Mostrando entradas con la etiqueta España. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta España. Mostrar todas las entradas

jueves, 14 de noviembre de 2019

Recreación histórica en Toledo

En su deliciosa zarzuela El huésped del Sevillano, Enrique Reoyo y Juan Ignacio Luca de Tena ponían en boca de Cervantes aquel maravilloso monólogo que concluía con un sonoro: “Dichoso aquel que fuera español y toledano”. Siguiendo los pasos del Gótico flamígero de San Juan de los Reyes, pasando por la mezcla de culturas en las sinagogas de Santa María la Blanca y El Tránsito, contemplando los famosos cuadros de El Greco que tanto admiraron los noventayochistas, pisando las mismas calles que los personajes de las famosas leyendas de Bécquer o perdiéndonos en las sombras de los Cobertizos, los anacrónicos nos disponemos a salir en busca de la casa de Santa Teresa de Jesús, de la Catedral de La ajorca de oro, de la Plaza de Zocodover y el Arco de la Sangre.

Para ello, hemos organizado una visita a Toledo el fin de semana del 15 y el 16 de noviembre de 2019. El viernes 15, algunos de nosotros iremos al colegio Nuestra Señora de los Infantes, declarado recientemente el más antiguo de España, para dar una charlas y acercar el siglo XIX a los alumnos de Educación Secundaria.

El sábado 16, pasaremos la mañana paseando por Toledo y visitando alguno de los monumentos y museos más importantes de la ciudad. Comeremos en el Casco Antiguo y disfrutaremos de los entresijos de la Ciudad Imperial. ¡Os esperamos!

viernes, 20 de abril de 2018

Grandes escándalos en la literatura española del siglo XIX

Que la literatura es ficción pero también realidad no es nada nuevo. Los escritores se han basado en su propia imaginación y en lo que han vivido y visto para desarrollar sus historias y el siglo XIX dio grandes escándalos en la literatura española. Estos episodios, enmascarados con más o menos realismo (hemos de recordar que la libertad de expresión es un derecho relativamente actual y que la censura vivía junto al tintero del periodista y del escritor), aseguraban la pervivencia de los personajes que conmocionaron a la sociedad. La novela permitía nombres y hechos “ficticios” en una realidad que los lectores de la época identificaban fácilmente, creando una sátira social, Grandes representantes de estos escándalos sociales fueron Flaubert por su Madame Bovary (1857), Baudelaire con Las flores del mal (1857) y sobre todo Émile Zola, padre del naturalismo francés, cuando publicó Nana (1880), protagonizada por una prostituta y poniendo por escrito todos los secretos de alcoba en una sociedad de lo más puritana y moralista.




En la España isabelina en la que la reina casó con su primo Francisco de Asís, de cuestionada masculinidad (su homosexualidad se dejaba entrever en La chula. Historia de muchos, 1870 de Fco. De Sales Mayo), se hablaba a voces de las aventuras de la joven monarca (se publicó la famosa Maía o la hija de un jornalero en 1845 de Wenceslao Ayguals de Izco). De manera velada y anónicamente se publicaron chistes, canciones y hasta acuarelas de Los Borbones en pelotas, atribuidas a los hermanos Bécquer.




Más allá de palacio, con la liberalización que supuso la Ley de Imprenta de 1883, comenzaron a publicarse sin pudor aquello que a la sociedad escandalizaba pero devoraba leer. “Hablemos del escándalo…” comenzaba diciendo Pardo Bazán en su ensayo sobre el movimiento literario liderado por Zola en 1882. El mayor alboroto de las letras españolas sin embargo vino con la publicación de La Prostituta (1884) de López Bago, volumen que se requisó nada más editarse aunque se podía conseguir clandestinamente. Al autor se le somete a diferentes juicios y cuando finalmente el tribunal le absuelve al declarar que “la inmoralidad existe como acto pero no es delito relatarla”, se suceden numerosas novelas que denuncian los abusos sexuales, la depravación de algunos sacerdotes o el liberalismo sexual entre nobles en los prostíbulos.

El último tercio del siglo XIX supuso la liberalización de los autores españoles para criticar y poner de manifiesto una sociedad hipócrita. “El escándalo” (1875) de Pedro Antonio de Alarcón o “Pequeñeces” de Coloma (1891) denuncian las depravaciones de la clase aristocrática y que entre líneas, los lectores pueden ver a condes o duquesas de la época (como Antonia Domínguez, esposa del general Serrano). “La mujer de todo el mundo” (1885), “Los maricones, novela de costumbres” (1885) y “Carne de nobles” (1887) sigue la misma estela.


Más jugoso entre los lectores de la época fue “¿Loco o delincuente”? (1890), novela que se centraba en un preso acusado de matar a su esposa y que estaba basado en un hecho real acontecido en 1888 en el que el marido, adúltero, mata a su esposa, también adúltera. No obstante, en esta novela no se pone en duda la cuestión moral de él, sino la de ella, que debe mantenerse fiel y leal al cónyuge, alzándose algunas voces como que el resultado (el asesinato) había sido justo por la actitud deshonrosa de la dama ante el marido. 

domingo, 20 de diciembre de 2015

Lotería de Navidad. Llamando a la suerte desde 1812.

Todos jugamos a la Lotería de Navidad. En mayor o menor medida todos los años llamamos a la suerte esperando ser afortunados. ¿Pero cuándo y porqué surgió este sorteo tan especial?
   
El 10 de diciembre de 1793 se celebraba en España el primer sorteo de Lotería Nacional. Fue el Marqués de Esquilache, Ministro de Hacienda de Carlos III, quién instauró a semejanza de los sorteos que funcionaban en Italia, un sistema de juego parecido al de la Primitiva actual; cuyo fin era recaudar de una forma sutil dinero para las arcas públicas. Con este sorteo se legalizaba y regulaban las apuestas en España prohibidas desde 1387.


Marqués de Esquilache


Esta lotería fue el germen de la que surgiría años más tarde durante una de las peores crisis de la historia de España: la Guerra de la Independencia. En medio de las hambrunas y horrores de la guerra, las  Cortes de Cádiz, por medio del ministro del Consejo y Càmara de Indias, Ciriaco González,  promovieron la instauración de una nueva Lotería llamada "Moderna" para distinguirla de la implantada por Esquilache, cuyo primer sorteo se celebró en marzo de 1812. De nuevo el fin era conseguir dinero para las arcas públicas, tan esquilmadas por la guerra. El sorteo navideño se celebró el 18 de diciembre del mismo año, aunque no recibió el nombre de "Sorteo de Navidad" hasta varios años después. El primer número agraciado con un "gordo" de 8.000 reales fue el 03604.
 
Debido a la ocupación napoleónica, esta "lotería moderna" al principio sólo se celebraba en Cadiz y San Fernando, extendiéndose después a Ceuta y la comunidad andaluza según se conseguía vencer a las tropas francesas, llegando a Madrid en 1814 con un sistema de bombos y bolas como el que vemos en la actualidad.



Desde un primer momento el sorteo contó con gran participación. Ya en 1832 se emitían 12.000 números. El interés por el sorteo creció de forma exponencial año tras año, obligando a la Administración a aumentar la emisión de series de cada número, debido a que ya no se podían meter más bolas en los bombos. En 1817 ya existían  497 administraciones de lotería en toda España, 25 de ellas en Madrid y todas eran administradas por hombres, excepto dos: una en Barcelona y otra en Murcia regentadas por mujeres.
 
Ni siquiera la Guerra Civil paró el sorteo, aunque lo dividió en dos. Una Lotería nacional y otra republicana. Durante estos años la venta de décimos supuso el 1,1% del PIB.



NIños de San Ildefonso 1906

La motivación para elegir uno u otro número son muchas y diversas. Manías, coincidencia con fechas señaladas o históricas. Pero la estadística habla y nos dice que la terminación más repetida en la historia es el número cinco. Y el número uno, la menos, sólo ha sido premiada en ocho ocasiones. Y hay terminaciones que nunca salen como el número trece.

¿Tenéis vuestro décimo soñado a buen recaudo? Acercadlo a San Pancracio y mucha suerte para el sorteo.

miércoles, 12 de febrero de 2014

El corsé de Isabel II

Sabemos que existen chalecos que salvan vidas pero ¿corsés?
Ésta es la historia del corsé de Isabel II, una prenda que actualmente se encuentra en los almacenes del Museo Arqueológico Nacional de Madrid con las marcas de aquella aventura del que fue protagonista.
Se sabe que Isabel II sufrió varios atentados frustrados contra su vida aunque el más conocido fue el que cometió el cura Martín Merino en 1852. El sacerdote había sido ordenado en 1813 (en plena guerra de la Independencia) y su carácter siempre había chocado con la corona española. Ya en 1822 fue apresado por insultar públicamente a Fernando VII, a quien se dirigió con una Constitución de 1812 en una mano y una pistola en la otra y le dijo "O te la tragas o te mato".
Sin embargo, por lo que se le recuerda es por el episodio acontecido el 2 de febrero de 1852, cuando la reina Isabel II acababa de dar a luz a la princesa de Asturias, Isabel "la chata", a quien se disponía a presentar en la basílica de Atocha de Madrid. Martín Merino salió de su casa de la calle del Triunfo (antes Calle del Infierno. Tiene su ironía...) y acudió a la madrileña iglesia con un puñal oculto bajo el hábito talar. La reina Isabel II acudía a misa por primera vez tras alumbrar a su hija y dar gracias por tan venturoso parto, pues sus dos anteriores hijos habían muerto. Fue al salir del oficio, ya en el patio del Palacio Real cuando Merino, que había conseguido entrar al edificio sin ser detenido por la Guardia Real, se inclinó ante ella como si fuera a entregarle algún documento. Por sorpresa, el cura lanzó a la reina una puñalada a tiempo que exclamaba: "Toma, ya tienes bastante". El cuchillo sin embargo se enganchó en las ballenas del corsé de la reina, así que la puñalada se desvió y causó sólo un leve rasguño a su majestad.

Inmediatamente el cura fue detenido y declaró que tenía planeado matar a la madre de la reina, María Cristina de Borbón y al presidente Ramón María Narváez. En el juicio celebrado al día siguiente, y al que Merino declinó asistir, fue condenado a morir por garrote, siendo ejecutada la sentencia el 7 de febrero.  "Mi celebridad se quedará en las estamperías", aseguró Martín Merino días antes de ser ejecutado en Madrid por regicida.