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jueves, 7 de mayo de 2015

La literatura en la época victoriana

En el siglo XIX, uno de los principales intereses que tenían las damas y los caballeros era la lectura. Los victorianos mayoritariamente leían libros (las damas eran grandes consumidoras de novelas) y periódicos (lectura reservada solo a los caballeros, cuyos mayordomos se los planchaban para que se secara la tinta que seguía manchando). The Times, que se comenzó a publicar en 1785, era el periódico de mayor tirada y referencia a pesar de que era caro y sólo tenían acceso a él las clases altas.  Los impuestos a los que estaban sujetos los periódicos los convertían en publicaciones que, por su precio, no estaban al alcance de todos. La supresión de la tasa hizo que los periódicos se abaratasen y aparecieran nuevas publicaciones como The Daily Telegraph o el más sensacionalista Daily Mail.
 
Otra literatura que se consumió con asiduidad en los hogares victorianos fueron las revistas de moda (que las señoritas y sus madres seguían muy de cerca para conocer los últimos modelos que llegaban sobre todo de París), guías de viajes y revistas sensacionalistas (llamadas “penny dreadfuls”,  yq ue eran historias populares que tenían gran éxito entre la sociedad).






Con la llegada del ferrocarril se hizo posible una distribución del material de lectura por todo el país con rapidez.  Los kioskos propiedad de H.W. Smith, situados en las estaciones, proporcionaban a los lectores  las últimas ediciones de las publicaciones más esperadas.
 
Si la locomotora proporcionó rapidez en el reparto de periódicos y folletines, el gobierno de la reina Victoria se esforzó en acercar la educación a todas las clases sociales y no sólo a las más acomodadas. Las reformas didácticas llegaron a los menos favorecidos y permitían que niños y adolescentes que trabajaban de sol a sol pudieran luego ir regularmente a una escuela a aprender a leer, escribir y a hacer cuentas. A partir de aproximadamente 1850 aparecieron las publicaciones específicas para niños en forma de novelas o comics. Para los adultos se organizaban clases y reuniones para enseñarles lectura y escritura.


Con el fin de que las clases obreras accedieran a más cultura, las bibliotecas (cuyos horarios de apertura coincidían con sus horarios de trabajo por lo que les resultaba imposible visitarlas) incrementaron su horario de apertura y cierre y sus salas se llenaron de personas ávidas por aprender y leer.  
 
Una moda que revolucionó la literatura decimonónica fue el sistema de la novela por entregas, esto es, que autores populares (de la talla de Charles Dickens por ejemplo) editaban sus obras publicando capítulos mensuales o semanales en revistas que eran esperadas con ansiedad por lectores. El final de cada episodio finalizaba con un giro inesperado o sorpresa con la intención de tener lectores adictos a su lectura.


En un mundo eminentemente masculino, algunas novelistas lograron publicar sus obras bajo pseudónimo varonil, como fue el caso de las hermanas Brönte o Mary Anne Evans (a la que todos conocemos como George Eliot) o bien animadas por sus maridos, como Elizabeth Gaskell. Sus novelas convivieron con las de Wilkie Collins y posteriormente con otros genios de la literatura inglesa victoriana como el realista Thomas Hardy, el padre de Sherlock Holmes Sir Arthur Conan Doyle, Robert L. Stevenson o Lewis Carroll.  
 
Sin duda, las artes en la era victoriana nos han dejado un legado tan colosal que sigue vigente y actual hasta nuestros días.

miércoles, 25 de septiembre de 2013

El anillo subastado de Jane Austen

Las subastas están de moda. Si hace unos meses os anunciábamos que había salido al mercado de antigüedades el anillo de compromiso que Napoleón Bonaparte le había regalado en 1796 a Josefina, hoy os anunciamos la historia de un anillo subastado que había pertenecido a Jane Austen, la autora de novelas inolvidables como "Orgullo y prejuicio", "Sentido y sensibilidad" o "Emma".

 
El anillo de oro, con una inserción de turquesa, con una estimación de 170.000 euros, fue vendido en Sotheby's por más de 200.000 dólares en Dublín en el 2012, adquiriéndolo la cantante estadounidense Kelly Clarkson.
 
Se desconoce la verdadera historia de este anillo, si bien es verdad que una de las versiones que circula en torno a él es que fue un regalo que le hizo el joven irlandés Tom Lefroy, quien estaba enamorado de la escritora británica. No obstante, en ninguna de sus cartas (Misivas publicadas por la Editorial D'Epoca ) menciona la sortija, por lo que  podría haber sido regalo de su hermano mayor Henry. Lo que sí es seguro es que después de la muerte de la novelista, lo heredó su hermana Cassandra, quien se lo regaló a la prometida de Thomas Austen, Eleanor, que a su vez se lo regaló a su sobrina Jane acompañado de una nota que decía:

"Este anillo perteneció a tu tía Jane. Después tu tía Cassandra me lo regaló, cuando ella se enteró de mi compromiso con tu tío y ahora yo te lo confío a ti. Que Dios te bendiga."
La nota también fue subastada.


Un año después de esta adquisición, el anillo ha vuelto a salir en subasta en septiembre del 2013. El museo de Jane Austen, en el condado de Hampshire ha conseguido hacerse con la pieza gracias a una colecta popular. La casa museo de Chawton, donde vivió la escritora los últimos ocho años de su vida y donde escribió sus seis novelas, ha conseguido reunir las 150.000 libras (170.000 euros) para adquirir el anillo mediante el crowdfunding. Gracias a estas donaciones particulares ha conseguido comprarle en anillo a Kelly Clarkson y ya prepara su exposición pública.


Es muy raro que salgan objetos personales de la autora de "Orgullo y prejuicio", de ahí que el museo lo quisiera a toda costa y que el gobierno británico lo considerara inexportable para que se quedara en el país. La cantante Kelly Clarkson se ha mostrado contenta de que la joya se quede en Inglaterra y que pueda ser contemplado por los admiradores de la escritora. Por otro lado, el museo cuenta con otras dos joyas de Jane Austen: un brazalete de turquesas y una cruz de topacio.