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viernes, 6 de diciembre de 2013

Díptico de Pérez Villaamil

Somos de la opinión de que todos los amantes del siglo XIX a los que nos guste el Romanticismo con sus ruinas y sus paisajes pintorescos, debemos adorar la pintura de Genaro Pérez Villaamil (1807 - 1854). Son varios los museos españoles que albergan obras suyas pero hoy queremos resaltar una obra majestuosa y solemne: un diptico subastado en el 2011 en Sotheby`s y que adquirió el Estado español para el Museo del Prado.
 
 
Pero retrocedamos un poco en la historia para contar sus antecedentes. Antes de pasar a la pinacoteca madrileña, en el siglo XIX su primer dueño fue George William Villiers (1800 - 1870), IV Conde de Clarendon. Este caballero inglés fue nombrado embajador en Madrid en 1833, permaneciendo en el cargo hasta 1839 en que regresó a Londres ya con las vistas. El propietario habia tenido relación con los artistas españoles más destacados, como José de Mardrazo y su hijo Federico y con un gusto exquisito, admirador profundo de Villaamil, consiguió reunir una colección de 85 obras de pequeño formato, la mayor del artista en manos privadas, de este autor romántico.
 
En el díptico, casi todas las pinturas están firmadas "Villaamil" aunque en algunos casos con la inscripción oculta por el marco. Se trata de 42 óleos sobre hojalata, sobre un fondo de cartón también pintado por el artista. Las vistas son de diversas ciudades españolas y se realizaron entre 1833 y 1839.
 
Aunque esta joyita está de momento en restauración, esperemos que pronto el Museo del Prado pueda exhibirlo y nos permita a todos los amantes y enamorados de la obra de este pintor romántico, quedarnos absortos ante su pincelada y maestría.
 
Por cierto, siendo cosncientes de lo pequeña que es la foto general, en este link teneis la posibilidad de ampliar las diferentes vistas y poderlas contemplar con sumo detalle gracias a la realidad aumentada.

jueves, 1 de agosto de 2013

Vicente Palmaroli (1834 - 1896)

Autor poco conocido y aún menos estudiado (solo se ha publicado una biografía sobre él, "Vicente Palmaroli" de Rosa Pérez y Morandeira, tesis doctoral de 1958 publicada luego en 1971 por el CSIC), el Museo del Prado y otros museos de provincias conservan bastante obra suya, siendo un gran cronista de su tiempo y reflejando temas muy decorativos y atrayentes para la sociedad del momento, que demandaba cuadritos "de salón" de estética intimista y escenas cotidianas.
 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
A pesar de su apellido italiano, Vicente Palmaroli González nació (1834) y murió (1896) en Madrid. Su padre, también pintor, le inculcó el amor por los pinceles, matriculándole para estudiar en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Se marchó a Roma a completar su formación, conociendo a otros compañeros españoles que también residían en la capital italiana como Casado del Alisal, Rosales o Fortuny y obteniendo dos medallas como premio por la presentación de sus trabajos. También estuvo en París.
 
 
A su vuelta a la corte madrileña es ya un artista consagrado. Sigue acaparando premios y distinciones y durante esa época, se convierte en un prestigioso retratista, realizando múltiples y famosos retratos: Sofía Reboulet, esposa del pintor, Retrato de la infanta Isabel de Borbón, Retrato de la duquesa de Bailén, Retrato de doña Hersilia Castilla, Retrato de Amadeo I de Saboya y Retrato de Antonio Alcalá Galiano.
 
 
 






Desde 1894 y hasta su muerte ejerce como Director del Museo del Prado, creándose bajo su mandato una comisión del Museo para que a partir de entonces, las obras donadas al Museo fuesen examinadas para aceptar o rechazar su admisión, a fin de controlar la calidad de estas.
 
 
A su muerte, el Museo del Prado disponía de poca obra suya. La que hoy en día admiramos de él fue fruto de un programa de recopilación y adquisición que realizó Vicente Palmaroli Reboulet, su hijo, embajador español en distintas cortes europeas, quien empleando su propio dinero fue reuniendo obra dispersa de su padre para donarla a la pinacoteca madrileña en la que ahora se encuentra. Como curiosidad, y con esto terminamos, añadimos que es su hijo quien se encuentra al lado de la modelo con la que trabajaba su padre en el bonito cuadro "La confesión" (1883). El niño contaba con 14 años.
 
 

lunes, 22 de julio de 2013

Curiosidades artísticas

Cualquier museo está lleno de misterios, leyendas y curiosidades porque encierra estancias, pasillos, obras de arte y público. De ellos se puede aprender mucho. Hoy venimos a hablaros del Museo del Prado y de algunas curiosidades que encierran sus salas dedicadas al siglo XIX. Aqui van algunas:
 
¿Quién no ha visto alguna vez el retrato de "La condesa de Vilches" (1853) con esa mirada coqueta que dirige directamente al espectador? Pero ¿quién de vosotros se ha detenido a mirar el asiento en el que está sentada? Este retrato lo realizó Federico de Madrazo en su propia casa, pues era habitual que Amalia de Llano, que así se llamaba la dama, acudiera a las tertulias literarias que se practicaban en la casa del pintor.
 
La sorpresa llega cuando en la actualidad, los herederos de Madrazo, siguen conservando este mismo asiento ¡con la tapicería intacta! después de más de 150 años de haberse realizado este retrato.

 
Sin cambiar de autor (continuamos en Madrazo), hemos de fijarnos en otro lienzo espectacular por la recreación tan soberbia que hace del traje de la dama. La retratada es María Isabel Álvarez de Montes, II Duquesa de Castro - Enríquez (1868). El vestido ocupa casi las tres cuartas partes de la composición pero ¡un momento! ¿qué hace con las manos? Se señala una pulsera con una "C" grabada, haciendo alarde de su gran apellido y legitimando su dinastía, ya que ella en realidad no era hija de la I Duquesa de Castro - Enríquez que murió sin descendencia, sino su sobrina.
 
 
Os invito ahora a que nos vayamos a comienzos del siglo XIX con el padre de Federico Madrazo, José, también pintor pero dentro de una estética más neoclásica. Su gran obra "La muerte de Viriato" la realizó en el castillo de Sant Angello, en Roma, mientras estaba preso por órden de Napoleón Bonaparte. Su idea era realizar cuatro grandes lienzos que tuvieran como tema común el ensalzamiento de los líderes ibéricos frente a las invasiones extranjeras. Se tiene documentación de que sólo terminó éste que presentamos y otro, aunque el segundo aún está en paradero desconocido.
 
La curiosidad de este cuadro sin embargo, no acaba aqui. Cuando fue liberado y regresó a España, su cuadro viajó por barco hasta las costas nacionales pero quiso el destino que una tormenta hundiera el barco y que su cuadro se salvara de perecer en el fondo del mar.
 
 
 
Por último, otra ancécdota de las salas del siglo XIX del Museo Nacional del Prado es la que tiene que ver con Eduardo Rosales, pintor fallecido muy jóven que podía haber renovado la pintura española de finales del s. XIX. Su rostro alargado, pálido y casi calavérico conllevó a que algunos de sus compañeros artistas le pidieran que posara para ellos. Fue el caso de Agapito Vallmitjana que compuso el rostro del "Cristo yacente" a partir de sus rasgos.
 
 
¿A que ya no os vais a acercar a estas obras con los mismos ojos? ;-)