martes, 4 de marzo de 2014

Las barajas en el siglo XIX

España es una país naipero, tanto en centros de elaboración como en el gusto por jugar. Esta actividad no es nueva, sino antigua, puesto que al parecer, uno de los documentos más antiguos que se conocen y en los que aparece el vocablo "naip" es en el Diccionario de la Rima del poeta catalán Jaume March (1371). El siglo XV es su época de consolidación en el continente europeo, primero con cartas pintadas a mano y posteriormente realizadas en imprentas.
 
 
Su origen es enigmático pero está ligado a Oriente. No se conoce con exactitud dónde comenzaron a producirse los naipes ni cómo se introdujeron en Europa. Lo que sí se ha estudiado son las distintas composiciones que existen:
 
- la latina o española (oros, copas, espadas y bastos)
- francesa o internacional (diamantes, corazones, picas y tréboles)
- centroeuropea (cascabeles, corazones, hojas o bellotas) y
- suizo (escudos, bellotas, cascabeles y flores)
 
 
Además de esta clasificación, existen cartas con diversidad de temas: hechos históricos, conflictos bélicos, animales, barajas infantiles, tarot, de personajes, pintores...
 
El final del siglo XVIII y todo el siglo XIX es considerado como el periodo de mayor esplendor del desarrollo de la baraja europea y española. De hecho, los conjuntos fabricados en Madrid a principios del siglo XIX son interesantísimos.
 
 
En España se fundó la Calcografía Nacional en 1789 para centralizar los trabajos relativos a esta técnica, de manera que algunos fabricantes de naipes demandaron los servicios de algunos calcógrafos que les proporcionaron las planchas de impresión. Por otra parte, los excelentes dibujos calcográficos fueron iluminados a mano mediante pincel y con este impresionante proceder resultaron maravillosas barajas.
 
En lo que se refiere a centros de fabricación españoles, en un principio la artesanía del naipe se instaló en Sevilla, Madrid y Barcelona, extendiéndose finalmente a otras poblaciones. Nombres que encontramos en la lista de los mejores grabadores españoles son Manuel Alegre, Juan Garrafa, Francisco de Paula Marí Mora, Cayetano Rodríguez, José Fonseca Mendoza o Martínez de Castro.
 
 
En cuanto al material usado, en la elaboración de los mejores naipes se usaba desde pergamino, seda, plata, madera o metal hasta repujados en oro.
 
El arte de echar las cartas o la adivinación también fue una actividad muy en boga durante los siglos XVIII y XIX. En realidad, es a partir del siglo XIV cuando los primeros naipes intervienen en las tareas adivinatorias y se hacen populares en las cortes europeas pero en el siglo XIX se popularizan enormemente las obras especializadas en la adivinación. De hecho, hay que citar a Marie Anne Lenormand (1772 - 1843), conocida como "Sybille des Salons" como una de las videntes más famosas de la época napoleónica y durante su vida publicó un gran número de libros que trataban aspectos relacionados con la cartomancia y donde explicaba sus propias experiencias en la lectura de cartas a personalidades de la alta sociedad europea. Fue muy estrecha su relación con Josefina de Beauharnais, de quien fue confidente y a quien vaticinó importantes sucesos, como su separación de Napoleón, asuntos que la llevaron a la cárcel en varias ocasiones.
 

 
Como curiosidad, mencionar que en España tenemos el Museo del Naipe en Oropesa del Mar. Con cerca de 15.000 barajas en su colección, una de las que más asombra es la del tipo Patience en hueso de vaca o ternera, fabricada por prisioneros franceses durante las Guerras Napoleónicas. Otra gran colección, esta vez on line, se puede consultar en www.collectorsplayingcards.co.uk
 
Texto íntegro: "Barajas de colección: de las mesas de juego a las salas de subastas". Blanca Ramos Jarque. Revista Subastas Siglo XXI, julio 2012.

viernes, 21 de febrero de 2014

El bastón, el complemento ideal para el caballero decimonónico

El bastón es símbolo de elegancia y prestigio. No es sólo una herramienta que nos ayuda a caminar o a sostenernos sino que durante mucho tiempo, ha sido un elemento de prestigio para hombres (pero también para mujeres). Charlot, Fred Astaire... son algunos de los mitos cinematográficos que permitieron a esta vara, continuar teniendo su propia iconografía.

La Biblia es uno de los primeros textos de los que tenemos constancia en los que aparecen referencias a los bastones, pues transformó el agua del Nilo en sangre y procuró agua al golpear una roca en el monte Horeb. Andando el tiempo, sirvió de apoyo a los peregrinos durante la Edad Media pero también el bastón ha sido atributo de obispos y gobernantes.
 
Además, no sólo los hombres gozaron de su uso: los ejemplares femeninos solían ser más ligeros y con una mayor carga decorativa y los hay incluso en cuyo mango existe un extremo para guardar el abanico o un recipiente con maquillaje.


La finalidad de los bastones, masculinos o femeninos, es variado: expositiva o decorativa, conmemorativa, práctica, bastones de mando militar o institucional... y los materiales eran diversos: predominaba la madera pero también los había de materiales preciosos como el oro y la plata, el carey, el cristal de colores o incluso la porcelana, puesto que se trataba de piezas utilizadas como joyas o elementos distintivos sin intención práctica en muchos casos.
 
Los tipos de bastón se pueden clasificar en cuatro grupos:
 
- Con la curva clásica en la parte superior: de gran difusión en todas las épocas y uso exclusivamente matutino.
- El "milord" se utilizó sobre todo en Inglaterra durante los siglos XVIII y XIX. Con remate en la parte superior de forma recta.
- Con empuñadura de tipo pomo, que puede ser aplanado, torcido hacia un lado o bien de forma irregular.
- El bastón con empuñadura de ópera, muy difundido haca finales del siglo XIX en ambientes de época.  
 
La variedad de los modelos a lo largo del siglo XIX, momento de esplendor de estas piezas, es muy interesante pues en la primera mitad de la centuria, en Inglaterra sobre todo, se ven empuñaduras con cabeza de animal que incluso pueden ser autómatas y con un resorte, estirar las orejas o abrir la boca. El amor de los británicos por perros y caballos se plasma a la hora de elegirlos como motivos decorativos de los puños, que se verán rematados también con gatos, aves o conejos.

 
Desde la década de 1820, el bastón se convierte en un objeto que maca el estatus social de su portador, por lo que es utilizado a menudo por la burguesía, creándose así un protocolo. A mediados del siglo XIX el bastón era ya un elemento imprescindible para todo caballero distinguido.
 
Una de las producciones más antiguas y prestigiosas es la inglesa. La casa Swaine, Adeney y Brigg de Londres se funda en 1750, alcanzando gran fama en el siglo XIX por la calidad de sus detalles. En Francia es particularmente famosa la Maison Antoine, que produce bastones desde 1760. De hecho, son de procedencia francesa los femeninos y los llamados "estratégicos", que son los que se pueden transformar en objetos diferentes a los que aparentan en un primer momento.  
 
Los bastones estratégicos son una curiosidad decimonónica y en las diversas soluciones podían pasar desde incorporar un reloj o una brújula a incorporar un metro aquellos que fueran realizados para los sepultureros o enterradores, que debían medir ataúdes. También los había con pipas de fumar, para introducir algunas medicinas, aparejos de pesca o un pequeño asiento para transformar el asiento en silla, así como unas ruedas que conformaban una especie de bicicleta. No obstante, estas piezas de doble uso estaban realizadas en su mayoría por encargo.
 

Muy famosos son los bastones estoque, que incluyen en el interior de la vara una espada. Es, por antonomasia, el bastón victoriano y los que tenían una hoja toledana eran los más demandados.

 
Texto íntegro: "Bastones: signo de distinción y capricho de los coleccionistas" de Raquel Sigüenza. Revista Subastas Siglo XXI, julio 2012.

miércoles, 12 de febrero de 2014

El corsé de Isabel II

Sabemos que existen chalecos que salvan vidas pero ¿corsés?
Ésta es la historia del corsé de Isabel II, una prenda que actualmente se encuentra en los almacenes del Museo Arqueológico Nacional de Madrid con las marcas de aquella aventura del que fue protagonista.
Se sabe que Isabel II sufrió varios atentados frustrados contra su vida aunque el más conocido fue el que cometió el cura Martín Merino en 1852. El sacerdote había sido ordenado en 1813 (en plena guerra de la Independencia) y su carácter siempre había chocado con la corona española. Ya en 1822 fue apresado por insultar públicamente a Fernando VII, a quien se dirigió con una Constitución de 1812 en una mano y una pistola en la otra y le dijo "O te la tragas o te mato".
Sin embargo, por lo que se le recuerda es por el episodio acontecido el 2 de febrero de 1852, cuando la reina Isabel II acababa de dar a luz a la princesa de Asturias, Isabel "la chata", a quien se disponía a presentar en la basílica de Atocha de Madrid. Martín Merino salió de su casa de la calle del Triunfo (antes Calle del Infierno. Tiene su ironía...) y acudió a la madrileña iglesia con un puñal oculto bajo el hábito talar. La reina Isabel II acudía a misa por primera vez tras alumbrar a su hija y dar gracias por tan venturoso parto, pues sus dos anteriores hijos habían muerto. Fue al salir del oficio, ya en el patio del Palacio Real cuando Merino, que había conseguido entrar al edificio sin ser detenido por la Guardia Real, se inclinó ante ella como si fuera a entregarle algún documento. Por sorpresa, el cura lanzó a la reina una puñalada a tiempo que exclamaba: "Toma, ya tienes bastante". El cuchillo sin embargo se enganchó en las ballenas del corsé de la reina, así que la puñalada se desvió y causó sólo un leve rasguño a su majestad.

Inmediatamente el cura fue detenido y declaró que tenía planeado matar a la madre de la reina, María Cristina de Borbón y al presidente Ramón María Narváez. En el juicio celebrado al día siguiente, y al que Merino declinó asistir, fue condenado a morir por garrote, siendo ejecutada la sentencia el 7 de febrero.  "Mi celebridad se quedará en las estamperías", aseguró Martín Merino días antes de ser ejecutado en Madrid por regicida.

lunes, 27 de enero de 2014

El mueble victoriano

Desde la década de 1970 comienza a revalorizarse el mueble victoriano considerado de mal gusto, de manera que el arte originado durante el reinado de la reina Victoria de Inglaterra es hoy muy estimado para instituciones y coleccionistas.

Los creadores de la época victoriana se destacan por un profundo interés hacia el estudio y la educación en el diseño, y su fascinación por el progreso técnico y la utilización de nuevos materiales, pues al contrario de lo que había sucedido durante los primeros años de la centuria, para los muebles victorianos se prefirió el uso de maderas más oscuras, como las de caoba de profundo color,  palorrosa, nogal o roble, así como la utilización de perfiles curvos y profusas y profundas tallas.  El desarrollo de nuevas técnicas industriales abarató los costes, facilitando las reproducciones de estos estilos históricos y la mecanización nacida gracias a la Revolución Industrial, posibilitó la producción de chapeados, madera curvada y mobiliario de metal (precisamente la Coalbrookdale Iron Company. El papier mâché también fue un material utilizado en el mueble victoriano. En la década de 1820 se empezó a aplicar sobre mobiliario, buscando nuevos modos de decorarlo, con un gran éxito de las incrustaciones de madreperla. Las creaciones resultantes solían ser pequeñas piezas domésticas como las escribanías, portasobres o las bandejas.

 
Estilos: El siglo XIX se inicia con el Neoclasicismo y el primer estilo Regencia se caracteriza por una delicadeza de formas referida a menudo como estilo Sheraton, tras la publicación del Cabinet-maker and Upholsterer's Drawing Book de este autor desde 1791 a 1802. En el mueble, el término Regencia continúa estilísticamente hasta el primer periodo victoriano. Paulativamente, los muebles se vuelven más pesados a la vista y con tallas más elaboradas de hojas de loto y ornamentos griegos. Esta apariencia de mayor pesadez fue promovida por Gerge Bullock, que aunó la influencia de la Antigüedad con el estilo Imperio francés.
 
La pureza clásica que había sido seña de identidad para los creadores del periodo anterior, el Regencia, comienza a perder su influencia en la década de 1820 aunque estas ideas clásicas se utilizarán aproximadamente hasta 1850 coincidiendo con el gusto por lo medieval (gótico e isabelino) y todavía a finales del siglo XIX, Sir Lawrence Alma-Tadema diseñaba una serie de muebles para el salón de música de la mansión neoyorkina de Henry Gurdon Marquand (en 1980, Sotheby's de Londres subastó la mayor parte del mobiliario que componía aquel encargo).


El primer descubrimiento original de la era victoriana fue el estilo naturalista, considerado el más típicamente victoriano y reconocible por el uso de unas curvas opulentas, tallas y tapizados y la inspiración en las formas naturales, aunque acabó volviéndose exagerado.

Los primeros años del gusto victoriano, las décadas de 1830 y 1840, tienen como resultado unos muebles en una confusa variedad de estilos históricos, con el griego, gótico e isabelino entre otros. Dentro de los historicismos, tan en boga en este periodo, sobresalen el neogótico, el neorrococó y el neorenacimiento, con Alfred Stevens como el diseñador de interiores más importante en este estilo, si bien se dieron intentos de decoración en los estilos egipcio, celta, hindú o chino. El estilo isabelino - consolidado hacia 1830 y mantenido hasta 1890 con Anthony Salvin (1799-1881) como uno de los principales diseñadores de casas de campo en este estilo, no fue un revival de aquel estilo del siglo XVI ya que a falta de modelos de aquel tiempo, el llamado isabelino en el siglo XIX se originó a partir de una amalgama entre los estilos Jacobino, Estuardo y Tudor.

El neorococó recuperó las piezas grandiosas y de profunda ornamentación de tiempos de Luis XV entre 1830 y 1890, llegando a convertirse en uno de los más prolíficos del periodo victoriano, con una etapa de esplendor y máxima expresión desarrollada entre 1840 y 1865. La recuperación de la rocalla y las formas ampulosas se ve claramente en los muebles fabricados bajo esta denominación.
 
El estilo más apreciado en la época victoriana fue, sin embargo, el gótico, un estilo cuyo interés se originó en el siglo XVIII y del que entre 1820 y 1870 se contaban un total de 343 edificios, como el edificio del Parlamento de 1836, convertido en el paradigma del arte neogótico. Llegó a su máximo esplendor gracias a August Welby Northmore Pugin (1812-1852). Este revival sin embargo utilizó el gótico con poda fidelidad, dando lugar a muebles de estructura Regencia en los que se colocaban gabletes, pináculos y tracerías sin demasiado conocimiento ni fidelidad. En cualquier caso, su esplendor y máximo desarrollo se establece entre 1860 y 1890.

Paralelamente, entre 1865 y 1890 se desarrolla el denominado movimiento estético, término que califica a aquellas firmas que se consideraban fuera de las manufacturas ordinarias y que tienen su producto estrella en los cabinets y otros muebles de madera ebonizada o de colores oscuros.

En estas mismas fechas se puede encontrar la producción de Edward William Godwin (1833- 1886), que tomó como inspiración el arte japonés. Su pieza más celebrada es un aparador custodiado en el Victoria & Albert museum.

Finalmente hay que añadir que aunque éstas son las recreaciones históricas más importantes, se dieron otras como la recuperación del estilo Ana o el Adam.

Texto íntegro: "Mueble victoriano: elegante y asequible" de Raquel Sigüeza. Revista Subastas Siglo XXI. Enero 2012.

miércoles, 15 de enero de 2014

Moda, ¿8º arte?

Desde el 6 de noviembre del 2013 y hasta el 8 de febrero del 2014 el Museo de Bellas Artes de Valencia acoge una exposición temporal cargada de inspiración para modistos y diseñadores de moda. La indumentaria histórica siempre ha sido un objeto lujoso y difícil de admirar por lo poco que ha llegado hasta nuestros días. Lejos de considerarse un campo frívolo, no deja de ser su estudio un campo más del arte y un mundo creativo amplio que recoge modas, estilos y acontecimientos sociales.
 
Bajo el epígrafe "Arte e indumentaria de la Revolución Francesa a la Belle Époque" la muestra expone los fondos del mismo Museo de Bellas Artes de Valencia y de la colección Victoria Liceras (investigadora y coleccionista de la indumentaria valenciana). Con un lenguaje claro y sencillo y apoyado en todo momento por la pintura, la exposición abarca el último decenio del siglo XVIII que implanta la moda Regencia o Imperio y se mete de lleno en el siglo XIX con sus distintos estilos: el Romántico, el imperio de la crinolina, la era del polisón y acaba con la moda de finales de siglo y principios del siglo XX llamada "Belle Époque" que finaliza con el estallido de la primera guerra mundial.


Con esta exposición se refleja claramente la evolución de la indumentaria durante el siglo XIX principalmente a través de sastres y modistos anónimos (caso contrario es la pintura en la que se apoya, con obra de Vicente López, José Madrazo, Ignacio Pinazo, Joaquín Sorolla...). Con los grandes nombres como Poiret o Fortuny entramos en el siglo XX.
 
No obstante, la exposición pone en relieve sobre todo la evolución de la figura femenina frente a la masculina que se queda relegada a un segundo plano por los pocos cambios que se producen en la silueta del varón. El corsé, las enaguas, las muselinas, brocados, sedas y complementos crean un ambiente delicadamente femenino que toma sus influencias de personajes tan relevantes como las emperatrices Sissí de Austria o Eugenia de Montijo de Francia. La única pega que le ponemos a la exposición, además de una museografía poco didáctica, es la falta de un catálogo publicado. De verdad nos hemos quedado con las ganas de que todo este trabajo se hubiese materializado en un buen compendio.