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jueves, 14 de noviembre de 2019

Recreación histórica en Toledo

En su deliciosa zarzuela El huésped del Sevillano, Enrique Reoyo y Juan Ignacio Luca de Tena ponían en boca de Cervantes aquel maravilloso monólogo que concluía con un sonoro: “Dichoso aquel que fuera español y toledano”. Siguiendo los pasos del Gótico flamígero de San Juan de los Reyes, pasando por la mezcla de culturas en las sinagogas de Santa María la Blanca y El Tránsito, contemplando los famosos cuadros de El Greco que tanto admiraron los noventayochistas, pisando las mismas calles que los personajes de las famosas leyendas de Bécquer o perdiéndonos en las sombras de los Cobertizos, los anacrónicos nos disponemos a salir en busca de la casa de Santa Teresa de Jesús, de la Catedral de La ajorca de oro, de la Plaza de Zocodover y el Arco de la Sangre.

Para ello, hemos organizado una visita a Toledo el fin de semana del 15 y el 16 de noviembre de 2019. El viernes 15, algunos de nosotros iremos al colegio Nuestra Señora de los Infantes, declarado recientemente el más antiguo de España, para dar una charlas y acercar el siglo XIX a los alumnos de Educación Secundaria.

El sábado 16, pasaremos la mañana paseando por Toledo y visitando alguno de los monumentos y museos más importantes de la ciudad. Comeremos en el Casco Antiguo y disfrutaremos de los entresijos de la Ciudad Imperial. ¡Os esperamos!

lunes, 25 de marzo de 2019

El reloj de bolsillo, complemento ideal para el caballero


El reloj de bolsillo es un complemento que ha acompañado al caballero en la historia moderna y contemporánea. Surgido en el siglo XV, en s. XVIII dejó de ser un elemento exclusivo para producirse en masa, siendo el siglo XIX su época de esplendor. Se colocaba en el bolsillo del chaleco, a veces con leontina (cadena) o sin ella.

A continuación os hablamos de tres de las tipologías que se pusieron más de moda:

Saboneta: Es el reloj de bolsillo cuya esfera va cubierta con una tapa articulada. Para cada lectura hay que abrir y cerrar la tapa con un botón que lleva en la corona. 

 Media saboneta: Se dice que fue Napoleón Bonaparte, que se ponía enfermo con las pérdidas de tiempo que le producía la minucia de abrir la tapa del reloj cada vez que tenía que ver la hora, a quien se le ocurrió la idea de abrir un hueco en la tapa dando lugar a la “medio saboneta”, que en Francia se llama también “reloj Napoleón”.

Lepine: Reloj de bolsillo sin saboneta, sin protección del cristal y la esfera.



viernes, 3 de julio de 2015

El luto en el S.XIX

En una sociedad tan rígida y llena de convenciones como la del  S.XIX, la expresión del dolor por un ser querido no escapaba a una serie de normas y rituales, que cualquier persona educada y cristiana debía seguir estrictamente.
 
La muerte estaba muy presente en el día a día, el porcentaje de mortalidad infantil era altísimo y la expectativa de vida era sólo de 42 años.
 
Tan grande era el protocolo  a seguir, que se editaron por toda Europa gran cantidad de manuales, donde se especificaban las normas a cumplir.
 
Aunque los romanos utilizaban túnicas negras o de colores oscuros para expresar el dolor por la pérdida de un ser querido, fueron una serie de leyes y normas promulgadas por los Reyes Católicos las que regularon el luto en España. A raíz de la muerte del príncipe Juan en 1497, Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón  ordenaron la Pragmática de Luto y Cera, por la cual, el luto debía representarse con el color negro. Anteriormente a esta pragmática, el luto era de color blanco. Tan estrictas eran esas normas que hubo que reprobarlo en el Concilio de Toledo; y en 1729, Felipe V definió una nueva pragmática más “relajada”.

 


En el siglo XIX la mujer era considerada “el ángel del hogar” y su actividad básicamente se centraba en el cuidado de los hijos y de la residencia familiar. Supeditada al marido, padre, o hermano, el luto femenino siempre fue más severo que el masculino.
 
En 1861 ocurrieron dos desgracias en Inglaterra que marcarían las normas del luto a partir de la segunda mitad del S.XIX. En este año murió la Reina Madre  y poco después el príncipe  Alberto marido de la Reina Victoria. La corte se sumió en un riguroso luto, que la reina prolongó hasta su muerte cuarenta años después.
 

 


La duración del luto variaba según el grado de consanguinidad con el difunto. La costumbre más general es de un año o dos por los esposos, padres e hijos; seis meses al menos por abuelos y hermanos; tres por tíos o sobrinos, y uno por parientes más distantes.
 
Por regla general el luto se dividía en cuatro periodos:
 
Primer periodo de luto o luto riguroso: usado por un año y un día.
 
La ropa debía de ser de género opaco y sin adornos excepto el crepe.
 
La mujer de clase alta podía seguir la moda, pero siempre usando tejidos de seda o lana.
 
El rasgo más distintivo de este periodo era el largo velo de crepe negro que llegaba a la altura de la cintura o las rodillas. También debían usar un bonete.
 
No se usaban adornos o joyas, excepto si eran de ebonita, azabache, vidrio (negro) o joyas hechas con el pelo del propio difunto.
 
La mujer sólo podía dejar su hogar para ir a la iglesia o visitar familiares directos.
 
Si la mujer tenía hijos pequeños a los que cuidar y carecía de ingresos, se permitía un nuevo matrimonio después de este periodo.
 
Segundo periodo de luto: duraba 6 meses.
 
El bonete se puede adornar con flores o cintas blancas o negras y el velo de crepe se acorta y se puede usar levantado sobre la cabeza
 
Tercer periodo de luto: duraba entre 3 y 6 meses.
 
Los adornos de crepe se reemplazaban con adornos de seda negra, cinta negra y encaje. El velo se acortaba aún más y se podía dejar de utilizar, al igual que el bonete.
 
Cuarto Periodo de Luto o alivio de luto: duraba seis meses
 
Los trajes podían ser diseñados a la última moda, sólo tenían que ser hechos con colores de medio luto como el gris, violeta, lila malva y blanco.
 
El viudo sólo tenía un periodo de luto. Éste duraba entre seis meses a un año. Podía continuar su vida normal trabajar, e incluso podía volver a casarse.

Los niños llevan luto blanco hasta los siete años. De siete a diecisiete años se combinaba el blanco con adornos negros en el verano y gris con adornos negros en invierno. Una muchacha era considerada mujer a los 17 años y debía usar luto riguroso si un familiar moría.

El duelo impedía asistir a eventos de placer mundano como fiestas. Durante el periodo de luto riguroso no se recibían ni se devolvían visitas domiciliarias, excepto las de pésame durante los primeros días.
 




La persona que estaba de luto debía utilizar tarjetas, papel y sobres de luto con franja negra. Cuando el luto finalizaba, y se quería reintegrarse en la sociedad, se debían dejar tarjetas a los amigos y conocidos avisando de que se podía recibir y hacer visitas.
 
Con la muerte tan presente en el día a día, la visita a los cementerios era obligatoria y las familias gastaban todo lo que podían para conseguir las mejores sepulturas. Los monumentos eran generalmente simbólicos, ya sean religiosos (cruces, ángeles), símbolos de la profesión del difunto (espadas para un general, brocha para un pintor) o símbolos de muerte.

Entorno a los funerales también existían multitud de supersticiones: Las embarazadas no debían asistir a los funerales. Se cubrían los espejos de las casas por la creencia de que el espíritu del difunto quedaba atrapado en ellos. Los relojes se paraban en la habitación donde ocurría el fallecimiento. No se estrenaba ninguna prenda en los funerales, pues se creía que traía mala suerte, especialmente estrenar zapatos.
 
Las carrozas fúnebres y los caballos eran adornados con plumas negras de avestruz, salvo si se trataba de un niño, que entonces eran blancas, al igual que el ataúd.
 
Por otra parte el funeral de una persona pobre, tenía que ser en domingo, único día en que no se trabajaba. Sin embargo si la familia no tenía ahorrado el dinero para poder efectuar el funeral en domingo, después de la muerte, el cadáver debía permanecer en la casa hasta el siguiente domingo.
Con la muerte de la Reina Victoria en 1901 y el inicio del periodo eduardiano, las costumbres en el luto se fueron relajando. Aunque en España siguieron conservándose bastante arraigadas hasta bien entrada la década de los años sesenta.

Para saber más:
http://museodeltraje.mcu.es/popups/06-2008.pdf

martes, 9 de junio de 2015

Muerte por corsé

A todos nos viene la imagen del corsé y enseguida la relacionamos con el siglo XIX y con esas cinturas tan apretadas que llegaron a tener las damas. Durante el Londres victoriano se hizo muy popular una revista llamada Police News que, mezclando texto con imágenes, narraba sucesos morbosos que habían sucedido recientemente como el de "La muerte por el nudo apretado" que a continuación traducimos para nuestros lectores:


Muerte por nudo apretado

Sería imposible realizar algo parecido a una estimación acertada de las miles de personas que han caído víctimas de la odiosa moda del nudo apretado. Una triste muestra de esta perniciosa práctica tuvo lugar en New Town el sábado por la noche. Dorothea, la hija mayor de  Don Vincent Posthelthwaite (un respetadísimo y rico mercader de New Town), murió de repente en un baile celebrado en la casa de su padre. Mientras bailaba con un joven caballero con el que estaba prometida, vio su compañero como se quedaba pálida y jadeaba espasmódicamente en busca de aire; Se tambaleó durante unos poco segundos y cayó. La impresión general fue que se había desmayado. Los restaurativos fueron aplicados sin producir el efecto esperado. Un doctor fue enviado, quien tras examinar a la paciente, afirmó la muerte de la desdichada dama.

La consternación de la familia y de los invitados puede imaginarse con facilidad, la cual no mejoró ni por asomo cuando el señor médico declaró que Miss Posthelthwaite no había muerto sino por un nudo apretado. La actividad del corazón había sido impedida, la emoción y el esfuerzo, bajo las circunstancias, un esfuerzo excesivo para el organismo y por tanto muerte súbita.

Nuestro artista nos ha provisto de una imagen que siendo suficientemente explícita por sí misma, no necesita comentarios. Muchos de nuestros buenos lectores no tendrán pérdida descifrando su significado y harán bien teniendo cuidado en lo sucesivo.  



sábado, 3 de enero de 2015

Harrod's: ese gran emporio del siglo XIX que pervive hasta nuestros días

Harrod's fue uno de los primeros grandes almacenes surgidos en el siglo XIX y uno de los más importantes de la época. Surgió en base a una pequeña tienda de ultramarinos situada en el Oeste de Londres (se trataba de una serie de almacenes individuales unidos entre sí en Brompton Road) y que Charles Digby Harrod heredó de su padre.

Gracias al empujón de la Gran Exposición de 1851, el comercio de calidad se trasladó a la zona de West End, dónde se ubicaba dicho almacén. Por ello ya en 1868 empleaba a 5 vendedores y tenía una facturación semanal de 1.000 libras, y en 1880 a 100. Cuando en 1889 se creó la Sociedad Anónima contaba ya con 140.000 libras esterlinas.
 
 

Harrod´s fue además uno de los primeros almacenes que abogó por los derechos de sus trabajadores, sobre todo tras la contratación de Richard Burdidge quien, estableció una jornada laboral de 7 horas con un descanso semanal los jueves a partir de las cuatro de la tarde. Hasta entonces las jornadas laborales se alargaban de lunes a domingo de 6/8 de la mañana (dependiendo del lugar) hasta las 10 de la noche, a excepción de los sábados en los que la jornada se alargaba hasta medianoche (horarios de los trabajadores de mercerías). Todo ello incluso antes de que en torno a 1894 se aprobara en el Parlamento la “Ley sobre horas de trabajo en los almacenes”, por la cual se prohibía el empleo de jóvenes más allá de 74 horas por semana.

No fue únicamente precursor en cuestiones laborales si no también en otros aspectos como la instalación de escaparates hacia la calle alumbrados con luz de gas que dejaban encendidos toda la noche y en 1898 instaló una escalera eléctrica a la vez que cajas registradoras, luz eléctrica…
 
 

A pesar de todo su éxito, el señor Harrod era poco dado a la publicidad; había puesto anuncios en prensa, había repartido octavillas y en 1870 había impreso su primer catálogo pero siempre se negó con rotundidad a anunciar su almacén con hombres-sandwich o pregoneros.

Sin embargo, su éxito pronto le derivó a un gran problema, la expansión. Ya que la desmesurada urbanización le había reducido las posibilidades de comprar los terrenos adyacentes para expandirse por lo que opto por hacerlo a lo alto, así en 1873 añadió dos pisos más a la estructura original (de esta forma evitaba también el aumento de los impuestos).
 

Ofrecía productos de buena calidad que atraían a gente acomodada, además cada producto venía etiquetado con un precio fijo y si no satisfacía al cliente se le reembolsaba el dinero o se le cambiaba el producto. Por otra parte vendía entre un 15 y un 20 % más barato que los pequeños comercios y cada determinado tiempo hacían saldos (duraban entre cuatro y seis semanas) para deshacerse de los stocks. Incluso llegó a establecer un sistema de crédito para gente de confianza. Además, todo aquello que se compraba en los almacenes era enviado a la casa del comprador al día siguiente.
 

Dichos productos se colocaban en estanterías a las que el cliente tenía acceso por lo que, el vendedor ya no iba al cliente, el cliente iba al vendedor cuando tenía una duda.

En el catálogo de 1895 contaba ya con más de 75 secciones desde los primigenios ultramarinos al salón de peluquería, pasando por el alquiler de coches o la oficina de empleados del hogar.


Fuente: CHARLOT, M./ MARX, C. (Dir). : “ Londres 1851-1901”. La era victoriana o el triunfo de las desigualdades”. Editorial: Alianza.

jueves, 2 de octubre de 2014

La niebla londinense

Según la mayoría de los cronistas victorianos, la niebla solía mantenerse a unos 6 ó 7 metros sobre el nivel del suelo, aunque de vez en cuando bajaba en forma de nube espesa y oscura que impedía totalmente la visibilidad. Por ejemplo en el año 1873 se produjeron 19 muertes de viandantes por causa de la misma, ya fuera porque cayeran al Thames, a los diferentes canales o fueran atropellados.

El mes más neblinoso del año solía ser Noviembre mientras que la década que más días de niebla presentó fue la de 1880.
 
 

El tema de la niebla era tan importante que llegó a hacerse una clasificación de la niebla según densidad y color. Así encontrábamos un importante abanico de estratos desde el gris más claro hasta el negro casi total, en el intermedio podíamos encontrar tonalidades de color café (con más o menos cantidad de leche), variantes del verde botella e incluso brumas naranjas o amarillas que solían ser las más ahogantes.

La tonalidad de la niebla al igual que su densidad podían variar a lo largo del día pero, había algo que siempre se mantenía… la niebla se iba haciendo cada vez más oscura y espesa a medida que el viandante se acercaba al centro de la City.

Fragmento extraído de: TOURNIER, P.: “ Londres. Las claves de su historia”. Colección: Ciudades en el tiempo. Ed.: Robinbook. Barcelona. 2001

viernes, 19 de septiembre de 2014

Modales para caballeros decimonónicos en el teatro

Los teatros absorben una gran parte de la población de las capitales. Los italianos, ingleses y franceses van siempre en invierno, de manera que hé aquí una serie de consejos para caballeros sobre cómo comportarse en el teatro.

Un buen melodrama, una pieza nueva, hacen que se coma deprisa, y no pocas veces sucede apresurarse por un drama ridículo; pero no se desea ver la pieza, sino al actor o a la actriz que en él brillan.


Si tenéis un palco para señoras, estad seguros de que agradaréis si podéis acompañarlas si no tienen otro caballero; pero en una cosa, al parecer, tan simple como la de conducir señoras al teatro, hay ciertas diferencias de hombres; porque un necio no sabe acompañar a una señora a la comedia como un hombre de talento.

Si disponéis de la elección de sitio, hacedlo con gusto y discernimiento; y si estáis mano a mano, colocaos de manera que podáis ver, más bien que ser visto. Nada se gana en presentarse cara al público sino los goces del amor propio. Si conducís a varias señoras jóvenes y bonitas, ponedlas a todas por delante; las mujeres gustan de ser vistas, y el murmullo lisonjero que excita su belleza al presentarse en el palco, es más agradable a su oído que las consonancias más melodiosas de Rossini, y la cavatina más graciosa cantada por la Albini o por Galli.


No diremos tampoco que sea preciso dar a las señoras los asientos de delante; esto es sabido; pero si procurarles el anuncio de la comedia para que puedan ver los nombres de los actores y papeles de que están encargados.

Cuando un hombre ocupa la delantera de un palco y llegan señoras, sean las que fuesen, debe cederlas su sitio y pasarse atrás, porque aunque esto haga perder a un aficionado la vista de alguna parte de los movimientos de los actores, se debe este corto sacrificio a la belleza y al sexo.


No se debe hablar jamás en la comedia de modo que se distraiga la atención de los espectadores, y se merezcan los chis, chis, de los inmediatos; tampoco se debe dar la espalda al público porque os reputaría por un actor de que estuviese descontento.

Hay personas que recitan los versos que va a decir el actor precediéndole en uno o dos; no hay cosa más pesada que ésta y aunque haya razones para quejarse de la mediocridad de los actores, se puede apostar ciento contra uno a que iguales recitadores lo hacen mucho peor que ellos.

Si lleváis a la comedia señoras que no hayan visto la pieza que se representa, no las expliquéis ni las digáis nada, "ahora va a suceder esto", "o tal personaje entrará en la escena", "tal actriz va a salir", "esta es la intriga o el desenlace de esta manera"; esto es arrebatarles todo el placer de la representación, como diciendo: escúchenme Vds. lo que yo les explique, porque no son Vds. capaces de comprenderlo.


En otro tiempo se palmoteaba francamente al actor de talento; pero hoy, el amor propio de estos señores ha tomado un rumbo muy seguro para adquirirse los honores sin el trabajo de merecerlo.
 
Los teatros tienen sus apasionados; éstos se reúnen en los sitios más preferentes y forman una guerra exclusiva, y el artista moderno aguarda pacientemente la tronada de los aplausos para proseguir su papel; pero aunque este premio lisonjero sea debido al talento, acostumbraos a no palmotear jamás. Bien veo que se me dirá que es muy penoso no manifestar su satisfacción al actor que acaba de alegrarnos o enternecernos; pero la falta ésta, respecto a un hombre sensato, en las intrigas que suele haber en el particular para no querer confundirse con los aplaudidores asalariados.

El uso más fino que el del palmoteo es el decir: "bravo, muy bravo, bravísimo, y muy bien, grandemente".

Fuente: Protocolo.org

domingo, 31 de agosto de 2014

La prostitución en el Londres victoriano

La prostitución en el Londres decimonónico era algo de lo más habitual, llegándose a calcular un número de 2.000 mujeres dedicadas a ello en los barrios bajos, y ya en torno los años cincuenta, las estadísticas policiales llegaron a contabilizar hasta 8.600 (lejos de la cifra dada por la prensa que rondaba las 120.000). Sin embargo la clandestinidad implícita del acto provocará que el número total de prostitutas sea desconocido.



La mayoría de estas prostitutas eran mujeres de muy diversa nacionalidad (aunque predominaban las alemanas y las irlandesas, sobre todo en el ejército), y se dedicaban a ello exclusiva o parcialmente (muchas mujeres se dedicaban a la prostitución después de finalizar su horario laboral, y eran conocidas como las dollymops). Y a pesar de lo que se pensaba en la época, la mayor parte de ellas se dedicaban a ello por placer. Ya que los salarios de la mayor parte de los trabajos eran excesivamente bajos, las costumbres ligeras (entre las clases bajas, el sexo no estaba tan mal visto por lo que una vez comenzaban, y descubrían que ganaban más dinero, no lo abandonaban), la vanidad (era la única forma de lograr vestidos que no fueran de sarga o complementos de todo tipo), los empleos sedentarios combinados con la falta de ejercicio físico y finalmente la ausencia, en la mayoría de los casos, de cualquier tipo de atención por parte de los padres, las llevaba a dedicarse a la prostitución.


Muchas de ellas, comenzaban prostituyéndose en las calles con una clara ansia de promoción social. La gran mayoría no lo lograba pero, anhelaban como un sueño, repetir las andanzas de la obra de “la Quilla”, en la que la hija de un marinero irlandés de Liverpool seducía al marqués de Harlington, al duque de Devonshire (quien la instaló en una casa en Mayfair), a Sir Edwin Landser y a Alfred Austin. Prostitutas conocidas por casarse con un aristócrata fueron Laura Bell, Agnes Willoughby y Kate Cook. Pero la realidad era que la mayor parte de las prostitutas no tenían dinero casi ni para subsistir.


Solían ubicarse sobre todo en los barrios más pobres del West End, destacando sobre todo Whitechapel, aunque también podíamos encontrarlas cerca de teatros, centros de ocio masculinos, y en burdeles de mejor o peor categoría. Cada noche podían llegarse a juntar hasta más de 500 más allá de Regent Street. Es más, a partir de las tres de la tarde, era casi imposible que una mujer honesta bajara de Haymarket hasta el Strand.

Iban excesivamente maquilladas, con mucho colorete y polvos en la cara, vestidos parecidos a los de las damas pero de colores más chillones y de telas más baratas (aparte de que esos vestidos solían estar sucios). Llevaban sombreros con plumas exageradas y la ropa interior utilizada era reducida a la más mínima expresión.


De todas formas muchas mujeres ejercían la prostitución en contra de su voluntad, por lo general en burdeles o casas, y muchas de ellas sin haber alcanzado siquiera la edad núbil, ya fuera por haber sido vendidas, entregadas como pago o por haber sido seducidas (aunque tan sólo un 4 % se podrían enclavar en esta categoría según Merrick). En este tipo de burdeles se tendían a hacer subastas de estas mujeres, siendo las que mayores precios obtenían las niñas vírgenes que no habían alcanzado la edad núbil.


Una gran fuente de información para hacernos una idea más clara, fue la obra llevada a cabo por el Reverendo G.P. Merrick, capellán en la prisión de Millbank, en 1890. Calculó que más del 90 % de las prostitutas encarceladas eran hijas de obreros semi o no especializados, y más de la mitad de ellas había trabajado como criada.

Ya refiriéndonos a las prostitutas acogidas en los centros de caridad, podría decirse que más o menos el 60 % vienen de familias monoparentales, ya fuera por muerte de uno de los progenitores o a que se desconociera el padre. Y la edad media a la que se declaraba haber perdido la virginidad era a los 16 (pero tan sólo entre las anglicanas que sabían leer y escribir). Aunque lo normal es que una mujer comenzara a dedicarse a la prostitución a partir de los 18 – 19 años.

 
La legislación, cada vez más represiva, llevó a crear asilos para prostitutas, a disminuir notablemente el número de “casas de tolerancia” ubicadas principalmente en la Avenida Radcliff (el cierre de esos locales provocó el traslado masivo de prostitutas a terrazas de los Music Hall, sobre todo a partir de 1860), y finalmente en 1885 a castigar el trato de blancas, imponiéndose penas carcelarias y multas a los propietarios de locales, así como a aquellos hombres que mantenían amantes.

De todas formas, la prostitución no era legal, pero a pesar de la Metropolitan Police Act de 1839, por la que se intentó erradicar de las calles, no se logró mucho. Es más, se llegó al punto de que los ciudadanos respetables las defendían por el trato recibido por la policía.

Se crearon así numerosos hogares y asilos para prostitutas, en los que se pretendía que dejaran atrás su trabajo y se reintegraran en la sociedad. En Mayhew por ejemplo había 19, con nombres tan rimbombantes como “el asilo para mujeres arrepentidas de Gran Bretaña”, también podíamos encontrar en Islington o en Euston Road. Muchas de las mujeres que salían de estos centros solían ser enviadas a las colonias como criadas, dónde la mayoría volvía a reincidir.


Otro de los grandes problemas de la prostitución fue la transmisión de enfermedades venéreas, llegándose a establecer que más de un tercio de las enfermedades sufridas por el ejército británico eran de este tipo. Lo que llevó a que entre 1864 y 1869 se votaran leyes para controlar la expansión de este tipo de enfermedades, leyes que se aprobaron en más de 11 ciudades con guarnición y puertos comerciales, pero no en Londres. Se estableció que toda aquella prostituta que quisiera trabajar en estos lugares debía declarar su actividad y, por lo tanto, entrar a formar parte de una lista. Cualquiera de ellas que levantara sospechas de poseer algún tipo de enfermedad debía ser sometida inmediatamente a un examen médico, de no superarlo se le prohibiría continuar prostituyéndose, pero si se negaban a someterse a ese examen serían conducidas hasta un juez. Toda prostituta declarada enferma debía ser ingresada en un hospital supuestamente especializado y que recibía el nombre de lock hospital.


El problema en Londres fue que desde un principio se acusó unilateralmente a las prostitutas de la transmisión de este tipo de enfermedades. Lo que provocó un gran movimiento de afinidad hacía ellas encabezado por Josephine Buttler, esposa de un director de escuela de Liverpool, y por el que se terminó reclamando el derecho a que la mujer tomara la iniciativa para poder enfrentarse a las normas sexuales establecidas por la sociedad. 16 años después y con un gran apoyo masculino lograron que la anterior ley fuera derogada por ser un ejemplo de discriminación sexual.

Este movimiento llegó incluso a hacer eco en las damas de la burguesía, que llegaron a declarar que el matrimonio no estaba excesivamente lejos de la prostitución. Además aseguraron que sin castidad masculina, nadie debía esperar castidad femenina, o sino que dejando atrás la moral establecida en la época, se dejara a una dama satisfacer sexualmente a su esposo.

La prostitución homosexual también existía, pero la rígida moral de la época la supeditaba a burdeles clandestinos o a los rincones más oscuros del West End.

Bibliografía: CHARLOT, M./ MARX, C. (Dir). : “ Londres 1851-1901. La era victoriana o el triunfo de las desigualdades”. Editorial: Alianza

sábado, 12 de abril de 2014

Anacrónicos en una ciudad con bruma

En mayo sale a la venta la segunda edición de "La ciudad de la bruma" (2010) de Daniel Hernández Chambers, con cambio de cubierta y de formato, ambientada en el Londres victoriano de finales del XIX. Versatil Ediciones reedita la novela y nos hace mucha ilusión anunciar que en la portada aparece Víctor Plata, uno de nuestros miembros de Anacrónicos Recreación Histórica que cedió su imagen realizada por Rossend Photography para la cubierta.
 
Al caer la tarde, la bruma desciende sobre la ciudad y las siluetas de los edificios y de las personas se difuminan. Allí donde mires puedes descubrir fantasmas. En la oscuridad acecha el mal.
Varios personajes deambulan por las calles: una joven perdida, un hombre al que acusan de ser un monstruo, un asesino y un muchacho que busca un recuerdo.
 
Sinopsis:  El joven William Ravenscroft recibe un encargo que no puede rechazar: la mujer que siempre ha cuidado de él le pide que encuentre a su hija y, para intentar localizarla, William tiene que adentrarse en un lugar en el que le aguardan peligros, secretos insospechados y toda una galería de personajes que cambiarán su vida, los siniestros barrios del East End londinense.

  

Aquí os dejamos un enlace al facebook oficial de la novela

lunes, 27 de enero de 2014

El mueble victoriano

Desde la década de 1970 comienza a revalorizarse el mueble victoriano considerado de mal gusto, de manera que el arte originado durante el reinado de la reina Victoria de Inglaterra es hoy muy estimado para instituciones y coleccionistas.

Los creadores de la época victoriana se destacan por un profundo interés hacia el estudio y la educación en el diseño, y su fascinación por el progreso técnico y la utilización de nuevos materiales, pues al contrario de lo que había sucedido durante los primeros años de la centuria, para los muebles victorianos se prefirió el uso de maderas más oscuras, como las de caoba de profundo color,  palorrosa, nogal o roble, así como la utilización de perfiles curvos y profusas y profundas tallas.  El desarrollo de nuevas técnicas industriales abarató los costes, facilitando las reproducciones de estos estilos históricos y la mecanización nacida gracias a la Revolución Industrial, posibilitó la producción de chapeados, madera curvada y mobiliario de metal (precisamente la Coalbrookdale Iron Company. El papier mâché también fue un material utilizado en el mueble victoriano. En la década de 1820 se empezó a aplicar sobre mobiliario, buscando nuevos modos de decorarlo, con un gran éxito de las incrustaciones de madreperla. Las creaciones resultantes solían ser pequeñas piezas domésticas como las escribanías, portasobres o las bandejas.

 
Estilos: El siglo XIX se inicia con el Neoclasicismo y el primer estilo Regencia se caracteriza por una delicadeza de formas referida a menudo como estilo Sheraton, tras la publicación del Cabinet-maker and Upholsterer's Drawing Book de este autor desde 1791 a 1802. En el mueble, el término Regencia continúa estilísticamente hasta el primer periodo victoriano. Paulativamente, los muebles se vuelven más pesados a la vista y con tallas más elaboradas de hojas de loto y ornamentos griegos. Esta apariencia de mayor pesadez fue promovida por Gerge Bullock, que aunó la influencia de la Antigüedad con el estilo Imperio francés.
 
La pureza clásica que había sido seña de identidad para los creadores del periodo anterior, el Regencia, comienza a perder su influencia en la década de 1820 aunque estas ideas clásicas se utilizarán aproximadamente hasta 1850 coincidiendo con el gusto por lo medieval (gótico e isabelino) y todavía a finales del siglo XIX, Sir Lawrence Alma-Tadema diseñaba una serie de muebles para el salón de música de la mansión neoyorkina de Henry Gurdon Marquand (en 1980, Sotheby's de Londres subastó la mayor parte del mobiliario que componía aquel encargo).


El primer descubrimiento original de la era victoriana fue el estilo naturalista, considerado el más típicamente victoriano y reconocible por el uso de unas curvas opulentas, tallas y tapizados y la inspiración en las formas naturales, aunque acabó volviéndose exagerado.

Los primeros años del gusto victoriano, las décadas de 1830 y 1840, tienen como resultado unos muebles en una confusa variedad de estilos históricos, con el griego, gótico e isabelino entre otros. Dentro de los historicismos, tan en boga en este periodo, sobresalen el neogótico, el neorrococó y el neorenacimiento, con Alfred Stevens como el diseñador de interiores más importante en este estilo, si bien se dieron intentos de decoración en los estilos egipcio, celta, hindú o chino. El estilo isabelino - consolidado hacia 1830 y mantenido hasta 1890 con Anthony Salvin (1799-1881) como uno de los principales diseñadores de casas de campo en este estilo, no fue un revival de aquel estilo del siglo XVI ya que a falta de modelos de aquel tiempo, el llamado isabelino en el siglo XIX se originó a partir de una amalgama entre los estilos Jacobino, Estuardo y Tudor.

El neorococó recuperó las piezas grandiosas y de profunda ornamentación de tiempos de Luis XV entre 1830 y 1890, llegando a convertirse en uno de los más prolíficos del periodo victoriano, con una etapa de esplendor y máxima expresión desarrollada entre 1840 y 1865. La recuperación de la rocalla y las formas ampulosas se ve claramente en los muebles fabricados bajo esta denominación.
 
El estilo más apreciado en la época victoriana fue, sin embargo, el gótico, un estilo cuyo interés se originó en el siglo XVIII y del que entre 1820 y 1870 se contaban un total de 343 edificios, como el edificio del Parlamento de 1836, convertido en el paradigma del arte neogótico. Llegó a su máximo esplendor gracias a August Welby Northmore Pugin (1812-1852). Este revival sin embargo utilizó el gótico con poda fidelidad, dando lugar a muebles de estructura Regencia en los que se colocaban gabletes, pináculos y tracerías sin demasiado conocimiento ni fidelidad. En cualquier caso, su esplendor y máximo desarrollo se establece entre 1860 y 1890.

Paralelamente, entre 1865 y 1890 se desarrolla el denominado movimiento estético, término que califica a aquellas firmas que se consideraban fuera de las manufacturas ordinarias y que tienen su producto estrella en los cabinets y otros muebles de madera ebonizada o de colores oscuros.

En estas mismas fechas se puede encontrar la producción de Edward William Godwin (1833- 1886), que tomó como inspiración el arte japonés. Su pieza más celebrada es un aparador custodiado en el Victoria & Albert museum.

Finalmente hay que añadir que aunque éstas son las recreaciones históricas más importantes, se dieron otras como la recuperación del estilo Ana o el Adam.

Texto íntegro: "Mueble victoriano: elegante y asequible" de Raquel Sigüeza. Revista Subastas Siglo XXI. Enero 2012.

viernes, 10 de enero de 2014

Colecciones privadas de indumentaria histórica (II)

Esta entrada, continuación de la anterior, también se la agradecemos a @HistoriaTejidos y a su blog sin cuyo post hablándonos de nuestro próximo protagonista, no se hubiese podido escribir éste.
 
Siguiendo en las colecciones privadas de indumentaria histórica, hoy nos toca hablar de Alexandre Vassiliev, un hombre polifacético, autor de más de una veintena de libros, profesor, diseñador y coleccionista de prendas textiles de los siglos XVIII, XIX y XX con las que llega a sumar más de 10.000 piezas entre trajes, fotografías antiguas, complementos y accesorios. Ha participado en numerosas exposiciones a lo largo de toda Europa (desgraciadamente su colección no ha viajado a España) con diversas temáticas: 1900 el nuevo siglo, la era victoriana, la moda rusa...

 









 
Comenzó su colección a los 16 años y a lo largo de diferentes adquisiciones durante años, ha podido reunir esta magnífica muestra de textiles. Trasladado a París, donde trabaja, su colección dispone de un grupo de restauradores y conservadores que mantienen las prendas en perfecto estado medioambiental, con unas condiciones óptimas de temperatura, iluminación y humedad relativa.
 
Hoy en día, parte de su colección se encuentra en Lituania, en la "Fundación Alexandre Vassiliev" pero su deseo es abrir un Museo de la Moda que permita a los visitantes poder admirar en una institución fija sus tesoros textiles de época.
 
Desde aquí le deseamos mucha suerte para esa empresa y deseamos poder contemplar su colección pronto.  

viernes, 1 de noviembre de 2013

Victoriana: The art of revival

¡Larga vida a la reina Victoria!
 
¿Quién se iba a imaginar que 63 años de reinado (lo que duró la época victoriana) iba a dar épocas de explosión imaginaria más de una centuria después?. La época victoriana aún inspira y eso es un hecho. La crinolina y el polisón son modas que aún se rescatan del olvido pudiéndose ver nuevas fórmulas inspiradas en ellos en las pasarelas de grandes modistos como esta sesión de fotos en la edición italiana Vogue (2012) de Dolce & Gabana.


















Pero además de la moda, la literatura es un pozo sin fondo en el que ambientar nuevas historias que surgen de la fantasía de sus autores. Podemos encontrarnos nuevos títulos que se recrean en esta época decimonónica como "El aire que respiras" (Planeta) de Care Santos, "El sueño de las Antillas" (Grijalbo) de Carmen Santos, "Adorables criaturas" (Planeta) de Dolores Payás, "La reina de las lavanderas" (La Esfera) de Carmen Gallardo, "El pensionado de Neuwelke" (Planeta) de José C. Vales, "Pasión Imperial" (la Esfera) de Pilar Eyre, "Tiempo de arena" (finalista del Planeta 2011) de Inma Chacón o "Ahogada en llamas" (Planeta) de Jesús Ruiz Mantilla.


 
Junto a estas novelas actuales ambientadas en el siglo XIX, contamos también con el gusto cada vez más desarrollado por los clásicos, como las hermanas Brönte, Dickens, Collins, Víctor Hugo o Alejandro Dumas y con reediciones o traducciones nunca antes habidas en el mercado nacional como las de la editoria D'Epoca.
 
Desde el 7 de septiembre y hasta el 8 de diciembre 2013 se puede visitar en Londres la exposición "Victoriana, the art of revival" en la Galería de arte Guidhall, la primera exposición en Reino Unido que repasa en profundidad el prolongado y renovado interés por la época de la prosperidad y la estabilidad política que correspondió al reinado de la reina Victoria (1837 - 1901). Más de 70 ejemplos de diseño gráfico, cerámica, muebles, artes decorativas, fotografía y material audiovisual avalan que los artistas actuales sigan acudiendo con frecuencia al lenguaje estético de la época. La pinacoteca completa la perspectiva histórica con obras de 28 autores contemporáneos que capturan la esencia de lo neovictoriano.