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martes, 19 de septiembre de 2017

Bibliografía comentada sobre indumentaria histórica : Deb Salisbury

Desde hace unos años el mundo de la indumentaria histórica está sufriendo un importante rejuvenecimiento; ya no sólo contamos con los viejos manuales clásicos, que aunque no superados, se terminaban viendo escasos porque había muchos puntos que no terminaban de tratar, ahora un cierto número de autores ha irrumpido en el marco editorial con obras que son, cuanto menos, de lo más interesantes y útiles.
Hoy vamos a tratar de una de las más recientes Deb Salisbury que, de momento nos lega cuatro ejemplares de lo más interesantes con los que trabajar. ¿Uno de sus handicaps? Obviamente están en  inglés.
The Art of the Mantua-Maker: 1870-1879 (Fashion, Sewing, and Clothes Care Advice)
Autora: Deb Salisbury
 Editorial: Autoedición 
 Año de edición:2014
 Idioma:Inglés
 Nivel: Intermedio
 Número de páginas: 307
 Dónde conseguirlo: https://www.amazon.es/Art-Mantua-Maker-Fashion-Victorian-Dressmaking/dp/1502832003/ref=tmm_pap_swatch_0?_encoding=UTF8&qid=1475851517&sr=8-1
Me encontré con esta serie de libros casi por casualidad y, personalmente me parecen una auténtica joya. No hay grandes alardes editoriales, es en blanco y negro y con una edición justita, pero el precio no supera los 11 € por lo que es una oferta más que interesante.
Ya en contenido podemos decir que es un estudio de la moda femenina desde 1870 hasta 1879, pero un estudio pormenorizado, analizando los distintos tipos de trajes al completo, desde la ropa interior, pasando por el traje y luego la decoración; con esquemas de algunos modelos y muchas imágenes ilustrativas. No te va a decir cómo hacerlo, pero si te guía en la parte teórica del tema. Hablamos de los tejidos y colores de moda en el año, que se utilizaba para que tipo de vestido, para qué se usaban esos vestidos… todo ello recopilado de revistas de la época y aderezado con una interesante bibliografía.
En contraposición podemos decir que, para aquellos no familiarizados con el inglés puede ser un libro arduo de leer, pero merece la pena intentarlo. En definitiva, 100 % recomendable.

Victorian Bathing and Bathing Suits (The Culture of the Two_Piece Bathing Dress from 1837- 1901)
 
 
 Autora: Deb Salisbury
 Editorial: Autoedición
 Año de edición:2013
 Idioma:Inglés
 Nivel: Intermedio 

 Número de páginas: 122
 Dónde conseguirlo: https://www.amazon.es/Victorian-Bathing-Suits-Culture-Two-Piece-ebook/dp/1492971405/ref=sr_1_2?s=books&ie=UTF8&qid=1475852422&sr=1-2
Como en el caso anterior nos encontramos ante un estudio pormenorizado de lo que se denominó la cultura de “tomar las aguas” desde sus puntos de vista sociales, a las modas ya sean de dama, caballero o infante aunque, como suele ser habitual, se centre fundamentalmente en las damas. Que telas elegir, que colores, que complementos, todo lo encontrareis aquí, ilustrado dignamente y con algún pequeño esquema, aunque no muchos
También cuenta con una bibliografía más que interesante aunque, por sus dimensiones el libro sepa a poco (pero lo poco que hay es altamente recomendable).


Elephant's Breath and London Smoke ( Historical Color Names, Definitions, ans Uses in Fashion, Fabric and Art)
 Autora: Deb Salisbury
 Editorial: Autoedición
 Año de edición:2015
 Idioma:Inglés
 Nivel: Alto
 Número de páginas: 209
 Dónde conseguirlo:    https://www.amazon.es/Elephants-Breath-London-Smoke-Definitions/dp/1505497884/ref=tmm_pap_swatch_0?_encoding=UTF8&qid=1475853013&sr=1-1-catcorr
Si habéis visto esto título seguramente os habréis quedado de piedra, y si habéis tenido el libro en vuestras manos y habéis visto que es un diccionario sin ninguna imagen y muchísima letra, a muchos os habrá echado para atrás. Pero, permitidme decir que os equivocáis, este libro es una auténtica joya! Arduo y complicado, cierto, pero una auténtica joya al fin y al cabo.
¿Y que puede tener para nosotros algo que se llama “Aliento de elefante y bruma londinense”? Pues algo que se pasa generalmente muy por alto y que es la terminología de los colores. Tendemos a extrapolar nuestros conocimientos a épocas pasadas, sin pensar si en esos momentos era realmente así. Por ejemplo damos por hecho que lo que hoy entendemos por rojo ha sido rojo toda la vida, y no es así. Sin ir más lejos en el siglo XIX los colores tenían tras de si toda una serie de rituales, y ya no es sólo el hecho de que hubiera mil matices de un mismo color y que usar uno u otro pudiera lanzarte en sociedad o hundirte, sino que cada color se usaba para una cosa concreta.
Y este libro nos ofrece eso, una guía de colores, su descripción, su simbología, para qué usarlos, cuando usarlos, con qué usarlos y quien los podía usar.
Es un libro sumamente complejo, pero una mina de oro a un precio irrisorio.
Su gran falta… las imágenes. Sobre todo en temas como estos en los que la clave está en el matiz, tenemos que hacer uso de la imaginación para saber de que está hablando la autora.
Por cierto, ¡la bibliografía es también un punto a favor!
Fabric à la Romantic Regency ( A Glossary of Fabrics from Original Sources from 1795- 1836)


 Autora: Deb Salisbury
 Editorial: Autoedición
 Año de edición:2013
 Idioma:Inglés
 Nivel: Alto
 Número de páginas: 324
 Dónde conseguirlo:  https://www.amazon.es/Fabric-Romantic-Regency-Glossary-Original/dp/149298745X/ref=tmm_pap_swatch_0?_encoding=UTF8&qid=1475853956&sr=8-1

Bueno, pues aunque la autora acaba de publicar un nuevo libro, por hoy este será el último para nosotros. Otro de esos arduos pero verdaderas joyas.
 Bibliográficamente hablando la época de principios del siglo XIX es la que menos se tiende a tocar, por lo que suele ser bastante complejo encontrar estudios interesantes que vayan más allá de una recopilación de fashion plates o algún libro de patrones (que son de lo más interesantes, pero dejan un importante vacío de conocimiento). Y si a eso le sumamos que nos encontramos en una época en la que la industrialización textil está en pañales podemos llegar a encontrarnos en un problema. Porque, al igual que en el caso de los colores, no podemos extrapolar el nombre de un tejido del siglo XXI y dar por hecho que a principios del Siglo XIX fuera lo mismo. A parte de que muchos de los tejidos y colores que se empleaban entonces hoy en día han caído en desuso.
Por ello, poder contar con un diccionario pormenorizado con todos los tejidos empleados en la época, cómo eran y para que se empleaban es un recurso impagable.
Y eso es lo que nos da este libro, ¿el problema?, la carencia absoluta de imágenes, otra vez hay que recurrir a la imaginación pero, aún así, debería de ser un imprescindible en nuestras bibliotecas si queremos ir un poquito más allá en el mundo de la recreación.
Fuente: Elizabeth A. Montgomery

domingo, 2 de julio de 2017

Evolución en la moda femenina en el siglo XIX

En otra entrada a este blog, os hablábamos de la evolución de la moda masculina en el siglo XIX y hace tiempo que deseábamos hablar de una época en la que la indumentaria y su evolución estuvo dedicada y enfocada al mundo femenino.

Nuestro post no pretende ser un estudio profundo de periodos estilísticos, sino un breve compendio. Hay en la red muy buenas páginas relacionadas con la moda ( tanto histórica como específicamente victoriana) como la de Pablo Pena que reseñamos como una de las mejores. Nuestro interés al escribir esta entrada es la de exponer de manera clara unas características destacadas para que se pueda identificar cada periodo de moda femenina en el siglo XIX y circunscribirla a unas décadas o años concretos.


De esta manera, el vestido con el que inauguramos el siglo decimonónico es aquel que proviene de Francia y pone de moda Josefina Bonaparte, esposa de Napoleón, hacia 1800. Toda Europa mira hacia esta corte imperial tan fastuosa como lujosa y aunque muchos países están en guerra contra el militar, sus mujeres no pueden sino suspirar por imitar unos modelos que la primera dama luce con orgullo y elegancia. Es por ello por lo que este vestido se conoce como "Traje Imperio" o "Vestido Regencia" ("Empire gown"). El diseño de día consiste en telas muy finas, gasas y muselinas de colores muy claros. El talle se corta bajo el pecho con escotes algo pronunciados (en el modelo de noche serán más acusados y sobre todo en Francia. En el resto de países, los escotes serán más subidos y siempre bajo el uso del corsé). Bajo el pecho se puede llevar una cinta o algún adorno de color. Este traje, sin marcar las curvas de la silueta femenina, es de talle hasta los tobillos y mangas o bien de farol o bien estrechas y largas.



Es la época en Inglaterra de Jane Austen en el que se desarrollan todas sus novelas. El traje de noche, igual en forma, utiliza más encaje y pasamanería, brocados, chales provenientes de la India estampados de vivos colores y telas más lujosas como el terciopelo.















A este vestido tan delicado se le unen otros complementos: la pelisse (un abrigo hasta el suelo y cerrado por delante), el manguito para proteger las manos, la spencer (una chaqueta cortada a la altura del pecho, generalmente con doble botonadura) y los bonetes, que es el sombrero más usado en esta época y se ataba mediante cinta, bajo la barbilla. Según fuera de paseo, de campo o ciudad, se adornaba más o menos con lazos, flores y plumas. 



 Hacia 1820 aproximadamente los trajes se van abullonando y se comienzan a recargar. El talle se complica, baja la cintura y la falda se llena de volantes y enaguas bajo ellas. Las telas se vuelven más sobrias, aunque muchas de ellas irán estampadas y existe más variedad en los colores. En los años 30 y 40 las mangas se hacen más grandes llegando a llamarse "mangas de jamón" y requiriendo unos armazones que las sujetaran y guardaran la forma. Los peinados se complican acorde con los trajes y surgen los de "jirafa" que son elevados y también necesitaban de alambres para que se mantuviesen altos. 

En Reino Unido comienza a reinar la Reina Victoria en estos años y a este estilo comienza ya a llamarse "Victorian dress" aunque en Europa se le conoce como "estilo romántico" porque es cuando el movimiento Romántico alcanza su plenitud y en España tomará el nombre como "estilo Reina Cristina" (por la esposa de Fernando VII, Mª Cristina de Borbón y Dos Sicilias y Regente hasta la mayoría de edad de Isabel II). Bajo estos vestidos estampados, motivados en gran parte por la revolución industrial que crea nuevos colores y motivos, se esconden multitud de enaguas para abullonar las faldas y un corsé que comienza ya a dejar ver la silueta del reloj de arena. Las telas

No obstante, hacia 1850 los vestidos pesan tanto y están tan ajustados a la cintura creando la figura del reloj de arena (momento de plenitud) que se decide rebajar el número de enaguas y conseguir el mismo volumen que se conseguía gracias a éstas con un armazón que abullona exageradamente la falda. Estamos hablando de la crinolina (llamada así porque las varillas se hacían con crines de caballo) o el miriñaque

Este armazón, que se podía comprar en tiendas ya especializadas gracias al emergente comercio de la moda (surgen las primeras tiendas en Reino Unido y Francia con diseñadores de renombre. En París por ejemplo, Worth trabaja para la emperatriz Mª Eugenia y marca con su nombre toda la ropa que le confecciona) se colocaba sobre unos pololos, una enagua y un corsé apretadísimo que ya comenzaba a provocar desarreglos anatómicos y alguna muerte por corsé. Sobre la crinolina solía colocarse otra enagua y por último, el vestido ajustado marcando perfectamente la cintura El vuelo de la falda es tan grande y la sociedad victoriana tan decorosa que el largo baja hasta el suelo, impidiendo que se vea más allá de la punta del zapato de las damas y considerando obsceno que un caballero pudiese contemplar el tobillo de una señora. 

Por antonomasia, al estilo de crinolina o miriñaque es al que, por extensión, se conoce como "moda victoriana" aunque también se le puede llamar "vestido de la Guerra Civil Americana" (recuérdese "Lo que el viento se llevó"). 

El traje de día suele ser más sobrio mientras que el de noche se llena de volantes, encajes y sobrefaldas. Los escotes más de moda son los de barco aunque también son estilosos en pico o los redondeados. Los colores para las jóvenes suelen ser cremosos o cálidos, para las casadas más oscuros, pues en bailes y teatros, era a las doncellas a quienes debía verse más para atraer a posibles partidos. 

Paulativamente, alrededor de 1865-68 la cola de las crinolinas comienza a ser más abultada y surge la crinolina elíptica que comienza a sustituir a la redonda. En dos años, ya para la década de 1870, a la par que modistas, sastres y casas de moda se adaptan a los nuevos cambios cada vez más ligeros en la moda femenina, surge el polisón

Se trata de otro armazón cuya vigencia acabará hacia 1890 y en cuyos 20 años de imperio, logrará pasar por cuatro estilos diferentes (primer polisón, Natural Form o "estilo princesa", segundo polisón y Hourglass), cada uno con unas características bien diferenciadas.  


 Este nuevo estilo permitía la silueta de un reloj de arena pero con la falda no tan abullonada, permitiendo "forrar" a la mujer en una segunda piel. Los cuerpos se ajustan cada vez más y las faldas se estrechan, marcando busto y caderas. Surgen nuevos colores como el morado, tan de moda en estos años. Con el polisón surge también el traje de una sola pieza, totalmente abotonado por delante. Los peinados se llenan de postizos, trenzas y roscas imposibles que cubren con sombreros de múltiples formas con todo tipo de abalorios sobre ellos. Se abaratan los costes de la indumentaria, surgen los trajes industriales, realizados a máquina y de manera serial (para poderse comercializar), lo que ya no lo convierte en un producto de lujo y exclusivo. La etiqueta exige además que las damas mantengan un traje de mañana para estar por casa, un traje de visita, otro de paseo, el de montar a caballo, el de tarde, el de baile y el de noche (para cena y teatro). 

Los materiales utilizados son bordados, satenes, terciopelos y sedas para los trajes más elegantes y lana y algodón para los de diario. 

Cansados ya de una moda que impedía libertad de movimientos y unido a los alzamientos de sufragismo e independencia de la mujer, la moda femenina exige que el cuerpo se emancipe del armazón y vuelva a llevar sólo una enagua bajo la falda. Es lo que sucede a partir de 1890


El deseo de poder realizar algunos deportes al aire libre como montar en bicicleta o jugar al tenis provoca que algunas comiencen a utilizar pantalones o bloomers (creados por Amelia Bloomer en la década de 1860) para escándalo aún de una sociedad puritana. Las faldas se hacen sencillas, sin apenas adorno las del día y con un cuerpo de mangas abullonadas y cuello muy cerrado. La cabeza se cubre con un moño sencillo y un sombrero de ala corta y plana o canotier. Hacia 1890 surge el traje sastre, compuesto de tres piezas (falda recta que ya permite ver los botines, camisa y chaqueta) que ya antecede la moda eduardiana que será la que cruce al siglo XX y la que da lugar a la Belle Epoque de 1900. 

No debemos olvidar que junto a esta evolución de la moda, existen complementos que acompañan a la dama a lo largo de todo este siglo: el abanico (llamado "imperceptible" en época Imperio debido a su tamaño), el bolso (llamado "ridículo" en época Imperio también debido a su tamaño) y la sombrilla. Por último, nos gustaría recordar que la moda infantil sigue los mismos patrones que la adulta pero en miniatura, de manera que las niñas visten a lo largo del siglo XIX como sus madres pero de una manera más sencilla. También ellas llevan sus corsés, sus enaguas, pololos, chemisses y naturalmente en la época de la crinolina y polisón, sus armazones correspondientes. El imperio de la moda llega así hasta todas las edades y estratos sociales. 

domingo, 19 de febrero de 2017

Exposición "La moda romántica"

Muchas son las razones para visitar el Museo del Romanticismo de Madrid y pocas las excusas. En estas fechas, a las primeras se une la exposición (en colaboración con el Museo del Traje) sobre "La moda romántica" (Octubre 2016 - marzo 2017) en el que a lo largo de todo el museo (y la sala de exposiciones temporales) se muestran algunos vestidos del siglo XIX abarcando el final del periodo Imperio, el romántico y el de crinolina.
 
 
Las prendas se reparten por las distintas dependencias creando un museo vivo, más acogedor aún, en el que parece que estas prendas sin cuerpo o cabeza (como aquel jinete de Sleepy Hollow extraído de la imaginación de Washington Irving) salen al encuentro de los visitantes para darles la bienvenida y mostrar mejor aún cómo se vivía en los tiempos de la España Romántica.
 
Además de la combinación magistral con el que estas piezas textiles se incluyen en el discurso expositivo, hay que remarcar que se encuentran expuestos sin vitrinas o escaparates, lo que permite la visión global de las prendas y visionar detalles que de otra manera, pasarían por alto como por ejemplo los cierres de los cuerpos, de las faldas o de los chalecos.
 
 
Aunque la selección dispone de más vestidos femeninos, no se olvida del mundo masculino, representado en mucha menor medida y distinguido por Brummell y en menor medida por Mariano José de Larra.
 
 
La figura del dandy está remarcado a través de la levita de "Fígaro" y de dos chalecos que permiten ver sus bordados y la calidad de las telas. Tampoco la exposición se olvida de las revistas de moda que en el siglo XIX surgieron y se popularizaron, permitiendo ver las prendas de verano y las de invierno.
 
Mención aparte merece el traje infantil situado en la habitación de juegos y que permite comprobar que los niños vestían como los adultos en menor escala.
 
Por último, hay que destacar que en el recorrido de la exposición se puede admirar una prenda histórica cedida temporalmente por el Museo Arqueológico Nacional. Se trata del corsé de Isabel II con el que fue apuñalada por el cura Merino y cuya historia ya relatamos en una entrada anterior.
 
 El corsé, obra invitada en el museo hasta marzo, nunca había sido expuesto con anterioridad y es una manera de conocer con detalle un suceso que conmocionó a personajes y prensa de la época. En él se aprecia admirablemente el desgarro sobre la tela que ocasionó el arma, el tallaje del cuerpo de la reina y la fabricación de una prenda íntima que tuvo en el siglo XIX su mayor imperio.
 
En definitiva, os animamos a que visitéis el Museo del Romanticismo, que imaginéis con todo lujo de detalle cómo se vivía hace dos siglos y que os recreeis con las prendas y las historias que destilan.
 

 

 

domingo, 25 de septiembre de 2016

Evolución de la moda femenina en el siglo XIX

El siglo XIX es una época compleja en cuanto a moda se refiere, por los continuos cambios que la indumentaria sufre en comparación con los periodos anteriores. A continuación, os mostramos, a nivel genérico y de manera breve, un resumen de la moda femenina a lo largo de este siglo decimonónico.

Comenzamos en los albores de 1800 con un vestido que estaba en boga en Europa. Venía del traje Camisa de finales del siglo XVIII que tanto potenció María Antonieta y que tomó el nombre de vestido Imperio en Francia o vestido regencia en Inglaterra. Se trataba de un diseño sencillo, de colores claros para doncellas y más oscuros para damas casadas y realizados con telas muy ligeras y con caída como sedas, muselinas y algodones. El corte, en vez de llevarlo a la cintura como era lo habitual, se subió hasta cortarse a la altura de debajo del pecho, sin marcar caderas ni cintura y largo hasta los tobillos (hacia 1812 comenzó a acortarse hasta dejar ver los tobillos). En las adaptaciones cinematográficas de las novelas de Jane Austen o en "Guerra y Paz" podeis contemplar este tipo de trajes.


Las mangas cortas eran de tipo farol y las largas, ajustadas y rectas. Bajo el vestido se usaban ligeras enaguas de algodón y el corsé, que podía ser corto (sólo de pecho) o largo (hasta la cadera). En invierno, las damas utilizaban abrigos de lana fina aunque el modelo más utilizado fue la Spencer , una chaquetita de manga larga y de cintura corta. En otras ocasiones los vestidos se cubrían con chales o mantones.


El cabello (siempre recogido) se cubría con los llamados bonetes, un sombrero ancho que se ata bajo la barbilla.

Hacia 1820 este vestido Imperio comienza a mostrar una serie de cambios que se hacen más vistosos en los años 30: el talle se alarga de nuevo hasta la cintura, el largo del vestido se acorta hasta mostrar los tobillos. mangas de jamón y el traje se hace más recargado. El corsé vuelve a marcar la silueta de la dama y se ponen de moda los peinados jirafa. Es el llamado "vestido romántico" que se exportará desde Inglaterra con el entronamiento de la reina Victoria por toda Europa (en España coincidirá con el reinado regente de María Cristina, madre de Isabel II). Los colores, debido a la revolución industrial, son muy alegres y los escotes generosos.


El amplio vuelo de las faldas se conseguía con varias capas de enaguas. Como cada vez se necesitaban más capas de sayas para ahuecar la falda se inventó una jaula llamada miriñaque o crinolina (porque estaba confeccionada con las crines de los caballos) para soportar el volumen de una falda que hacia 1850 comenzó a hacerse cada vez más voluminosa, dando lugar al llamado traje de crinolina o miriñaque.
 





 
Se caracteriza porque el cuerpo se ciñe extremadamente a la cintura y vuelve a marcar la silueta del reloj de arena. El corsé se aprieta hasta ser una segunda piel mientras que de la cintura nace una falda con un vuelo exageradísimo que no estuvo exento de caricaturas y ridiculeces en prensa. Por lo general, en la década de 1840 y 1850 gustan los volantes mientras que en 1860 se simplifica y los volantes desaparecen.






Es el vestido con el que se identifica actualmente a la dama del siglo XIX y del periodo central de este siglo, coincidiendo con el esplendor del Imperio británico y de la era victoriana. Precisamente, debido a la actitud moralizante de la reina, que se exportó creando una serie de normas reguladoras del comportamiento que debía seguirse, los escotes de los trajes de paseo son elevados, la longitud del vestido tan largo que no deja ver si quiera el zapato y el negro se impuso como el color elegante que toda viuda debía llevar.

Hacia 1865 la crinolina comienza a abultarse en la zona trasera y a crear un abullonamiento que da lugar al estilo polisón. El cuerpo se ciñe cada vez más potenciando el busto, la cadera y haciendo una figura estilizada y muy alargada. Las sedas de diferentes colores (sobre todo el morado, que se puso muy de moda), los terciopelos, satenes y algodones o lanas fueron los materiales más demandados.


Los sombreros eran pequeños, de ala corta pero muy recargados en sus adornos, que incluían plumas.

Hacia 1880 el talle se hizo cada vez más ajustado creando el estilo princesa o Natural Form y en el que las damas apenas podían caminar debido a la estrechez del traje y a sus múltiples costuras que le impedían sentarse y respirar cómodamente.


Hacia 1890 finaliza el imperio del polisón y nace lo que se ha venido denominando "traje sastre" que anticipa el periodo eduardiano inglés (llamado así por el príncipe Eduardo, posteriormente rey a la muerte de su madre Victoria) o Belle Epoque. La mujer comienza a interesarse por los deportes: sale a pasear en bicicleta, juega al tenis, a darse baños de agua en el mar y a pasear con un traje de tres piezas: falda recta con más o menos vuelo pero sobre todo funcional, camisa de cuello alto y chaqueta. 


Cada vez más damas usan (ante el escándalo de una sociedad aún conservadora) los bloomers o pantalones bombachos.


No hay que olvidar la moda infantil, en la que los niños visten como los padres, siguiendo las mismas modas que los adultos en todas las épocas y tampoco podemos despedirnos sin hablar de que, junto a esta indumentaria, es requisito imprescindible hablar de los complementos más utilizados por las mujeres del siglo XIX. Ésos eran los bolsos pequeños (en el periodo Regencia llamados "ridículos" por su tamaño), las sombrillas para mantener un cutis lo más blanco posible y así distinguirse de las clases trabajadoras que estaban curtidas al sol y morenas, las joyas, abanicos, sombreros sujetos a menudo por agujas de pelo...
 
Para ampliar este breve resumen por la historia de la indumentaria femenina del siglo XIX os recomendamos las publicaciones del Museo del Traje, las del Museo del Romanticismo, así como algunas monografías como las de Pablo Pena, gran estudioso del tema.

sábado, 19 de julio de 2014

Presentación de Editorial D'Epoca en Gijón

 
Hace año y medio os hablábamos de esta pequeña editorial que habíamos descubierto para gran satisfacción nuestra y de muchos amantes, no sólo del siglo XIX y de la literatura, sino también para aquellos que buscan títulos difíciles de encontrar en castellano o historias descatalogadas. Tras algunos títulos publicados, el sábado 26 de julio, a las 19h en la Casa del Libro de Gijón (Asturias) va a tener lugar su presentación oficial (si la editorial fuese una joven doncella decimonónica hablaríamos de su "presentación en sociedad").
 
 
El evento tendrá lugar en colaboración con dos blogs literaarios,  Crónicas en Ferrocarril y Qué leería Jane Austen. La diversión está asegurada y podréis disfrutar de toda una aventura de época inolvidable.
 
 

domingo, 15 de junio de 2014

Mariano Fortuny y Madrazo

Inventor, pintor, grabador, fotógrafo y diseñador de moda, Mariano Fortuny y Madrazo fue el Leonardo Da Vinci español.
 
 
Durante mucho tiempo fue un genio olvidado en nuestro país y de hecho, después de su muerte, el Gobierno español rechazó el ofrecimiento de su viuda de donarle el Palacio Orfei de Venecia, residencia y estudio del artista. Tras la negativa, Italia aceptó encantada el preciado regalo el cual, hoy en día, sigue abierto al público.
 
Mariano Fortuny y Madrazo nació en Granada el 11 de mayo de 1871 en el seno de una familia de artistas, tanto por parte de madre (una Madrazo) como de padre, pintor con una carrera exitosa frustrada por una temprana muerte.
 
El joven Mariano sólo pudo compartir con su padre los primeros tres años de vida con su progenitor, pero su influencia marcó su trayectoria, pues heredó su amor por la pintura, los viajes, el coleccionismo de objetos curiosos, el orientalismo, los tejidos y la tecnología.
 
El estallido de la III guerra carlista en 1872 hizo que la familia se trasladara a Roma primero, a París más tarde y finalmente se estableciera en Venecia donde el joven artista encontró el ambiente ideal para dar rienda suelta a su vocación artística y científica.
 
 
En 1897 Mariano viajó a París conociendo a quien sería su esposa, Henriette Negrín, una burguesa divorciada que no agradó a la familia del artista.
 
Como inventor patentó un nuevo sistema de iluminación escénica y varias escenografías que mejoraban la puesta en escena pero nuestro artículo se basa sobre todo en el campo de las telas y tejidos donde experimentó revolucionando la industria de la moda.
 
Para algunos ballets había creado largos velos de seda estampada con los que se conformaba una especie de toga, conocidos como Knossos y que fueron un auténtico éxito entre las bailarinas como Isidora Duncan. Sin embargo, para conseguir su pleno sentido, los Knossos debían ser lucidos con el vestuario adecuado. Fue así como Fortuny creó el vestido Delphos en 1907 que, con los años, se convertiría en su seña de identidad. Su nombre procede de las pallas usadas en el mundo greco- latino como la del Auriga de Delphos.   
 
 
El Delphos era una especie de túnica de satén de seda plisada que revolucionó la encorsetada moda femenina de la época. Su estructura lo hacía apropiado para viajar, ya que ocupaba poco espacio (se guardaba enroscado) y no necesitaba plancha.
 
Fortuny quiso comercializar personalmente sus tejidos y vestidos, situándose fuera de los canales normales de la moda. Al principio, una parte importante del éxito de sus diseños se debió al pequeño grupo de admiradores que tenía, bastante influyente pero cuando en 1911 sus modelos se expusieron en el Louvre, su fama ya se consolidó. Un año después abrió tienda en París y Londres.
 
 
Al principio y por el código de la alta sociedad de la época (recordemos que es el momento el que la mujer intenta desprenderse del corsé pero estaba muy asociado al movimiento sufragista) el vestido Delphos que se lucía sin corsé, estaba destinado a la intimidad del hogar, como vestido de té, para recibir a los invitados por las tardes o para representaciones teatrales. Precisamente fueron artistas como Isadora Duncan o la Pavlova, las primeras que comenzaron a utilizarlos para salir a la calle, aunque su uso no se generalizó hasta los años 20 en el que artistas de Hollywood como Ethel Barrymore o Lilian Gish comenzaron a lucirlos fuera y dentro de la pantalla.
 
 
La década de los 30 fue complicada para el artista debido a la gran depresión que afectó tanto a Europa como a Norteamérica pero la ayuda de Elsie McNeill, una decoradora de interiores estadounidense que lo convenció para vender sus productos en Estados Unidos, fue crucial. Tuvo clientas exclusivas y su mercado se convirtió en el más importante para Fortuny.
 
En 1948 la salud del artista comenzó a resentirse: padecía un cáncer intestinal que acabó con su vida el 2 de mayo de 1949. Sin embargo, su legado sigue vivo en diseñadores actuales y sus modelos son símbolo de elegancia y de clasicismo greco- latino.
 
Texto: Matilde Molinero en "Mujer de hoy". Octubre 2013.  Texto íntegro aqui

miércoles, 15 de enero de 2014

Moda, ¿8º arte?

Desde el 6 de noviembre del 2013 y hasta el 8 de febrero del 2014 el Museo de Bellas Artes de Valencia acoge una exposición temporal cargada de inspiración para modistos y diseñadores de moda. La indumentaria histórica siempre ha sido un objeto lujoso y difícil de admirar por lo poco que ha llegado hasta nuestros días. Lejos de considerarse un campo frívolo, no deja de ser su estudio un campo más del arte y un mundo creativo amplio que recoge modas, estilos y acontecimientos sociales.
 
Bajo el epígrafe "Arte e indumentaria de la Revolución Francesa a la Belle Époque" la muestra expone los fondos del mismo Museo de Bellas Artes de Valencia y de la colección Victoria Liceras (investigadora y coleccionista de la indumentaria valenciana). Con un lenguaje claro y sencillo y apoyado en todo momento por la pintura, la exposición abarca el último decenio del siglo XVIII que implanta la moda Regencia o Imperio y se mete de lleno en el siglo XIX con sus distintos estilos: el Romántico, el imperio de la crinolina, la era del polisón y acaba con la moda de finales de siglo y principios del siglo XX llamada "Belle Époque" que finaliza con el estallido de la primera guerra mundial.


Con esta exposición se refleja claramente la evolución de la indumentaria durante el siglo XIX principalmente a través de sastres y modistos anónimos (caso contrario es la pintura en la que se apoya, con obra de Vicente López, José Madrazo, Ignacio Pinazo, Joaquín Sorolla...). Con los grandes nombres como Poiret o Fortuny entramos en el siglo XX.
 
No obstante, la exposición pone en relieve sobre todo la evolución de la figura femenina frente a la masculina que se queda relegada a un segundo plano por los pocos cambios que se producen en la silueta del varón. El corsé, las enaguas, las muselinas, brocados, sedas y complementos crean un ambiente delicadamente femenino que toma sus influencias de personajes tan relevantes como las emperatrices Sissí de Austria o Eugenia de Montijo de Francia. La única pega que le ponemos a la exposición, además de una museografía poco didáctica, es la falta de un catálogo publicado. De verdad nos hemos quedado con las ganas de que todo este trabajo se hubiese materializado en un buen compendio.  

miércoles, 20 de noviembre de 2013

Vestuario de la serie "Isabel"

Como ya hizo el Museo del Traje en Madrid con "Ágora" (2009) de Alejandro Amenábar y con "Lope" (2010) de Andrucha Waddington, hasta el 8 de diciembre se puede contemplar en las salas de exposición temporal del citado museo, una muestra del vestuario usado en la serie de ambientación medieval "Isabel", producida por televisión española.  
 
 
El vestuario refleja de manera cuidadosa la indumentaria de la época gracias a un profundo estudio de la documentación que se conserva de aquella época. Para ello, el equipo de vestuario se ha valido de historiadores que aconsejan sobre la manera de vestir a los personajes, así como profesionales del arte y de la indumentaria que asesoran acerca de qué materiales se usaban con más frecuencia, colores y motivos decorativos.
 
Los creadores de la indumentaria han sido Pepe Reyes y Natacha Gallardo, de la empresa de diseño de vestuario Look Art, quienes también han trabajado para otras series históricas como "La señora" o 14 de abril, la república", ambas también para TVE.

 
La exposición del Museo del Traje no sólo recoge la indumentaria de Isabel y Fernando, "los Reyes Católicos", sino de personajes que les rodean a lo largo de los capítulos como Chacón, Gonzalo Fernández de Córdoba, Boabdil, Carrillo, Pacheco o Aixa.


Para realizar el vestuario, que en la exposición puede verse a grandes rasgos en dos bloques diferenciados poniendo de relieve el mundo cristiano y por otro lado, el musulmán, los diseñadores han contado con diversos recursos:
 
1) por un lado con el trabajo de artesanos del cuero, del armiño (a la reina Isabel le gustaba mucho utilizar esa piel y la serie lo refleja) y de la joyería (como Luis Valencia)
 
2) por otro lado con la visita comercial a Marruecos para adquirir tejidos con clara inspiración oriental con la que luego trabajar en España a través de bordados o tintes para obtener el resultado deseado.


3) Y por último con la visita a anticuarios especializados para adquirir alguna que otra prenda con la que completar el inmenso vestuario que muestra la serie.

 La exposición reúne más de 30 piezas representativas de la primera y segunda temporada, incluyendo vestidos emblemáticos como el traje que llevó Isabel en su boda con Fernando, en su coronación o en la rendición de Granada.



 











La indumentaria otorga credibilidad a los personajes aunque entre el rigor histórico y la estética muchas veces se permiten algunas licencias que por iluminación o para realzar un personaje, es necesario. No obstante, el vestuario de "Isabel" ha recibido el premio "Iris de la Academia de las Ciencias y de las Artes de Televisión" (ATV) a la "Dirección de Arte y escenografía" en su última edición del 2013.

No perdáis la oportunidad de admirar de cerca estos trajes que con tanto esmero se han realizado y que, sin duda, no les falta detalle.

Texto extraído de la Nota de prensa facilitada por el Museo del Traje.
Fotografías realizadas por ©Pepe Reyes, ©Javier de Agustín y ©Museo del Traje CIPE.

domingo, 5 de mayo de 2013

La moda de Hollywood a subasta

Debbie Reynolds, la actriz de "Cantando bajo la lluvia" vende "on line" un vestuario legendario del Hollywood de su época dorada. A sus más de 80 años ha puesto en marcha una tienda online con los tesosos cinéfilos que ha ido recopilando desde los años 70, cuando los grandes estudios (MGM, RKO...), arruinados, sacaron a subasta sus colecciones. Reynolds pujó por todo lo que pudo como el sombrero de Chaplin, el de Harpo Marx pegado a la peluca, el vestuario de "Mogambo"... haciéndose con la mayor colección conocida de este tipo.
 
 
 
"Mi amor por el coleccionismo surgió al comienzo de mi carrera en la metro", explica Reynolds. "Solía pasar mi tiempo libre en el departamento de vestuario, disfrutaba viendo cómo gente increíblemente talentosa creaba el guardaropa de los actores. Me fascinaba que fueran capaces de traducir una simple sugerencia del guión, a veces incluso un diálogo entero, en un traje magnífico.Aquella era la época de los grandes diseñadores que trabajaban para la Metro, como Helen Rose o Walter Plunkett, que hizo el vestuario de "Cantando bajo la lluvia".
 
Con el tiempo, coleccionar y preservar objetos históricos de Hollywood se convirtió en una prioridad (casi obsesión) para ella. Ha atesorado vestidos, accesorios y muebles de las películas más famosas y queridas del mundo para abrir un Museo de Holywood que abarcara desde los inicios del cine hasta la actualidad.

 
 
La expuso primero en su hotel de las Vegas y después, en 1972, en el Hollywood Motion Picture Museum pero la ruina económica la obligaron a alejarse del sueño de abrir un museo dedicado a la meca del cine e ir cerrando esos lugares y a desprenderse de sus preciados objetos.
 
 
En el 2011 subastó casi 1.000 piezas millonarias entre las que se encontraban el vestido de Marilyn Monroe en "La tentación vive arriba" (por 5,5 millones de dólares), el de Audrey Hepburn en "My fair lady", el conjunto de Julie Andrews (con guitarra incluída) en "Sonrisas y lágrimas", el de Dorothy y sus chapines de rubí en "El mago de Oz"...
 


















Hace un mes, Reynolds abrió una tienda online: www.debbiereynoldsstudiostore.com donde vende directamente el resto de piezas que aún conserva como los zapatos de Kim Novak, el vestido de Eva Marie Saint en "El árbol de la vida", la americana de Cary Grant en "Me siento rejuvenecer" o miles de vestidos y complementos a la espera de un comprador.