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domingo, 2 de julio de 2017

Evolución en la moda femenina en el siglo XIX

En otra entrada a este blog, os hablábamos de la evolución de la moda masculina en el siglo XIX y hace tiempo que deseábamos hablar de una época en la que la indumentaria y su evolución estuvo dedicada y enfocada al mundo femenino.

Nuestro post no pretende ser un estudio profundo de periodos estilísticos, sino un breve compendio. Hay en la red muy buenas páginas relacionadas con la moda ( tanto histórica como específicamente victoriana) como la de Pablo Pena que reseñamos como una de las mejores. Nuestro interés al escribir esta entrada es la de exponer de manera clara unas características destacadas para que se pueda identificar cada periodo de moda femenina en el siglo XIX y circunscribirla a unas décadas o años concretos.


De esta manera, el vestido con el que inauguramos el siglo decimonónico es aquel que proviene de Francia y pone de moda Josefina Bonaparte, esposa de Napoleón, hacia 1800. Toda Europa mira hacia esta corte imperial tan fastuosa como lujosa y aunque muchos países están en guerra contra el militar, sus mujeres no pueden sino suspirar por imitar unos modelos que la primera dama luce con orgullo y elegancia. Es por ello por lo que este vestido se conoce como "Traje Imperio" o "Vestido Regencia" ("Empire gown"). El diseño de día consiste en telas muy finas, gasas y muselinas de colores muy claros. El talle se corta bajo el pecho con escotes algo pronunciados (en el modelo de noche serán más acusados y sobre todo en Francia. En el resto de países, los escotes serán más subidos y siempre bajo el uso del corsé). Bajo el pecho se puede llevar una cinta o algún adorno de color. Este traje, sin marcar las curvas de la silueta femenina, es de talle hasta los tobillos y mangas o bien de farol o bien estrechas y largas.



Es la época en Inglaterra de Jane Austen en el que se desarrollan todas sus novelas. El traje de noche, igual en forma, utiliza más encaje y pasamanería, brocados, chales provenientes de la India estampados de vivos colores y telas más lujosas como el terciopelo.















A este vestido tan delicado se le unen otros complementos: la pelisse (un abrigo hasta el suelo y cerrado por delante), el manguito para proteger las manos, la spencer (una chaqueta cortada a la altura del pecho, generalmente con doble botonadura) y los bonetes, que es el sombrero más usado en esta época y se ataba mediante cinta, bajo la barbilla. Según fuera de paseo, de campo o ciudad, se adornaba más o menos con lazos, flores y plumas. 



 Hacia 1820 aproximadamente los trajes se van abullonando y se comienzan a recargar. El talle se complica, baja la cintura y la falda se llena de volantes y enaguas bajo ellas. Las telas se vuelven más sobrias, aunque muchas de ellas irán estampadas y existe más variedad en los colores. En los años 30 y 40 las mangas se hacen más grandes llegando a llamarse "mangas de jamón" y requiriendo unos armazones que las sujetaran y guardaran la forma. Los peinados se complican acorde con los trajes y surgen los de "jirafa" que son elevados y también necesitaban de alambres para que se mantuviesen altos. 

En Reino Unido comienza a reinar la Reina Victoria en estos años y a este estilo comienza ya a llamarse "Victorian dress" aunque en Europa se le conoce como "estilo romántico" porque es cuando el movimiento Romántico alcanza su plenitud y en España tomará el nombre como "estilo Reina Cristina" (por la esposa de Fernando VII, Mª Cristina de Borbón y Dos Sicilias y Regente hasta la mayoría de edad de Isabel II). Bajo estos vestidos estampados, motivados en gran parte por la revolución industrial que crea nuevos colores y motivos, se esconden multitud de enaguas para abullonar las faldas y un corsé que comienza ya a dejar ver la silueta del reloj de arena. Las telas

No obstante, hacia 1850 los vestidos pesan tanto y están tan ajustados a la cintura creando la figura del reloj de arena (momento de plenitud) que se decide rebajar el número de enaguas y conseguir el mismo volumen que se conseguía gracias a éstas con un armazón que abullona exageradamente la falda. Estamos hablando de la crinolina (llamada así porque las varillas se hacían con crines de caballo) o el miriñaque

Este armazón, que se podía comprar en tiendas ya especializadas gracias al emergente comercio de la moda (surgen las primeras tiendas en Reino Unido y Francia con diseñadores de renombre. En París por ejemplo, Worth trabaja para la emperatriz Mª Eugenia y marca con su nombre toda la ropa que le confecciona) se colocaba sobre unos pololos, una enagua y un corsé apretadísimo que ya comenzaba a provocar desarreglos anatómicos y alguna muerte por corsé. Sobre la crinolina solía colocarse otra enagua y por último, el vestido ajustado marcando perfectamente la cintura El vuelo de la falda es tan grande y la sociedad victoriana tan decorosa que el largo baja hasta el suelo, impidiendo que se vea más allá de la punta del zapato de las damas y considerando obsceno que un caballero pudiese contemplar el tobillo de una señora. 

Por antonomasia, al estilo de crinolina o miriñaque es al que, por extensión, se conoce como "moda victoriana" aunque también se le puede llamar "vestido de la Guerra Civil Americana" (recuérdese "Lo que el viento se llevó"). 

El traje de día suele ser más sobrio mientras que el de noche se llena de volantes, encajes y sobrefaldas. Los escotes más de moda son los de barco aunque también son estilosos en pico o los redondeados. Los colores para las jóvenes suelen ser cremosos o cálidos, para las casadas más oscuros, pues en bailes y teatros, era a las doncellas a quienes debía verse más para atraer a posibles partidos. 

Paulativamente, alrededor de 1865-68 la cola de las crinolinas comienza a ser más abultada y surge la crinolina elíptica que comienza a sustituir a la redonda. En dos años, ya para la década de 1870, a la par que modistas, sastres y casas de moda se adaptan a los nuevos cambios cada vez más ligeros en la moda femenina, surge el polisón

Se trata de otro armazón cuya vigencia acabará hacia 1890 y en cuyos 20 años de imperio, logrará pasar por cuatro estilos diferentes (primer polisón, Natural Form o "estilo princesa", segundo polisón y Hourglass), cada uno con unas características bien diferenciadas.  


 Este nuevo estilo permitía la silueta de un reloj de arena pero con la falda no tan abullonada, permitiendo "forrar" a la mujer en una segunda piel. Los cuerpos se ajustan cada vez más y las faldas se estrechan, marcando busto y caderas. Surgen nuevos colores como el morado, tan de moda en estos años. Con el polisón surge también el traje de una sola pieza, totalmente abotonado por delante. Los peinados se llenan de postizos, trenzas y roscas imposibles que cubren con sombreros de múltiples formas con todo tipo de abalorios sobre ellos. Se abaratan los costes de la indumentaria, surgen los trajes industriales, realizados a máquina y de manera serial (para poderse comercializar), lo que ya no lo convierte en un producto de lujo y exclusivo. La etiqueta exige además que las damas mantengan un traje de mañana para estar por casa, un traje de visita, otro de paseo, el de montar a caballo, el de tarde, el de baile y el de noche (para cena y teatro). 

Los materiales utilizados son bordados, satenes, terciopelos y sedas para los trajes más elegantes y lana y algodón para los de diario. 

Cansados ya de una moda que impedía libertad de movimientos y unido a los alzamientos de sufragismo e independencia de la mujer, la moda femenina exige que el cuerpo se emancipe del armazón y vuelva a llevar sólo una enagua bajo la falda. Es lo que sucede a partir de 1890


El deseo de poder realizar algunos deportes al aire libre como montar en bicicleta o jugar al tenis provoca que algunas comiencen a utilizar pantalones o bloomers (creados por Amelia Bloomer en la década de 1860) para escándalo aún de una sociedad puritana. Las faldas se hacen sencillas, sin apenas adorno las del día y con un cuerpo de mangas abullonadas y cuello muy cerrado. La cabeza se cubre con un moño sencillo y un sombrero de ala corta y plana o canotier. Hacia 1890 surge el traje sastre, compuesto de tres piezas (falda recta que ya permite ver los botines, camisa y chaqueta) que ya antecede la moda eduardiana que será la que cruce al siglo XX y la que da lugar a la Belle Epoque de 1900. 

No debemos olvidar que junto a esta evolución de la moda, existen complementos que acompañan a la dama a lo largo de todo este siglo: el abanico (llamado "imperceptible" en época Imperio debido a su tamaño), el bolso (llamado "ridículo" en época Imperio también debido a su tamaño) y la sombrilla. Por último, nos gustaría recordar que la moda infantil sigue los mismos patrones que la adulta pero en miniatura, de manera que las niñas visten a lo largo del siglo XIX como sus madres pero de una manera más sencilla. También ellas llevan sus corsés, sus enaguas, pololos, chemisses y naturalmente en la época de la crinolina y polisón, sus armazones correspondientes. El imperio de la moda llega así hasta todas las edades y estratos sociales. 

jueves, 20 de abril de 2017

Lucy Beaman Hobbs Taylor, la odontóloga pionera

Lucy Beaman Hobbs Taylor fue la primera mujer graduada en Odontología en el mundo. En 1866 obtuvo su diploma universitario en Cincinnati (EE.UU), en la Ohio College of Dental Surgery. Ella deseaba ser médico, pero ninguna universidad norteamericana de la época la aceptó por ser mujer, entonces decidió entrenarse como dentista y después de varios años de práctica sin diploma la universidad permitió su inscripción.

                                                     
Lucy nació en 1833, fue la séptima de diez hermanos nacidos en una pequeña cabaña de troncos en Ellenburg Town, New York. La vida era dura en aquellos tiempos, y para añadir a la triste niñez de Lucy, su madre muere cuándo ella tenía diez años, y su madrastra (ya que su padre pronto volvió a casarse) murió cuando ella tenía doce. Junto a un hermano mayor ingresa a la Academia Franklin en Malone, donde se convierte en maestra en 1849.

Ejerció varios años en escuelas de Brooklyn hasta que se muda a Ohio donde intenta sin éxito estudiar medicina y más tarde odontología, siendo rechazada en todas las universidades del país con el único argumento de su condición de mujer. Su valor extraordinario, motivación y orgullo determinaron que finalmente hicieran caso a sus pedidos y fue aceptada como alumna haciendo una carrera brillante.

                              
Con 33 años de edad, Lucy Hobbs se convirtió en la primera mujer en obtener un diploma universitario como dentista y luego también en la primera mujer en ser admitida como miembro de una sociedad odontológica. Incluso fue la primera mujer en la historia de la Odontolgía mundial en presentar un trabajo científico ante una Sociedad Dental. Después de su graduación, abrió un consultorio en Chicago y, en 1867, contrajo matrimonio con James Myrtle Taylor, un veterano de la guerra Civil que había sido su paciente. Escapando de los fríos inviernos de Chicago, se mudaron a Kansas y Lucy comienza a enseñarle a su marido el arte y la ciencia de la odontología. Practican juntos la profesión en la ciudad de Lawrence, entre los años 1867 a 1907.

                                             
James muere en 1887 y Lucy muere poco tiempo después de retirarse, el 3 de octubre de 1910. Fue sepultada al lado de su esposo en el cementerio de Oak Hill, Kansas. Su diploma se conserva en la colección del museo State Historical Society en Topeka como un significativo documento histórico.

La determinación de esta mujer abrió el camino a la causa de muchas otras mujeres y su espíritu ha sido un ejemplo de esperanza y valor y la guía para muchas otras luchadoras de los derechos de la mujer.

jueves, 5 de junio de 2014

Mary Ann Cotton, la primera asesina en serie de Inglaterra

La literatura, el cine y la prensa están repletos de referencias a Jack el Destripador, un personaje que llenó de terror las calles de Londres en 1888; pero, décadas antes, hubo otra persona que cometió 21 asesinatos, convirtiéndose en la primera asesina en serie de Inglaterra.
 
Su nombre era Mary Ann Robson (aunque cambió su apellido por el de Cotton tras su cuarto matrimonio) y su carrera como asesina en serie estuvo activa entre 1852 y 1872, siendo este último año cuando fue descubierta, juzgada y ejecutada un año después. En total, acabó con la vida de sus 11 hijos, 3 maridos, 1 amante, su propia madre, su cuñada y 4 hijastros.
 
 
Mary Ann nació en 1832 en el seno de una familia humilde que se dedicaba a la minería, profesión que también tuvo William Mowbray, el hombre con el que se casó en 1852 y con el que tuvo ocho hijos. A lo largo de los siguientes 13 años, siete de los pequeños murieron junto al esposo y la explicación dada de las muertes fueron unas fiebres intestinales, muy de moda por aquel entonces y principal causa de mortalidad entre la población. En realidad, las víctimas de esta cruel mujer eran envenenadas con arsénico que les suministraba en la comida.
 
En 1865, tras enviudar y cobrar el seguro que le reportó 35 libras esterlinas (la mitad del salario de todo un año), Mary Ann se trasladó de ciudad junto a su única hija viva. Ese mismo año conoció a George Ward, con el que se casó al poco tiempo, pero el señor Ward no duraría mucho tiempo con vida y una fiebre intestinal la dejaría viuda por segunda vez. Era el mes de octubre de 1866 y por aquel entonces contaba con 33 años.
 
 
Tan solo un mes después comenzó a trabajar como ama de llaves de James Robinson, un carpintero local que había enviudado recientemente y necesitaba ayuda para llevar su casa y criar a su hijo recién nacido. Pero el pequeño apenas duraría con vida un mes más, tiempo que tardó Mary Ann en seducir al Sr. Robinson y quedarse embarazada de él. En ese periodo, la pequeña y única superviviente de todos sus vástagos murió con 3 años y medio. Igual suerte sufrió el hijo mayor de Robinson, con el que se casó en 1867, unos meses después de viajar Mary Ann a visitar a su madre y que esta falleciera también por la famosa "fiebre intestinal". Asimismo, la pequeña nacida del matrimonio con el carpintero corrió la misma suerte que sus hermanos.
 
Un año después, James Robinson comenzó a sospechar algo extraño de su mujer, pero no era por las muertes que se iban sucediendo alrededor de ella, sino por una cantidad de dinero que a él le faltó. Repudió a su esposa y la echó de su casa, teniendo que vivir en la calle. Fue entonces cuando conoció a Margaret Cotton, quien le presentó a su hermano Frederick, un viudo padre de dos hijos que necesitaba la ayuda y compañía de una mujer. Al poco tiempo de instalarse en el hogar de los Cotton, la cuñada murió (casualmente también de fiebre intestinal) y Mary se hizo cargo de la familia, casándose de nuevo en 1870, aunque, como no estaba divorciada legamente, lo hizo cometiendo bigamia. Un año después nació el que sería el 11º hijo parido por Mary Ann Cotton, que había adquirido el apellido de su último esposo y que fallecería pocos meses después que el pequeño.
 
Por esas fechas, la mujer había reiniciado una relación con Joseph Nattrass, un amante al que había conocido en sus tiempos de juventud. Mientras vivía con su nuevo compañero sentimental, Frederick Jr. y Charles, los dos hijos de su recientemente fallecido cuarto marido, murieron también. Mary Ann comenzó a trabajar como enfermera en un hospital y allí conoció a un enfermo convaleciente de viruela que se convertiría en su nuevo amante y quedaría embarazada por undécima vez.
 
 
Sus dos amantes fallecerían también, justo en el mismo tiempo en el que fue descubierta toda su truculenta vida llena de asesinatos y envenenamientos.
 
Mary Ann Cotton ingresó embarazada en prisión y allí parió a Margaret, la que fue su hija número 12 y única que corrió la suerte de poder sobrevivir. Tras un rápido juicio en el que quedaron demostrados los cargos de asesinato de 21 personas, el jurado la condenó a morir en la horca. La pena fue ejecutada en la cárcel del condado de Durham el 24 de marzo de 1873.
 
 
Por un error o torpeza del verdugo (así cuentan las crónicas de entonces) la ejecución fue lenta, sufriendo Mary Ann Cotton, la primera asesina en serie de la historia de Inglaterra, una larga y dolorosa agonía antes de morir.
 
Artículo escrito por Alfred López. Fuentes de consulta: dailymail / maryanncotton

jueves, 29 de mayo de 2014

La invención de la máquina de escribir

Hoy en día vivimos en la era de la comunicación gracias al teclado del móvil o de un ordenador pero antes de esta tecnología se había creado la máquina de escribir, una herramienta que cambió el mundo de la cultura.
 
Hay que remontarse al siglo XVIII, más concretamente y según las fuentes a 1714, para hablar de la patente que la reina de Inglaterra le concede al caballero Henry Mill de "una máquina para trascribir letras, una tras otra como la escritura, e imprimirlas sobre papel". El resultado impreso resultaba claro para leerse, no podía borrarse o corregirse sin que se notase y permitía una gran utilidad por la durabilidad de la escritura. En una palabra: esta máquina era de gran utilidad en los registros públicos que encadenaban un letargo manual casi medieval.
 
Este instrumento del siglo XVIII se piensa que no se llegó a construir, puesto que no queda constancia de ella, de manera que hay que esperar a la segunda mitad del siglo XIX para hablar de una fabricación - ya industrialmente- de estas máquinas. Una de las primeras fue la ideada por Christopher Latham Sholes que incorporaba el teclado que aún persiste aunque sólo permitía escribir en mayúsculas y no dejaba ver lo que se estaba tecleando.
 
 
Uno de los primeros usuarios que utilizaron esta máquina de escribir fue el escritor Mark Twain, quien adquirió una en 1874. A partir de 1880 las máquinas comenzaron a usarse en la administración y en las empresas, sobre todo con la ayuda del papel de calco, que permitía hacer simultáneamente varias copias de un mismo documento, permitiendo que fuera el sector femenino quien más utilizara este instrumento. Paulatinamente las mecanógrafas se fueron institucionalizando y profesionalizando, siendo cada vez más importante que llegaran a alcanzar un elevado número de palabras por minuto.


Un segundo modelo, el Remington, ya contaba con una tecla que cambiaba las mayúsculas y las minúsculas. Una década más tarde, en 1896, las Underwood alcanzaron un gran éxito al permitir ver el escrito al tiempo que se elaboraba y con el cambio de siglo se llegó a eliminar peso de la máquina  a convertirlas en portátiles, lo que permitió que muchas entrasen en los hogares y se demandaran para uso particular.


Hoy en día ya no se fabrican las máquinas de escribir pero no podemos dejar de mencionar un invento que revolucionó las oficinas en el siglo XX y que ayudó a incorporar a la mujer al mundo laboral.

sábado, 8 de marzo de 2014

Florence Nightingale, la "madre" de la enfermería moderna

Florence Nightingale (Florencia 12 mayo 1820, East Wellow 18 Agosto 1910), conocida por los logros conseguidos en el ámbito de la enfermería, fue una mujer “rebelde”, adelantada a su época y con una gran sensibilidad en cuanto a los problemas de su sociedad.


Como dato curioso, su lugar de nacimiento fue el determinante de su nombre (al igual que fue Nápoles el de su hermana, Parthenope). El convertirse su padre en un hombre rico tras heredar fortuna de un familiar, dio tanto a Florence como a su hermana la posibilidad de disfrutar de una excelente educación combinada con un estilo de vida mucho más que envidiable. Aunque nacida en Italia, se crió en Inglaterra, entre Embley y Derbyshire.
 
Fue lo suficientemente “testaruda” para que, muy a pesar de sus padres, le dejaran estudiar matemáticas, una gran pasión quizás heredada de su progenitor. Aritmética, geometría y álgebra fueron las lecciones que se encargó de transmitir a numerosos niños antes de su dedicación a la enfermería.
 
El origen de su interés por el campo del cuidado de los enfermos no está demasiado recogido en diferentes bibliografías. Lo que sí sabemos es que fue una mujer muy preocupada por toda la temática social de su época, y que a pesar de la oposición de sus padres a que dedicara su tiempo a los estudios de la enfermería debido al mal concepto que se tenía de ésta (a mediados del siglo XIX la enfermería no era considerada una profesión adecuada para una mujer educada; a las enfermeras les faltaba entrenamiento y tenían fama de ser mujeres burdas e ignorantes, dadas a la promiscuidad y a las borracheras), consiguió el apoyo necesario para lograr su meta.
 
 
Fue en 1850 cuando, aprovechado un viaje a Egipto con amigos de la familia, empezó su aprendizaje como enfermera en el Instituto San Vicente de Paul en Alejandría, labor que continuó durante tres meses en el Instituto para Diaconisas Protestantes en Kaiserswerth, cerca de Dusseldorf. De allí pasó a un hospital en St. Germain, cerca de París, dirigido por las Hermanas de la Caridad. A su regreso a Londres en 1853, tomó el puesto sin paga de Superintendente en el Establecimiento para damas durante enfermedades el número 1 de la calle Harley.
 
No fue hasta que tuvo lugar la Guerra de Crimea en 1854, y tras las excelentes críticas de las instalaciones médicas británicas en el periódico The Times, cuando Sidney Herbert, Secretario de Guerra británico, le pidió a Nightingale que se convirtiera en enfermera-administradora para supervisar la introducción de enfermeras en los hospitales militares. Su título oficial era Superintendente del Sistema de Enfermeras de los Hospitales Generales Ingleses en Turquía. Nightingale llegó a Escutari, un suburbio asiático de Constantinopla (hoy Estambul), y aunque ser mujer implicaba que tenía que luchar contra las autoridades militares a cada paso, fue reformando el sistema hospitalario.


Soldados tirados sobre el suelo rodeados de alimañas , operaciones nada higiénicas… hacían que enfermedades como el cólera y el tifus cundieran en los hospitales. Esto implicaba que los soldados heridos tuvieran una probabilidad siete veces mayor de morir en el hospital de una enfermedad que de morir en el campo de batalla.
 
Mientras estuvo en Turquía, recolectó datos y organizó un sistema para llevar un registro; esta información fue usada después como herramienta para mejor los hospitales militares y de la ciudad. Sus conocimientos matemáticos se volvieron evidentes cuando usó los datos que había recolectado para calcular la tasa de mortalidad en el hospital. Estos cálculos demostraron que una mejora en los métodos sanitarios empleados, produciría una disminución en el número de muertes. Para febrero de 1855 la tasa de mortalidad había caído de 60% al 42.7%. Mediante el establecimiento de una fuente de agua potable así como usando su propio dinero para comprar fruta, vegetales y equipamiento hospitalario, para la primavera siguiente la tasa había decrecido otro 2.2%fermeras el 4 de noviembre de 1854.
 
 
Al volver a Londres en agosto de 1856, cuatro meses después de la firma del tratado de paz, descubrió que en época de paz, los soldados de entre 20 y 35 años de edad tenían una tasa de mortalidad del doble de la de los civiles. Usando sus estadísticas, ilustró la necesidad de una reforma sanitaria en todos los hospitales militares.
 
Al impulsar su causa, Nightingale consiguió llamar la atención de la Reina Victoria y el Príncipe Alberto así como la del Primer Ministro, Lord Palmeston. Sus deseos de llevar a cabo investigación formal le fueron concedidos en mayo de 1857 y llevaron al establecimiento de la Comisión Real para la Salud del Ejército.
 
Nightingale se escondió de la atención pública y empezó a preocuparse por las tropas apostadas en la India. En 1858 se convirtió en la primera mujer electa socia de la Royal Statistical Society por sus contribuciones a las estadísticas del ejército y hospitalarias.
 
En 1860 abrió la Escuela de Entrenamiento y Hogar Nightingale para Enfermeras en el hospital de St. Thomas en Londres, con 10 estudiantes. Estaba financiada por medio del Fondo Nightingale, un fondo de contribuciones públicas establecido en la época en que Nightingale estuvo en Crimea y que contaba con £50 000. La escuela se basaba en dos principios. El primero, que las enfermeras debían adquirir experiencia práctica en hospitales organizados especialmente con ese propósito. El otro era que las enfermeras debían vivir en un hogar adecuado para formar una vida moral y disciplinada.
 

Con la fundación de esta escuela había logrado transformar la mala fama de la enfermería en el pasado en una carrera responsable y respetable para las mujeres. Nightingale respondió a la petición de la oficina de guerra británica de consejo sobre los cuidados médicos para el ejército en Canadá y también fue consultora del gobierno de los Estados Unidos sobre salud del ejército durante la Guerra Civil estadounidense.
 
Casi durante el resto de su vida estuvo postrada en cama debido a una enfermedad contraída en Crimea, lo que le impidió continuar con su trabajo como enfermera. No obstante, la enfermedad no la detuvo de hacer campaña para mejorar los estándares de salud; publicó 200 libros, reportajes y panfletos. Una de esas publicaciones fue un libro titulado "Notas sobre enfermería" (1860). Este fue el primer libro para uso específico en la enseñanza de la enfermería y fue traducido a muchos idiomas. Otras obras publicadas de Nightingale son "Notas sobre los hospitales" (1859) y "Notas sobre la enfermería para las clases trabajadoras" (1861).


En 1874 se convirtió en miembro honorífico de la American Statistical Association y en 1883 la Reina Victoria le otorgó la Cruz Roja Real por su labor. También fue la primera mujer en recibir la Orden al Mérito de mano de Eduardo VII en 1907.

Nunca se casó y es popularmente conocida como "La dama de la lámpara", debido a sus paseos nocturnos en los hospitales de campaña, portando este objeto que le servía de guía en la oscuridad.

martes, 30 de julio de 2013

La enagua, esa prenda tan desconocida

En muchos casos cuando hablamos de la enagua lo hacemos como si fuera de algo informe, sabemos que está ahí y que se usa, pero existen demasiados “hechos” impuestos que no nos dejan pensar en nada más. Sabemos qué son y para qué se usan, pero tampoco pensamos mucho más allá, lo vemos como el elemento que se usa para que la falda no se pegue al cuerpo y ya. En muchos casos la desinformación llega hasta tal punto que se confunde la enagua con la combinación.(Recordemos que la combinación es la unión, en una única prenda de la camisola y la enagua de pudor o, en algunos casos la combinación de la camisola y los pololos. A pesar de que se usa desde la década de los ‘80 del siglo XIX, fue a partir de 1910 cuando se estandarizó su uso y poco a poco empezó a tomar la forma de la que conocemos hoy día y que todos le hemos visto a nuestras abuelas).
 





 
Diferencia entre una enagua (imagen de la izquierda) y de una combinación (imagen de la derecha)
 
 
 
 
Pero, ¿qué es realmente una enagua?. Desde la Edad Moderna las piernas de la mujer han sido siempre un tabú. Podía enseñarse mucho escote pero no dejar siquiera que se intuyeran las piernas y para ello se fueron adaptando las camisolas medievales para cumplir una doble función, desdibujar esas piernas tan pecaminosas y a la vez dar volumen a las faldas. Pero en la mayoría de los casos, lograr ese volumen requería mucho más que una enagua.

Porque, ¿cuántas enaguas damos por hecho que se usan? Por lo general la respuesta será siempre una pero, ¿no os habéis parado a pesar porqué por lo general se usa el término “enaguas” y no “la enagua”?. Si fuese una, usaríamos siempre el singular, de manera que eso de llevar una sola es algo tremendamente moderno, derivado seguramente del uso de las combinaciones desde los años veinte y treinta.

Es necesario, por tanto, desmitificar el uso de una sola enagua. Tened en cuenta que los trajes del siglo XIX tienen, por lo general, muchísimo volumen en las faldas, y ese volumen es imposible que se consiga con una única enagua. Hay ocasiones en las que se han podido usar hasta 32 ¡y no es una broma!. Porque, el uso de una única enagua, que provoca esa falta de volumen, muchas veces nos pone en serios aprietos, por ejemplo las faldas de miriñaque, sabemos que usan un armazón y las grandes casas de patrones nos venden el patrón de ese armazón, por lo general esos armazones tienen más o menos la misma envergadura pero… ¡no se consigue la figura de los fashion plates!. ¿Por qué?.
 

Muy simple: falta volumen porque, en el caso de la moda de 1860 no sólo solemos obviar la enagua de pudor que va debajo del miriñaque, sino que cómo mínimo para que la falda asiente bien y no se marquen los aros hacen falta mínimo dos enaguas. A parte de ese hecho de que las faldas tienen muchísimo más volumen del que generalmente les damos, si nos dicen que una falda puede necesitar diez metros es que los necesita, no porque nos parezca que sean muchos si le quitamos volumen quedará bien.
 
Otro momento del siglo XIX en el que es más palpable el problema con las enaguas es la década de 1890. Es un momento de transición en el que se deja el armazón del polisón tardío atrás y las faldas van perdiendo algo de volumen hasta encaminarse a la moda de los primeros años del siglo XX.
 
Sin embargo cuando buscamos imágenes de enaguas de la época, no todas tienen amplios volantes; eso se debe a que había dos formas de conseguir ese gran volumen, la primera era usar volantes de más de diez metros y otra la superposición de enaguas sin apenas vuelo. Éste es el momento en el que se llegan a usar más de 30 enaguas, porque el volumen era necesario, y cada cual se las arreglaba como podía para lograrlo.
 
Otro mito que es necesario derribar es ese que nos dicen que las enaguas y, por ende, la ropa interior es siempre blanca y de algodón. Claro que la había, ¡por supuesto!, pero no era la única. Además del algodón se usaba el lino, la muselina, el calicó, la franela, la lana e incluso materiales como la seda o el tafetán, por lo general en tonos claros.


Y, sobre todo a partir de los primeros años del Siglo XX este equilibrio se rompe y predominan las enaguas de colores fuertes y tejidos ricos, seguramente debido al hecho de que ya no necesitan tanto volumen y por lo tanto se pueden permitir telas más ricas para su confección. 

Así que, ya sabéis, si queréis lograr una silueta perfecta, que no os de miedo a recurrir a las enaguas y dejar suelta la imaginación! Se pueden lograr verdaderas obras de arte!