Mostrando entradas con la etiqueta 19th century. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta 19th century. Mostrar todas las entradas

domingo, 10 de mayo de 2020

#PassTheBrushChallenge




Como os anunciábamos en el post anterior en el que habeis podido ver muchas de las actividades realizadas por nuestros anacrónicos durante el confinamiento, aqui os presentamos el último reto al que nos hemos sumado, el de "pasa la brocha" en el que a través de ella, hemos viajado en el tiempo ¡sin movernos de casa!. Súmate al #PassTheBrush y diviértete con los cambios de estilismos. 

Y es que nuestra agrupación, como anacrónicos que somos, acerca el siglo XIX a la actualidad mediante juegos, recreaciones, retos y muchas actividades divertidas. ¡Confiamos en que os guste! 

lunes, 25 de marzo de 2019

El reloj de bolsillo, complemento ideal para el caballero


El reloj de bolsillo es un complemento que ha acompañado al caballero en la historia moderna y contemporánea. Surgido en el siglo XV, en s. XVIII dejó de ser un elemento exclusivo para producirse en masa, siendo el siglo XIX su época de esplendor. Se colocaba en el bolsillo del chaleco, a veces con leontina (cadena) o sin ella.

A continuación os hablamos de tres de las tipologías que se pusieron más de moda:

Saboneta: Es el reloj de bolsillo cuya esfera va cubierta con una tapa articulada. Para cada lectura hay que abrir y cerrar la tapa con un botón que lleva en la corona. 

 Media saboneta: Se dice que fue Napoleón Bonaparte, que se ponía enfermo con las pérdidas de tiempo que le producía la minucia de abrir la tapa del reloj cada vez que tenía que ver la hora, a quien se le ocurrió la idea de abrir un hueco en la tapa dando lugar a la “medio saboneta”, que en Francia se llama también “reloj Napoleón”.

Lepine: Reloj de bolsillo sin saboneta, sin protección del cristal y la esfera.



lunes, 28 de enero de 2019

Anacrónicos R.H. cumple 10 años


Nos complace anunciaros que nuestra agrupación celebra este año su décimo aniversario, 10 años recorriendo juntos épocas pasadas, viajando en el tiempo. Deseamos agradeceros ese tiempo a nuestro lado, el que nos hayais animado, apoyado y visitado en nuestras recreaciones, participando de ellas. Os invitamos por ello a seguir disfrutando de las ambientaciones en próximas ocasiones y que podamos disfrutar de al menos, otros 10 años juntos.



¡Gracias a todos!

viernes, 20 de abril de 2018

Grandes escándalos en la literatura española del siglo XIX

Que la literatura es ficción pero también realidad no es nada nuevo. Los escritores se han basado en su propia imaginación y en lo que han vivido y visto para desarrollar sus historias y el siglo XIX dio grandes escándalos en la literatura española. Estos episodios, enmascarados con más o menos realismo (hemos de recordar que la libertad de expresión es un derecho relativamente actual y que la censura vivía junto al tintero del periodista y del escritor), aseguraban la pervivencia de los personajes que conmocionaron a la sociedad. La novela permitía nombres y hechos “ficticios” en una realidad que los lectores de la época identificaban fácilmente, creando una sátira social, Grandes representantes de estos escándalos sociales fueron Flaubert por su Madame Bovary (1857), Baudelaire con Las flores del mal (1857) y sobre todo Émile Zola, padre del naturalismo francés, cuando publicó Nana (1880), protagonizada por una prostituta y poniendo por escrito todos los secretos de alcoba en una sociedad de lo más puritana y moralista.




En la España isabelina en la que la reina casó con su primo Francisco de Asís, de cuestionada masculinidad (su homosexualidad se dejaba entrever en La chula. Historia de muchos, 1870 de Fco. De Sales Mayo), se hablaba a voces de las aventuras de la joven monarca (se publicó la famosa Maía o la hija de un jornalero en 1845 de Wenceslao Ayguals de Izco). De manera velada y anónicamente se publicaron chistes, canciones y hasta acuarelas de Los Borbones en pelotas, atribuidas a los hermanos Bécquer.




Más allá de palacio, con la liberalización que supuso la Ley de Imprenta de 1883, comenzaron a publicarse sin pudor aquello que a la sociedad escandalizaba pero devoraba leer. “Hablemos del escándalo…” comenzaba diciendo Pardo Bazán en su ensayo sobre el movimiento literario liderado por Zola en 1882. El mayor alboroto de las letras españolas sin embargo vino con la publicación de La Prostituta (1884) de López Bago, volumen que se requisó nada más editarse aunque se podía conseguir clandestinamente. Al autor se le somete a diferentes juicios y cuando finalmente el tribunal le absuelve al declarar que “la inmoralidad existe como acto pero no es delito relatarla”, se suceden numerosas novelas que denuncian los abusos sexuales, la depravación de algunos sacerdotes o el liberalismo sexual entre nobles en los prostíbulos.

El último tercio del siglo XIX supuso la liberalización de los autores españoles para criticar y poner de manifiesto una sociedad hipócrita. “El escándalo” (1875) de Pedro Antonio de Alarcón o “Pequeñeces” de Coloma (1891) denuncian las depravaciones de la clase aristocrática y que entre líneas, los lectores pueden ver a condes o duquesas de la época (como Antonia Domínguez, esposa del general Serrano). “La mujer de todo el mundo” (1885), “Los maricones, novela de costumbres” (1885) y “Carne de nobles” (1887) sigue la misma estela.


Más jugoso entre los lectores de la época fue “¿Loco o delincuente”? (1890), novela que se centraba en un preso acusado de matar a su esposa y que estaba basado en un hecho real acontecido en 1888 en el que el marido, adúltero, mata a su esposa, también adúltera. No obstante, en esta novela no se pone en duda la cuestión moral de él, sino la de ella, que debe mantenerse fiel y leal al cónyuge, alzándose algunas voces como que el resultado (el asesinato) había sido justo por la actitud deshonrosa de la dama ante el marido. 

martes, 17 de octubre de 2017

Inventos importantes del siglo XIX

El siglo XIX fue especialmente creativo en inventos. Algunos se atribuyeron falsamente a autores que no les correspondían, otras veces, sin el descubrimiento anterior, difícilmente se hubiese llegado al próximo. Aqui les presentamos los más importantes.



AÑO                          INVENTO                       INVENTOR


1801             RADIACIÓN ULTRAVIOLETA     JOHANN W. RITTER

1804                          LOCOMOTORA              RICHARD TREVITHICK

1825                    SISTEMA BRAILLE              LOUIS BRAILLE

1826                          FOTOGRAFIA                 NICÉPHORE NIEPCE

1826                          CERILLA                         JOHN WALKER

1829                LOCOMOTORA DE VAPOR    GEORGE STEPHENSO

1835                      CÓDIGO MORSE               SAMUEL MORSE

1838                       TELÉGRAFO                     SAMUEL MORSE

1846                          ANESTESIA                    WILLIAM MORTON

1846                      MÁQUINA DE COSER        ELÍAS HOWE

1851                         ASCENSOR                     ELISHA OTIS GRAVE

1854             LÁMPARA INCANDESCENTE    HEINRICH GÖBEL

1854                         TELÉFONO                      ANTONIO MEUCCI

1859                          SUBMARINO                  NARCISO MONTURIOL

1861                          BICICLECTA                   PIERRE MICHAUX

1863                          DIRIGIBLE                      SOLOMON ANDREWS

1866                  TERMÓMETRO CLÍNICO      THOMAS CLIFFORD ALLBUTT

1872                   MÁQUINA DE ESCRIBIR      CHRISTOPHER SHOLES

1876                          TELÉFONO                     ALEXANDER G. BELL

1878                           FONÓGRAFO                THOMAS A. EDISON

1879          BOMBILLA INCANDESCENTE     THOMAS A. EDISON

1880                            SISMÓGRAFO               JOHN MILNE

1883                  TRANVÍA ELECTRICO           JOHN J. WRIGHT

1884                   PASTILLA DE JABÓN           WILLIAM H. LEVER

1885                           AUTOMÓVIL                  KARL BENZ

1886                           COCA-COLA                  JOHN PENBERTON

1887                     LENTES DE CONTACTO    EUGEN FRICK

1888                           GRAMÓFONO                EMILE BERLINER

1888                           SUBMARINO                  ISAAC PERAL

1890                           AVIÓN                             CLÉMENT ADER

1893                           CREMALLERA                L. JUDSON WHITECOM

1894                           CINEMATÓGRAFO        HERMANOS LUMIÈRE

1895                           RAYOS X                         WILHEM K. RÖNTGEN

1899                            ASPIRINA                       FÉLIX HOFFMAN

No incluimos en este exiguo listado la máquina de vapor por pertenecer al siglo XVIII aunque su mayor desarrollo lo tuviera durante la 2ª Revolución Industrial y también queremos expresar que las fechas no son fijas, pues en ocasiones no se tiene documentación fiable de cuándo exactamente se creó el artefacto. 

sábado, 5 de noviembre de 2016

Adulteraciones y alteraciones alimentarias en la época victoriana

Hasta comienzos del siglo XIX, el hombre consumía lo que la tierra le suministraba, en el lugar y la época precisa.
 
Durante la era victoriana tuvieron lugar importantes cambios demográficos sobre todo en las grandes ciudades.  Fue entonces cuando aparecieron nuevas técnicas en el procesamiento de los alimentos.
Dos de los alimentos de mayor consumo entre la población que eran el pan y la leche, sufrieron importantes  adulteraciones produciendo graves enfermedades e incluso la muerte, sobre todo en la población infantil.
 
El pan más apreciado por entonces era el blanco, considerado como privativo de las clases adineradas. Esto llevó  a los comerciantes sin escrúpulos a adulterar las harinas, mezclando las de baja calidad y más oscuras con tiza o yeso. Para blanquearlas utilizaban  alumbre (sulfato de potasio y aluminio) o sulfato de zinc. Los efectos sobre el  organismo solían ser diarreas, gastritis crónicas y malnutrición, siendo los niños los más afectados.


En 1868 apareció en Inglaterra la primera legislación sobre seguridad alimentaria, pero las medidas para los infractores no eran duras y por tanto carecían de efectividad. Además hay que tener en cuenta que la falta de técnicas capaces de detectar la adulteración permitía que tales prácticas pasaran inadvertidas con el consiguiente riesgo para la salud.
 
Aparte del fraude evidente, otras veces era la ignorancia la causa de múltiples enfermedades alimentarias. Una persona que contribuyó a propagar errores de consecuencias letales fue Mrs.Beeton, que en su libro de 1888 titulado "Book of household management" recomendaba ardientemente  el uso de bórax (compuesto de boro) para "purificar la leche". Es cierto que este compuesto añadido a la leche agria conseguía eliminar el olor y  mejoraba su sabor, pero lo que Mrs. Beeton desconocía es que la ingesta de cinco gramos de bórax añadido a la leche podía ser mortal para un niño. Aparte de su toxicidad, el bórax no eliminaba las bacterias y por causa de las mismas se podían contraer enfermedades como la brucelosis (caracterizada por fiebres altas y cambios bruscos de tempertura) y la tuberculosis bovina que es una clase de tuberculosis no pulmonar que causa daño en los huesos, atrofia, deformación masiva de la columna vertebral y si llega a oprimir la médula puede producir parálisis e incluso la muerte.
 
 

domingo, 13 de marzo de 2016

Tarjetas "osadas" en el siglo XIX

Hoy queremos hablaros de aquellas tarjetas que, a buen seguro, pocos habrán oído hablar de ellas en el siglo XIX. Son famosas las tarjetas de visita pero existen otras que fueron utilizadas tanto por caballeros como por damas y que desprendían un "espíritu libre" o aventurero por el servicio que prestaban: el de la necesidad de una compañía temporal.

 
Nos estamos refiriendo a las tarjetas de escolta o tarjetas de invitación. No hacían referencia a una galantería más allá de las formalidades sociales ni buscaban un compromiso largo en el tiempo: sólo encuentros esporádicos y discretos, generalmente en una casa propia o ajena pero lejos de la mirada de curiosos.


 
Por lo general, estas relaciones solían establecerse entre caballeros y viudas respetables pero también existían relaciones extramatrimoniales en las que las damas, cuando sus esposos no se encontraban en casa, abrían las puertas del hogar a hombres galantes para disfrutar de esos placeres cuyos esposos no les ofrecían.
 


Estas tarjetas, ofrecidas fuera de los circuitos sociales, eran muy discretas y solían contener un código por el que, generalmente la dama, solía aceptar o rechazar la invitación. Pocos hombres eran los que se negaban a entregar a la criatura de sus deseos, este tipo de papeles.






Se trataba de un "juego erótico" que acabó por desaparecer a comienzos del siglo XX en el que la mujer comenzó a salir de casa, a trabajar y a ganar terreno en sus derechos sociales y laborales. Como vemos, el "ángel del hogar" victoriano, no siempre fue tan idílico y el acto sexual extra matrimonial, lejos de encontrarse sólo en los prostíbulos para caballeros, también encontraron sitio en los hogares del siglo XIX.

domingo, 27 de septiembre de 2015

Un viaje a Almendralejo.

Anacrónicos Recreación Histórica inauguró la temporada estival visitando la "X Ruta Literaria del Romanticismo" ¿y por qué no recordar este viaje con todos ustedes para inaugurar la temporada otoñal?

 Podemos decir que disfrutamos de un fin de semana maravilloso, (aunque sufrimos un calor infernal) en una ciudad donde reciben a los románticos con los brazos abiertos.

 Almendralejo se volcó una edición más para que su ruta literaria fuera un éxito. Los lugareños y visitantes participaron activamente en todas las actividades programadas, y la noche de ánimas fue espeluznantemente maravillosa.

 Nos faltarían palabras para describir el maravilloso viaje que disfrutamos. Por lo tanto preferimos que vean las maravillosas fotos que nos tomó Alby Martín. Nunca podremos agradecer suficientemente su esfuerzo y su arte.










   
Esta es una pequeña muestra. Si quieren ver más fotos visiten nuestro Flickr.
Y como no podemos quedarnos quietos. ¡Tuvimos tiempo de retarnos en duelo!



     Más aventuras, próximamente. ;)

jueves, 2 de octubre de 2014

La niebla londinense

Según la mayoría de los cronistas victorianos, la niebla solía mantenerse a unos 6 ó 7 metros sobre el nivel del suelo, aunque de vez en cuando bajaba en forma de nube espesa y oscura que impedía totalmente la visibilidad. Por ejemplo en el año 1873 se produjeron 19 muertes de viandantes por causa de la misma, ya fuera porque cayeran al Thames, a los diferentes canales o fueran atropellados.

El mes más neblinoso del año solía ser Noviembre mientras que la década que más días de niebla presentó fue la de 1880.
 
 

El tema de la niebla era tan importante que llegó a hacerse una clasificación de la niebla según densidad y color. Así encontrábamos un importante abanico de estratos desde el gris más claro hasta el negro casi total, en el intermedio podíamos encontrar tonalidades de color café (con más o menos cantidad de leche), variantes del verde botella e incluso brumas naranjas o amarillas que solían ser las más ahogantes.

La tonalidad de la niebla al igual que su densidad podían variar a lo largo del día pero, había algo que siempre se mantenía… la niebla se iba haciendo cada vez más oscura y espesa a medida que el viandante se acercaba al centro de la City.

Fragmento extraído de: TOURNIER, P.: “ Londres. Las claves de su historia”. Colección: Ciudades en el tiempo. Ed.: Robinbook. Barcelona. 2001

viernes, 19 de septiembre de 2014

Modales para caballeros decimonónicos en el teatro

Los teatros absorben una gran parte de la población de las capitales. Los italianos, ingleses y franceses van siempre en invierno, de manera que hé aquí una serie de consejos para caballeros sobre cómo comportarse en el teatro.

Un buen melodrama, una pieza nueva, hacen que se coma deprisa, y no pocas veces sucede apresurarse por un drama ridículo; pero no se desea ver la pieza, sino al actor o a la actriz que en él brillan.


Si tenéis un palco para señoras, estad seguros de que agradaréis si podéis acompañarlas si no tienen otro caballero; pero en una cosa, al parecer, tan simple como la de conducir señoras al teatro, hay ciertas diferencias de hombres; porque un necio no sabe acompañar a una señora a la comedia como un hombre de talento.

Si disponéis de la elección de sitio, hacedlo con gusto y discernimiento; y si estáis mano a mano, colocaos de manera que podáis ver, más bien que ser visto. Nada se gana en presentarse cara al público sino los goces del amor propio. Si conducís a varias señoras jóvenes y bonitas, ponedlas a todas por delante; las mujeres gustan de ser vistas, y el murmullo lisonjero que excita su belleza al presentarse en el palco, es más agradable a su oído que las consonancias más melodiosas de Rossini, y la cavatina más graciosa cantada por la Albini o por Galli.


No diremos tampoco que sea preciso dar a las señoras los asientos de delante; esto es sabido; pero si procurarles el anuncio de la comedia para que puedan ver los nombres de los actores y papeles de que están encargados.

Cuando un hombre ocupa la delantera de un palco y llegan señoras, sean las que fuesen, debe cederlas su sitio y pasarse atrás, porque aunque esto haga perder a un aficionado la vista de alguna parte de los movimientos de los actores, se debe este corto sacrificio a la belleza y al sexo.


No se debe hablar jamás en la comedia de modo que se distraiga la atención de los espectadores, y se merezcan los chis, chis, de los inmediatos; tampoco se debe dar la espalda al público porque os reputaría por un actor de que estuviese descontento.

Hay personas que recitan los versos que va a decir el actor precediéndole en uno o dos; no hay cosa más pesada que ésta y aunque haya razones para quejarse de la mediocridad de los actores, se puede apostar ciento contra uno a que iguales recitadores lo hacen mucho peor que ellos.

Si lleváis a la comedia señoras que no hayan visto la pieza que se representa, no las expliquéis ni las digáis nada, "ahora va a suceder esto", "o tal personaje entrará en la escena", "tal actriz va a salir", "esta es la intriga o el desenlace de esta manera"; esto es arrebatarles todo el placer de la representación, como diciendo: escúchenme Vds. lo que yo les explique, porque no son Vds. capaces de comprenderlo.


En otro tiempo se palmoteaba francamente al actor de talento; pero hoy, el amor propio de estos señores ha tomado un rumbo muy seguro para adquirirse los honores sin el trabajo de merecerlo.
 
Los teatros tienen sus apasionados; éstos se reúnen en los sitios más preferentes y forman una guerra exclusiva, y el artista moderno aguarda pacientemente la tronada de los aplausos para proseguir su papel; pero aunque este premio lisonjero sea debido al talento, acostumbraos a no palmotear jamás. Bien veo que se me dirá que es muy penoso no manifestar su satisfacción al actor que acaba de alegrarnos o enternecernos; pero la falta ésta, respecto a un hombre sensato, en las intrigas que suele haber en el particular para no querer confundirse con los aplaudidores asalariados.

El uso más fino que el del palmoteo es el decir: "bravo, muy bravo, bravísimo, y muy bien, grandemente".

Fuente: Protocolo.org

domingo, 31 de agosto de 2014

La prostitución en el Londres victoriano

La prostitución en el Londres decimonónico era algo de lo más habitual, llegándose a calcular un número de 2.000 mujeres dedicadas a ello en los barrios bajos, y ya en torno los años cincuenta, las estadísticas policiales llegaron a contabilizar hasta 8.600 (lejos de la cifra dada por la prensa que rondaba las 120.000). Sin embargo la clandestinidad implícita del acto provocará que el número total de prostitutas sea desconocido.



La mayoría de estas prostitutas eran mujeres de muy diversa nacionalidad (aunque predominaban las alemanas y las irlandesas, sobre todo en el ejército), y se dedicaban a ello exclusiva o parcialmente (muchas mujeres se dedicaban a la prostitución después de finalizar su horario laboral, y eran conocidas como las dollymops). Y a pesar de lo que se pensaba en la época, la mayor parte de ellas se dedicaban a ello por placer. Ya que los salarios de la mayor parte de los trabajos eran excesivamente bajos, las costumbres ligeras (entre las clases bajas, el sexo no estaba tan mal visto por lo que una vez comenzaban, y descubrían que ganaban más dinero, no lo abandonaban), la vanidad (era la única forma de lograr vestidos que no fueran de sarga o complementos de todo tipo), los empleos sedentarios combinados con la falta de ejercicio físico y finalmente la ausencia, en la mayoría de los casos, de cualquier tipo de atención por parte de los padres, las llevaba a dedicarse a la prostitución.


Muchas de ellas, comenzaban prostituyéndose en las calles con una clara ansia de promoción social. La gran mayoría no lo lograba pero, anhelaban como un sueño, repetir las andanzas de la obra de “la Quilla”, en la que la hija de un marinero irlandés de Liverpool seducía al marqués de Harlington, al duque de Devonshire (quien la instaló en una casa en Mayfair), a Sir Edwin Landser y a Alfred Austin. Prostitutas conocidas por casarse con un aristócrata fueron Laura Bell, Agnes Willoughby y Kate Cook. Pero la realidad era que la mayor parte de las prostitutas no tenían dinero casi ni para subsistir.


Solían ubicarse sobre todo en los barrios más pobres del West End, destacando sobre todo Whitechapel, aunque también podíamos encontrarlas cerca de teatros, centros de ocio masculinos, y en burdeles de mejor o peor categoría. Cada noche podían llegarse a juntar hasta más de 500 más allá de Regent Street. Es más, a partir de las tres de la tarde, era casi imposible que una mujer honesta bajara de Haymarket hasta el Strand.

Iban excesivamente maquilladas, con mucho colorete y polvos en la cara, vestidos parecidos a los de las damas pero de colores más chillones y de telas más baratas (aparte de que esos vestidos solían estar sucios). Llevaban sombreros con plumas exageradas y la ropa interior utilizada era reducida a la más mínima expresión.


De todas formas muchas mujeres ejercían la prostitución en contra de su voluntad, por lo general en burdeles o casas, y muchas de ellas sin haber alcanzado siquiera la edad núbil, ya fuera por haber sido vendidas, entregadas como pago o por haber sido seducidas (aunque tan sólo un 4 % se podrían enclavar en esta categoría según Merrick). En este tipo de burdeles se tendían a hacer subastas de estas mujeres, siendo las que mayores precios obtenían las niñas vírgenes que no habían alcanzado la edad núbil.


Una gran fuente de información para hacernos una idea más clara, fue la obra llevada a cabo por el Reverendo G.P. Merrick, capellán en la prisión de Millbank, en 1890. Calculó que más del 90 % de las prostitutas encarceladas eran hijas de obreros semi o no especializados, y más de la mitad de ellas había trabajado como criada.

Ya refiriéndonos a las prostitutas acogidas en los centros de caridad, podría decirse que más o menos el 60 % vienen de familias monoparentales, ya fuera por muerte de uno de los progenitores o a que se desconociera el padre. Y la edad media a la que se declaraba haber perdido la virginidad era a los 16 (pero tan sólo entre las anglicanas que sabían leer y escribir). Aunque lo normal es que una mujer comenzara a dedicarse a la prostitución a partir de los 18 – 19 años.

 
La legislación, cada vez más represiva, llevó a crear asilos para prostitutas, a disminuir notablemente el número de “casas de tolerancia” ubicadas principalmente en la Avenida Radcliff (el cierre de esos locales provocó el traslado masivo de prostitutas a terrazas de los Music Hall, sobre todo a partir de 1860), y finalmente en 1885 a castigar el trato de blancas, imponiéndose penas carcelarias y multas a los propietarios de locales, así como a aquellos hombres que mantenían amantes.

De todas formas, la prostitución no era legal, pero a pesar de la Metropolitan Police Act de 1839, por la que se intentó erradicar de las calles, no se logró mucho. Es más, se llegó al punto de que los ciudadanos respetables las defendían por el trato recibido por la policía.

Se crearon así numerosos hogares y asilos para prostitutas, en los que se pretendía que dejaran atrás su trabajo y se reintegraran en la sociedad. En Mayhew por ejemplo había 19, con nombres tan rimbombantes como “el asilo para mujeres arrepentidas de Gran Bretaña”, también podíamos encontrar en Islington o en Euston Road. Muchas de las mujeres que salían de estos centros solían ser enviadas a las colonias como criadas, dónde la mayoría volvía a reincidir.


Otro de los grandes problemas de la prostitución fue la transmisión de enfermedades venéreas, llegándose a establecer que más de un tercio de las enfermedades sufridas por el ejército británico eran de este tipo. Lo que llevó a que entre 1864 y 1869 se votaran leyes para controlar la expansión de este tipo de enfermedades, leyes que se aprobaron en más de 11 ciudades con guarnición y puertos comerciales, pero no en Londres. Se estableció que toda aquella prostituta que quisiera trabajar en estos lugares debía declarar su actividad y, por lo tanto, entrar a formar parte de una lista. Cualquiera de ellas que levantara sospechas de poseer algún tipo de enfermedad debía ser sometida inmediatamente a un examen médico, de no superarlo se le prohibiría continuar prostituyéndose, pero si se negaban a someterse a ese examen serían conducidas hasta un juez. Toda prostituta declarada enferma debía ser ingresada en un hospital supuestamente especializado y que recibía el nombre de lock hospital.


El problema en Londres fue que desde un principio se acusó unilateralmente a las prostitutas de la transmisión de este tipo de enfermedades. Lo que provocó un gran movimiento de afinidad hacía ellas encabezado por Josephine Buttler, esposa de un director de escuela de Liverpool, y por el que se terminó reclamando el derecho a que la mujer tomara la iniciativa para poder enfrentarse a las normas sexuales establecidas por la sociedad. 16 años después y con un gran apoyo masculino lograron que la anterior ley fuera derogada por ser un ejemplo de discriminación sexual.

Este movimiento llegó incluso a hacer eco en las damas de la burguesía, que llegaron a declarar que el matrimonio no estaba excesivamente lejos de la prostitución. Además aseguraron que sin castidad masculina, nadie debía esperar castidad femenina, o sino que dejando atrás la moral establecida en la época, se dejara a una dama satisfacer sexualmente a su esposo.

La prostitución homosexual también existía, pero la rígida moral de la época la supeditaba a burdeles clandestinos o a los rincones más oscuros del West End.

Bibliografía: CHARLOT, M./ MARX, C. (Dir). : “ Londres 1851-1901. La era victoriana o el triunfo de las desigualdades”. Editorial: Alianza

jueves, 12 de septiembre de 2013

El corsé del siglo XIX


El corsé femenino decimonónico
El corsé ha sido un elemento que ha acompañado a la indumentaria femenina hasta el siglo XX. La palabra proviene del antiguo francés “cors” que era un diminutivo de “cuerpo” y se usaba para levantar el busto y afinar la cintura. En el siglo XVIII adquirió una gran importancia para crear un cuerpo muy fino que contrastara con una falda muy ahuecada y ancha, con escote bajo para resaltar las joyas.  
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
La Revolución Francesa hizo caer la prenda en desuso por órden de la academia de artes y ciencias, que dictaba que las mujeres bien vestidas de Francia no deben llevar zapatos, calcetas, corset o medias. Esta actitud no tuvo larga vida pues, las mujeres volvieron a retomar el corset para realzar su figura. De hecho, aunque Napoleón odiaba el corset, sus dos esposas usaban la prenda, que durante el Imperio podía ser de dos tipos: corto o largo.
 



El siglo XIX será la democratización de esta prenda gracias a la industrialización.Hacia el 1860 los corsés eran cortos, hacían un busto pequeño contrastando con la enorme forma de la falda, hecha por las crinolinas. Es el famoso corsé victoriano.
 

En 1903 se patenta el corsé "eduardiano", más largo, que cubría la parte del abdomen estilizando la figura de la mujer, a lo cual contribuían las faldas justas.
 

Con la 1ª Guerra Mundial y sobre todo en los años 20, la liberación de la mujer con respecto al corsé fue un hecho.
 
El corsé masculino decimonónico
 
¿Pensábais que los hombres estaban exentos de esta prenda? Os equivocáis, amigos. Algunos caballeros usaban corsés en la primera mitad del siglo XIX, sobre todo los llamados “dandys”, muy interesados en la moda.
A causa de estas prácticas, fueron objeto de muchas caricaturas que los ridiculizaban. Quienes también los utilizaban eran los militares o civiles cuando practicaban algún deporte, para dar soporte a su espalda.
Los hombres corpulentos se servían de esta prenda para hacer caber sus voluminosos cuerpos en los trajes de moda.

A partir de la segunda mitad del siglo XIX sin embargo, los hombres solamente utilizaban el corsé por razones “médicas”, ya que se consideró una prenda preminentemente femenina.
 
BIBLIOGRAFIA
  • AAVV, “Moda. Una historia des del siglo XVIII al siglo XX. Tomo 1”, Editorial Taschen, Barcelona, 1980.
  • LAVER, James, “Breve historia del traje y la moda”, Editorial Cátedra (5ed), Madrid, 1982.
  • STEELE, Valerie. The Corset: a cultural History. Yale Uiversity Press, New Haven & London, 2001

jueves, 20 de junio de 2013

La temporada londinense durante la era victoriana

La vida “mundana” en Londres lo constituía "La temporada" (The Season" en inglés) proveniente en sus costumbres del siglo XVII y que se mantendrá casi sin alteraciones hasta 1914.


¿En qué consistía? Su función principal era la de ser una feria del matrimonio para las jóvenes de la buena sociedad, las mantenedoras del juego eran sus madres o protectoras y su comportamiento obedecía a una regla fundamental “mostrarse en el lugar oportuno, en compañía de gente bien, nacidos ricos e influyentes, ataviada con indumentarias adecuadas a los distintos momentos de la jornada".



La temporada era relativamente breve, desde finales de abril a finales de julio, por lo que se hacía desenfrenada, aunque había veces que se prorrogaba en los meses de Octubre a Diciembre. Si una debutante no conseguía una proposición de matrimonio durante sus dos primera temporadas, su futuro era más bien oscuro… .

El buen tono exigía que se poseara una casa en la ciudad, aunque fuera de alquiler y, preferiblemente en uno de los barrios “bien vistos” como podían ser Mayfair, Kensington, los alrededores de Belgrave Square, Westminster, Piccadilly pero lo ideal era que fuera Park Lane.


Las damas que participaban en La Temporada se movían sobre todo por Hay Market, Regent Street y Oxford Street pero, después de la apertura del primer gran almacén en 1863 (Whiteley´s para ser más exactos) se llegaron a aventurar hasta Westbourne Road.

Uno de los momentos más importantes para la vida de una de estas damas era, sin lugar a dudas la Presentación en la Corte. Se realizaba cuatro veces al año en el Palacio de Buckinghan o en St. James. La dama, ataviada con sus mejores galas, esperaba en la sala de pinturas hasta que llegaba su turno, una vez ocurría esto, se quitaba uno de sus guantes y entraba en la sala. Si se era hija de un par del reino, la reina besaba su frente; si no la dama debía inclinarse y besar su mano. La actuación en este momento en particular marcaría la vida de la joven dama hasta su muerte.


Gran parte de La Temporada se desarrollaba en público, por ejemplo en los grandes acontecimientos deportivos de la primavera como las regatas de Hentley, de Derby o de Epson. Un paseo a pie por Rotten Row por las mañanas o el circuito por Hyde Park a partir de las cuatro de la tarde en el coche de caballos evidentemente descubierto era parte del exhibicionismo al que debían someterse estas debutantes.

Los lugares más visitados a lo largo de La Temporada solían ser los siguientes:

*La exposición sobre la ascensión al Mont Blanc en el Egyptian Hall
*La panorámica de Londres en el Colosseum de Regent´s Park
*El mundo en relieve en el Great Globe de Leicester Square
*La Cámara de los Horrores de Madame Tussaud
*Los jardines de atracciones en Chelsea
*El teatro, en el que se representaban sobre todo obras de Shakespeare (aunque lo principal era ver y ser vistos no la obra en sí, por lo que lo más importante solían ser los entreactos), aunque a partir de 1865 se empiezan a representar obras de carácter naturalista.
*La ópera, sobre todo la italiana (acudir a un evento de este tipo costaba 16 guineas, mientras que ir al teatro sólo de 4 a 8 guineas).
*Covent Garden
*Los conciertos en Exeter Hall.


Otro punto importante dentro de La Temporada eran las visitas que, por lo general, se realizaban entre las tres y las cuatro de la tarde (de no más de un cuarto de hora cada una) si eran ceremoniosas y un poco más tarde si eran de carácter formal.

Sin embargo, hasta finales de siglo una dama jamás podía ir a cenar a un café o a un restaurante; las cenas a las que acudía serían siempre de carácter privado. Estas cenas podían ser de carácter reducido y una vez concluida, las parejas pasarían al salón por órden (hacía finales de siglo la segregación de sexos fue perdiendo rigor), dependiendo del rango de cada una. Los menús eran redactados en francés y contaban con una media de 8-9 platos; entre la bebida los Burdeos y la champaña eran obligados.


Los almuerzos o tés también eran un importante punto de reunión y, por lo general, estaban acompañados por un breve concierto o recital de canto. Este tipo de reuniones solía contar con una media de unos 100 invitados.


También estaban de moda las Garden Parties o fiestas de jardín celebradas a última hora de la tarde, entre las cuatro y las siete, sobre el césped del jardín. Se tendía a jugar a unos cuantos deportes pero, sólo aquellos que favorecieran el flirteo.

Otro de los puntos álgidos de la temporada eran los bailes, de entre 200 a 500 personas y que solían durar tres cuartas partes de la noche. Era el momento perfecto para el galanteo y el acercamiento entre damas y caballeros. Sin embargo, jamás se debía bailar más de tres bailes con la misma persona sino, sería considerado un escándalo llegado al punto de que, si la pareja no se casaba o anunciaba su compromiso, la mujer pasaba a ser una paria, si es que no era expulsada de la Sociedad.

 
 CALENDARIO DE LA TEMPORADA LONDINENSE

ABRIL

Exposiciones de acuarelas y óleos
Spring-meeting de las carreras de Epson

MAYO

Fiestas de la aristocracia (por lo general los sábados)
Exposición de la Royal Academy (1 lunes del mes)
Día 23. Comienzo del año judicial. El lord-alcalde y los jueces acuden, rodeaos de gran pompa a la catedral de St. Paul.
Día 24. Cumpleaños de la reina Victoria. Gran audiencia en St. James. Entrega de los premios de la Sociedad de las Artes para inventos y mejoras industriales.
Apertura de Vauxhall Gardens hacia finales del mes
Carreras de Woodford, en el condado de Essex.
Feria de Greenwich. Lunes, Marte y miércoles de Pentecostés.

JUNIO

Durante la segunda semana carreras de Ascot, siempre después de Pentecostés. También son importantes las de Woolwich.
Día 24. Elección e Sheriffs en Guildhall.
Lunes siguiente al día de la Trinidad procesión por el Thames de los mismos desde el Trinity House, pasando por Towerhill hasta Deptford.

JUNIO-JULIO

Partidos de cricket en Lords Cricket.
Regatas en el Thames.

JULIO

Clausura de las sesiones del Parlamento, con la participación de la reina.

OCTUBRE

Comienza la temporada de invierno en los teatros.
Se reabre la National Gallery.

NOVIEMBRE

Día 5. Día de Guy Fawkes. Memoria de la conjura de la pólvora urdida por los católicos para derrocar al Rey y al Parlamento. Los empleados del palacio de las cámaras hacen un recorrido a la luz de las antorchas por los subterráneos del edificio. Los niños pasean por la calle muñecos de paja y hacen fogatas con ellos, mientras que lanzan petardos entre las piernas de la gente.
Día 8. El lord-alcalde, reelegido nuevamente, presta juramento en Guildhall.
Día 9. Lord-mayor´s show. El lord-alcalde se dirige rodeado de pompa al puente de Blackfriars y desciende en barco hasta Westminster dónde presta juramento. De regreso a Blackfriars Bridge es recibido por las corporaciones y cofradías, con todo el ceremonial de la Edad Media. Por la noche se realiza un gran banquete en Mansión House, al que por lo general se invita a ministros y a los miembros más importantes de la aristocracia. Este mismo día, es el cumpleaños el Príncipe de Gales.

DICIEMBRE

Día 12. Exposición de animales en el Bazar, King Street y Protman Square.
Día 21. Elección de los miembros del consejo de la ciudad.
Día 25. Navidad. Se come ganso y un pedazo de plum-pudding.
Día 26. Todos los teatros representan obras de mimo.


BIBLIOGRAFÍA: CHARLOT, M./ MARX, C. (Dir). : “ Londres 1851-1901”. La era victoriana o el triunfo de las desigualdades”. Editorial: Alianza.