas aguantaron hasta muy entrada la mitad de la década 1820, en las clases altas.
 
A inicios del siglo la figura del “incroyable” (increíble) francés y del “elegante” español acusan pantalones la mar de ceñidos, que se ajustaban completamente a la forma de la pierna, corbatas que tapaban la barbilla, chalecos y fracs entallados con faldón posterior y algunas extravagancias como el cabello largo en mechones desordenados (“orejas de perro”) y el “bastón nudoso” (parecía simplemente una rama desgajada de un árbol).
 
El “incroyable” fue la moda de los “contrarrevolucionarios” franceses, pero también la moda de la época del “Directorio” (su contraparte femenina fue la “merveilleuse”/“maravillosa” que usaba los escandalosos, por lo transparentes, vestidos de muselina de talle alto).


Si se investigan las pinturas, encontrarán que algunos pantalones “de baile” de la década 1820 dejan ver ampliamente la parte de la pierna a partir de la base de la pantorrilla para abajo y tienen una graciosa caída recta ligeramente ancha, como la moda juvenil de hace pocos años; se usaban con medias largas, a menudo bordadas y siempre visibles.
 
En toda la década de 1820 y los primeros años de la década 1830 se generalizaron unos pantalones tan ceñidos como las mayas de lycra (y no lo hubiese creído nunca de no haber visto un daguerrotipo, es decir, una fotografía primitiva de esos tiempos); como defensa debo decir que con botas altas la cosa no era tan desagradable, tanto como con el calzado masculino de ese período que dejaba a la vista el empeine. 




Para 1835 los pantalones ya  eran casi como los  actuales, aunque todavía muy rectos y entallados (pero ya no como mayas).
 

El redingote se impone a partir de 1830 , y la levita (usada ya en el siglo XVIII) abierta por delante y con el vuelo del talle para atrás, dominará la segunda mitad del siglo XIX hasta 1890. En sus inicios, en 1830, el redingote imitaba la línea del vestido femenino: de falda acampanada y talle estrecho. 






Más o menos por los años 1840 el entallado de la ropa masculina cedería para darle a la figura masculina   un aire más grave. El redingote con falda en forma de campana desaparece en esta década. Las camisas no eran como las de hoy, con una hilera delantera de botones, sino que en la parte del pecho tenían unos cordoncillos para cerrarlas, y el cuello y los puños eran piezas aparte que se abotonaban (esto último, hasta los primeros años de 1920).







La rigidez de los cuellos de la  camisa, por lo general almidonados, acabarían en la hasta hoy clásica “pajarita.”


 
 
 
 
 
 
 
El calzado común de la segunda mitad de este siglo que nos ocupa serían botines y botas, sobre las cuales, para salir a la calle, se usaban  “escarpines” (para no  ensuciarse, porque las calles de esos tiempos eran de causar asco). 
 
De todas estas modas solo el frac (en sus múltiples variantes) y la camisa con cuello “pajarita” han sobrevivido hasta hoy, usados como vestimenta para reuniones muy formales, aunque un “revival” del redingote y la levita de solapas anchas llegó en los años sesenta, de la mano de los cantantes de rock, como la apariencia de los Rolling Stones en sus inicios.
 
A propósito ¿saben cómo y en qué época aparecieron los pantalones de bota ancha, acampanados y pie de elefante? No fue en los setenta, sino a principios del siglo XIX, y por obra y gracia de los marinos estadounidenses de la época. Para que vean.