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domingo, 1 de febrero de 2015

Barbas y bigotes en 1900

El tema del vello facial en un caballero decimonónico no es cosa baladí. Un hombre mostraba su posición y estatus a través de su presencia. Además de sus buenas maneras y su elegante traje, su barba y bigote debía reflejar exactamente su nivel social.
 
El vello debía estar perfectamente cuidado; no se debía rasurar demasiado para no aparentar ser más joven ni debía estar desaliñado porque era indicativo de desatención por parte de su portador. Incluso los bohemios y los poetas cuidaban su aspecto, a pesar de estar considerados muchos de ellos al margen de la ley.
 
Aquí os dejamos un cuadro muy ilustrativo de aquellas barbas y bigotes de las que se presumía en 1900. En función de cuál se elegía seguir, también el cabello tenía que ir acorde a la moda.
 
 

viernes, 19 de septiembre de 2014

Modales para caballeros decimonónicos en el teatro

Los teatros absorben una gran parte de la población de las capitales. Los italianos, ingleses y franceses van siempre en invierno, de manera que hé aquí una serie de consejos para caballeros sobre cómo comportarse en el teatro.

Un buen melodrama, una pieza nueva, hacen que se coma deprisa, y no pocas veces sucede apresurarse por un drama ridículo; pero no se desea ver la pieza, sino al actor o a la actriz que en él brillan.


Si tenéis un palco para señoras, estad seguros de que agradaréis si podéis acompañarlas si no tienen otro caballero; pero en una cosa, al parecer, tan simple como la de conducir señoras al teatro, hay ciertas diferencias de hombres; porque un necio no sabe acompañar a una señora a la comedia como un hombre de talento.

Si disponéis de la elección de sitio, hacedlo con gusto y discernimiento; y si estáis mano a mano, colocaos de manera que podáis ver, más bien que ser visto. Nada se gana en presentarse cara al público sino los goces del amor propio. Si conducís a varias señoras jóvenes y bonitas, ponedlas a todas por delante; las mujeres gustan de ser vistas, y el murmullo lisonjero que excita su belleza al presentarse en el palco, es más agradable a su oído que las consonancias más melodiosas de Rossini, y la cavatina más graciosa cantada por la Albini o por Galli.


No diremos tampoco que sea preciso dar a las señoras los asientos de delante; esto es sabido; pero si procurarles el anuncio de la comedia para que puedan ver los nombres de los actores y papeles de que están encargados.

Cuando un hombre ocupa la delantera de un palco y llegan señoras, sean las que fuesen, debe cederlas su sitio y pasarse atrás, porque aunque esto haga perder a un aficionado la vista de alguna parte de los movimientos de los actores, se debe este corto sacrificio a la belleza y al sexo.


No se debe hablar jamás en la comedia de modo que se distraiga la atención de los espectadores, y se merezcan los chis, chis, de los inmediatos; tampoco se debe dar la espalda al público porque os reputaría por un actor de que estuviese descontento.

Hay personas que recitan los versos que va a decir el actor precediéndole en uno o dos; no hay cosa más pesada que ésta y aunque haya razones para quejarse de la mediocridad de los actores, se puede apostar ciento contra uno a que iguales recitadores lo hacen mucho peor que ellos.

Si lleváis a la comedia señoras que no hayan visto la pieza que se representa, no las expliquéis ni las digáis nada, "ahora va a suceder esto", "o tal personaje entrará en la escena", "tal actriz va a salir", "esta es la intriga o el desenlace de esta manera"; esto es arrebatarles todo el placer de la representación, como diciendo: escúchenme Vds. lo que yo les explique, porque no son Vds. capaces de comprenderlo.


En otro tiempo se palmoteaba francamente al actor de talento; pero hoy, el amor propio de estos señores ha tomado un rumbo muy seguro para adquirirse los honores sin el trabajo de merecerlo.
 
Los teatros tienen sus apasionados; éstos se reúnen en los sitios más preferentes y forman una guerra exclusiva, y el artista moderno aguarda pacientemente la tronada de los aplausos para proseguir su papel; pero aunque este premio lisonjero sea debido al talento, acostumbraos a no palmotear jamás. Bien veo que se me dirá que es muy penoso no manifestar su satisfacción al actor que acaba de alegrarnos o enternecernos; pero la falta ésta, respecto a un hombre sensato, en las intrigas que suele haber en el particular para no querer confundirse con los aplaudidores asalariados.

El uso más fino que el del palmoteo es el decir: "bravo, muy bravo, bravísimo, y muy bien, grandemente".

Fuente: Protocolo.org

sábado, 12 de abril de 2014

Anacrónicos en una ciudad con bruma

En mayo sale a la venta la segunda edición de "La ciudad de la bruma" (2010) de Daniel Hernández Chambers, con cambio de cubierta y de formato, ambientada en el Londres victoriano de finales del XIX. Versatil Ediciones reedita la novela y nos hace mucha ilusión anunciar que en la portada aparece Víctor Plata, uno de nuestros miembros de Anacrónicos Recreación Histórica que cedió su imagen realizada por Rossend Photography para la cubierta.
 
Al caer la tarde, la bruma desciende sobre la ciudad y las siluetas de los edificios y de las personas se difuminan. Allí donde mires puedes descubrir fantasmas. En la oscuridad acecha el mal.
Varios personajes deambulan por las calles: una joven perdida, un hombre al que acusan de ser un monstruo, un asesino y un muchacho que busca un recuerdo.
 
Sinopsis:  El joven William Ravenscroft recibe un encargo que no puede rechazar: la mujer que siempre ha cuidado de él le pide que encuentre a su hija y, para intentar localizarla, William tiene que adentrarse en un lugar en el que le aguardan peligros, secretos insospechados y toda una galería de personajes que cambiarán su vida, los siniestros barrios del East End londinense.

  

Aquí os dejamos un enlace al facebook oficial de la novela

viernes, 21 de febrero de 2014

El bastón, el complemento ideal para el caballero decimonónico

El bastón es símbolo de elegancia y prestigio. No es sólo una herramienta que nos ayuda a caminar o a sostenernos sino que durante mucho tiempo, ha sido un elemento de prestigio para hombres (pero también para mujeres). Charlot, Fred Astaire... son algunos de los mitos cinematográficos que permitieron a esta vara, continuar teniendo su propia iconografía.

La Biblia es uno de los primeros textos de los que tenemos constancia en los que aparecen referencias a los bastones, pues transformó el agua del Nilo en sangre y procuró agua al golpear una roca en el monte Horeb. Andando el tiempo, sirvió de apoyo a los peregrinos durante la Edad Media pero también el bastón ha sido atributo de obispos y gobernantes.
 
Además, no sólo los hombres gozaron de su uso: los ejemplares femeninos solían ser más ligeros y con una mayor carga decorativa y los hay incluso en cuyo mango existe un extremo para guardar el abanico o un recipiente con maquillaje.


La finalidad de los bastones, masculinos o femeninos, es variado: expositiva o decorativa, conmemorativa, práctica, bastones de mando militar o institucional... y los materiales eran diversos: predominaba la madera pero también los había de materiales preciosos como el oro y la plata, el carey, el cristal de colores o incluso la porcelana, puesto que se trataba de piezas utilizadas como joyas o elementos distintivos sin intención práctica en muchos casos.
 
Los tipos de bastón se pueden clasificar en cuatro grupos:
 
- Con la curva clásica en la parte superior: de gran difusión en todas las épocas y uso exclusivamente matutino.
- El "milord" se utilizó sobre todo en Inglaterra durante los siglos XVIII y XIX. Con remate en la parte superior de forma recta.
- Con empuñadura de tipo pomo, que puede ser aplanado, torcido hacia un lado o bien de forma irregular.
- El bastón con empuñadura de ópera, muy difundido haca finales del siglo XIX en ambientes de época.  
 
La variedad de los modelos a lo largo del siglo XIX, momento de esplendor de estas piezas, es muy interesante pues en la primera mitad de la centuria, en Inglaterra sobre todo, se ven empuñaduras con cabeza de animal que incluso pueden ser autómatas y con un resorte, estirar las orejas o abrir la boca. El amor de los británicos por perros y caballos se plasma a la hora de elegirlos como motivos decorativos de los puños, que se verán rematados también con gatos, aves o conejos.

 
Desde la década de 1820, el bastón se convierte en un objeto que maca el estatus social de su portador, por lo que es utilizado a menudo por la burguesía, creándose así un protocolo. A mediados del siglo XIX el bastón era ya un elemento imprescindible para todo caballero distinguido.
 
Una de las producciones más antiguas y prestigiosas es la inglesa. La casa Swaine, Adeney y Brigg de Londres se funda en 1750, alcanzando gran fama en el siglo XIX por la calidad de sus detalles. En Francia es particularmente famosa la Maison Antoine, que produce bastones desde 1760. De hecho, son de procedencia francesa los femeninos y los llamados "estratégicos", que son los que se pueden transformar en objetos diferentes a los que aparentan en un primer momento.  
 
Los bastones estratégicos son una curiosidad decimonónica y en las diversas soluciones podían pasar desde incorporar un reloj o una brújula a incorporar un metro aquellos que fueran realizados para los sepultureros o enterradores, que debían medir ataúdes. También los había con pipas de fumar, para introducir algunas medicinas, aparejos de pesca o un pequeño asiento para transformar el asiento en silla, así como unas ruedas que conformaban una especie de bicicleta. No obstante, estas piezas de doble uso estaban realizadas en su mayoría por encargo.
 

Muy famosos son los bastones estoque, que incluyen en el interior de la vara una espada. Es, por antonomasia, el bastón victoriano y los que tenían una hoja toledana eran los más demandados.

 
Texto íntegro: "Bastones: signo de distinción y capricho de los coleccionistas" de Raquel Sigüenza. Revista Subastas Siglo XXI, julio 2012.

miércoles, 18 de diciembre de 2013

Cómo nació el esmoquin

Era costumbre en los caballeros británicos del siglo XIX que se relajaban en sus casas tras las cenas haciéndose la chaqueta del frac incómoda para tal propósito. A mediados del siglo decimonónico se impone, convirtiéndose en tendencia y moda, que la chaqueta del frac sea sustituida por un cómodo batín que protege del olor de la pipa o puro y de las quemaduras.
 
 En 1860 algunos comenzaron a llevar esta invención por la tarde, siguiendo el ejemplo del Príncipe de Gales (futuro Eduardo VII, el mismo que marcó la época "eduardiana" de principios del siglo XX), que encargó a su sastre una chaqueta de frac de seda azul sin cola, que pudiese llevar a las cenas en su finca de Sandringham. Así nace el "esmoquin" (del inglés smoking) o "dinner jacket". Solía ir siempre sobre un chaleco y acompañarse por una pajarita blanca o negra, como ha llegado hasta nuestros días.
 
 Por casualidad, también eran clientes del sastre del príncipe los fundadores del elitista Tuxedo Club, de Nueva York, que copiaron la prenda introduciéndola en los Estados Unidos, donde recibió el nombre de "tuxedo".
 
 Ni qué decir tiene que hoy en día, esta prenda con más de 150 años sigue vigente en el armario de un caballero que quiere ir arreglado a alguna cena, festival o ceremonia.
 
Autor: Jesús Cano para "XL Semanal" del 15 de Diciembre de 2013

domingo, 2 de junio de 2013

La evolución de la moda masculina en el siglo XIX

La moda femenina en lugar de volverse cómoda y práctica, se convirtió en un tormento. Sin embargo, la moda masculina acusaría en todo el siglo XIX el camino opuesto a la moda femenina: el paso de la ostentación a la simpleza. ¡Punto para los chicos, porque la moda masculina del siglo XIX es evolución antes que moda retro!
 

Las chaquetas con solapas que se usaban a fines del siglo XVIII darían paso desde 1780 al frac, al redingote, a la levita etc, tomando como inspiración la rigidez de los trajes militares, lo que significó la desaparición de las enormes bocamangas de los puños.


Las solapas de estos trajes serían muy grandes a inicios de siglo (incluso los chalecos tenían enormes solapas que sobresalían)  pero se fueron reduciendo progresivamente.
 
El chaleco deriva de la chupa, que era una especie de saco interior con faldón que llegaba a las rodillas, casi siempre sin mangas. El chaleco, cuando apareció en los primeros años de 1800, tendría corte severamente recto justo donde empieza el ombligo, y no taparía las ingles de los varones sino hasta 1840, aproximadamente. 


Los pantalones de la edad contemporánea surgen a partir de la Revolución Francesa  (los sans culottes los implantaron como signo de abolición del antiguo régimen) pero no se hicieron populares sino a partir de 1815 aproximadamente, aunque las calzas aguantaron hasta muy entrada la mitad de la década 1820, en las clases altas.
 
A inicios del siglo la figura del “incroyable” (increíble) francés y del “elegante” español acusan pantalones la mar de ceñidos, que se ajustaban completamente a la forma de la pierna, corbatas que tapaban la barbilla, chalecos y fracs entallados con faldón posterior y algunas extravagancias como el cabello largo en mechones desordenados (“orejas de perro”) y el “bastón nudoso” (parecía simplemente una rama desgajada de un árbol).
 
El “incroyable” fue la moda de los “contrarrevolucionarios” franceses, pero también la moda de la época del “Directorio” (su contraparte femenina fue la “merveilleuse”/“maravillosa” que usaba los escandalosos, por lo transparentes, vestidos de muselina de talle alto).


Si se investigan las pinturas, encontrarán que algunos pantalones “de baile” de la década 1820 dejan ver ampliamente la parte de la pierna a partir de la base de la pantorrilla para abajo y tienen una graciosa caída recta ligeramente ancha, como la moda juvenil de hace pocos años; se usaban con medias largas, a menudo bordadas y siempre visibles.
 
En toda la década de 1820 y los primeros años de la década 1830 se generalizaron unos pantalones tan ceñidos como las mayas de lycra (y no lo hubiese creído nunca de no haber visto un daguerrotipo, es decir, una fotografía primitiva de esos tiempos); como defensa debo decir que con botas altas la cosa no era tan desagradable, tanto como con el calzado masculino de ese período que dejaba a la vista el empeine. 




Para 1835 los pantalones ya  eran casi como los  actuales, aunque todavía muy rectos y entallados (pero ya no como mayas).
 

El redingote se impone a partir de 1830 , y la levita (usada ya en el siglo XVIII) abierta por delante y con el vuelo del talle para atrás, dominará la segunda mitad del siglo XIX hasta 1890. En sus inicios, en 1830, el redingote imitaba la línea del vestido femenino: de falda acampanada y talle estrecho. 






Más o menos por los años 1840 el entallado de la ropa masculina cedería para darle a la figura masculina   un aire más grave. El redingote con falda en forma de campana desaparece en esta década. Las camisas no eran como las de hoy, con una hilera delantera de botones, sino que en la parte del pecho tenían unos cordoncillos para cerrarlas, y el cuello y los puños eran piezas aparte que se abotonaban (esto último, hasta los primeros años de 1920).







La rigidez de los cuellos de la  camisa, por lo general almidonados, acabarían en la hasta hoy clásica “pajarita.”


 
 
 
 
 
 
 
El calzado común de la segunda mitad de este siglo que nos ocupa serían botines y botas, sobre las cuales, para salir a la calle, se usaban  “escarpines” (para no  ensuciarse, porque las calles de esos tiempos eran de causar asco). 
 
De todas estas modas solo el frac (en sus múltiples variantes) y la camisa con cuello “pajarita” han sobrevivido hasta hoy, usados como vestimenta para reuniones muy formales, aunque un “revival” del redingote y la levita de solapas anchas llegó en los años sesenta, de la mano de los cantantes de rock, como la apariencia de los Rolling Stones en sus inicios.
 
A propósito ¿saben cómo y en qué época aparecieron los pantalones de bota ancha, acampanados y pie de elefante? No fue en los setenta, sino a principios del siglo XIX, y por obra y gracia de los marinos estadounidenses de la época. Para que vean.